Capítulo 22: ¡Cumpleaños fatal, que te vaya muy mal!

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¡Hoy era un día especial!

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¡Hoy era un día especial!

Maximilian hoy cumplía veintiocho añitos.

Algunos de mis compañeros y yo decidimos llegar más temprano para organizar una pequeña celebración que básicamente consistía en sus donas favoritas y el más delicioso y humeante café.

Decoré su oficina con globos, y guardé el inmaculado cuadro de Maya en el cajón de su escritorio solo por precaución. Alguien (Yo) podía, sin querer, tirar el cuadro. Es que todo su escritorio estaba lleno de sus dulces favoritos. No sabía cómo un hombre que consumía tantos dulces podía mantener ese físico, entonces, lo imaginé en el gimnasio con el torso descubierto y lleno de sudor.

¿Por qué tenía que estar tan bueno el desgraciado?

Con una sonrisa ancha y entusiasta guardé mi regalo en el segundo cajón, de donde solía esconder unas galletas de chocolates. Durante el día, cuando sucumbiera a su apetito se llevaría una sorpresa.

Por supuesto que esto jamás ocurrió con Alastair, ni siquiera sabía cuando estaba de cumpleaños y si lo hubiese sabido ni un dulce le habría obsequiado, o tal vez sí, pero solo para que endulzara la vida.

La antipatía que generaba el padre de Maximilian era casi unánime en la inmobiliaria, él tampoco habría tolerado que desperdiciáramos unos minutos en la mañana para celebrar un cumpleaños.

Cuando escuchamos el silbido característico de Max nos refugiamos en su oficina, encendí las velas que había puesto sobre el pastel de chocolate, su favorita.

Miré expectante el pomo de la puerta mientras se giraba y dos segundos después aparecía Max y todos gritamos:

—¡SORPRESA! —se asustó y yo me reí con fuerza, solo cuando hizo un paneo general de su oficina sonrió sorprendido, igual que un niño de diez años.

Cuando me miró, noté un brillo diferente en sus ojos que me hizo suspirar. Me acerqué con el pastel, y todos comenzamos a entonar la típica canción.

—Felicidades señor Henderson —sonreí—. Debe pedir tres deseos —Max cerró los ojos mientras sonreía, y yo me deleité con la visión mientras me mordía el labio. Cuando pidió los tres deseos abrió los ojos, y sonriendo sopló. Todas las velas se apagaron y mis compañeros aplaudieron.

Comimos pastel y brindamos con café. Max se había ganado el respeto y el cariño de todos los funcionarios de la inmobiliaria Henderson. Alastair aún no daba noticias de cuando retornaría, y nadie parecía estar impaciente por verlo. ¿Yo? Era la más feliz sin tener noticias del caballero.

—Muchas gracias por todo, Liv —dijo él con la voz afectada después de un rato. Cuando ya todos estaban saliendo de su oficina.

—Fuimos todos —sonreí.

—Sí, pero estoy seguro que quien organizó todo fue la señorita Sinclair —me encogí de hombros.

—Es que me gusta el pastel —Sonriendo me dio un beso en la frente.

Con Ella [COMPLETO LIBRO 1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora