¿Del odio al amor? ¡Hay un estúpido cupido!
Olivia Sinclair tiene una vida tranquila, sin muchas pretensiones más que ayudar a su familia económicamente.
El único problema con el cuál debe...
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—¿Estás segura? —Revisé una vez más la planilla en su computador. Estaba en su oficina, prácticamente no nos separábamos durante todo el día.
—Sí.
—Bien. Necesito una copia del balance...
—Todavía no está listo —Me miró asustado y yo sonreí—. Tranquilo, aún faltan tres semanas para la junta directiva, necesitamos entregar un balance actualizado y aún no tenemos los números del comienzo de las construcciones en Escocia y en Grecia. Además, antes debes citar a Jhonson y a Lombardo para firmar el presupuesto, de ese modo ellos comenzarán a costear los insumos materiales y de personal.
—Lombardo me tiene aburrido con sus correos —Comencé a añadir unos datos en la planilla mientras mordía mi lápiz.
—¿Por qué?
—No para de preguntarme por ti —Se me cayó el lápiz y lo miré arqueando una ceja.
—No estoy lista —Le advertí.
—Lo sé, Liv, pero el tipo es insistente.
—Y guapo.
—¿Por qué no lo llamas?
—Si presto atención demasiado rápido se acaba el interés —Respondí como si fuera demasiada obvia la respuesta. Volví a teclear en su computador mientras él ocupaba la silla en la que usualmente me instalaba yo.
—¿Te interesa ese tipo?
—No lo conozco.
—Pero te parece guapo —Sonreí sin apartar la vista de la pantalla.
—Muchos me parecen guapos, pero no me iré a la cama con todos. ¿Sabes cómo se le llama a eso? ¡Hacer un cateo de futuros candidatos! Santino Lombardo está entre los solteros más codiciados de Nueva York y es un halago que insista tanto en salir conmigo, no lo niego, pero resulta que esta vez soy yo la que no quiere citas.
—¿Esta vez? ¿Hubo uno vez en la que fuiste tú la que insistió?
—Claro que no, yo no insisto hijo. Antes de llegar a esta inmobiliaria fui a buscar trabajo a la empresa de Lombardo y me cerraron las puertas en las narices porque no tenía experiencia. ¿Cómo quieren que tenga experiencia si no me dejan obtenerla?
—¿Eres vengativa, Liv?
—No, pero no me gusta que me pasen a llevar —Guardé el archivo y le cambié el nombre. Todo para joder un poquito a Maximilian—. Cambiando de tema, jefe —Me levanté y él me miró.
—¿Qué?
—¿Por qué me miras así? —Sonreí como si no fuera capaz de romper un huevo.
—Sé que significa esa mirada, Olivia.
—¿Qué?
—¿Qué quieres? —Esbocé una sonrisa que lo contagió. Los dos sonreímos.