No podía entender. Maldije en cuanto había abierto mis ojos. La única explicación posible era que estaba perdiendo el control de mi misma. La importancia de mis heridas eran demasiadas y para nada inconclusas, no era nada simbólico eran reales, demasiado reales y esa noche había soñado con un par de brazos que me sujetaban con fuerza, pero esta vez no me hacían daño. Había sentido un olor particular, era el perfume del Sr. Jeremías, lo reconocí hasta en mis sueños. Me había despertado algo exhausta, él sostenía entre sus manos un conjunto de ropa interior bordo con encajes en color negro azabache. Había vuelto a soñar con él. Esta vez no haría caso, simplemente lo dejaría estar. Pero continuaba apareciendo en mis sueños, solo emití un gruñido en respuesta. Tendría que pensar meticulosamente como actuar de ahora en más, mi seguridad siempre había sido mi prioridad y por supuesto no permitiría que esto me afectara.
Me observé en el espejo de mi cuarto. Llevaba el pelo recogido en un moño, me había puesto mis zapatillas blancas favoritas, unos shorts negros tiro alto junto a una musculosa blanca y para completar una camisola morada con las mangas recogidas hasta mis codos, lo bueno era que la camisola me tapaba el short por si me encontraba con el Sr. Andrew. Agarré mi mochila de cuero color marrón claro y salí a ver que me deparaba el destino ese día. Según Yigit ya había sido escrito para mí solo deseaba no cruzarme con el sr. Andrew en todo el santo día.
Al llegar a la Agencia Scarlett se dirigió a su oficina mientras yo fui a saludar a Yigit que se encontraba como ya era habitual, bebiendo su té en la cafetería.
- Buenos días Yulia. Llegas en hora y sin correr ¿te sientes bien? - Puso su mano en mi frente para comprobar mi temperatura.
- No comiences tan temprano Yigit. - Tomé asiento a su lado. - No he llegado tarde ni un solo día, soy extremadamente puntual. Mi abuelo siempre decía que el autobús no iba a ir a buscarle a su casa y por eso iba media hora antes a la parada. Yo nací para ser puntual. - Sostuve orgullosa.
- Que tipo interesante tu abuelo. Pero comenzaras a llegar tarde. Ya lo veras. Y por cierto ¿Cómo te sientes? esta vez te lo pregunto de verdad. Ayer te veías bastante mal. De hecho, me preocupé. Igualmente ... no fui el único que se preocupó por ti. - Hizo una pausa intentado analizarme. - El Sr. Jeremías me llamó por teléfono por la noche para comprobar que te hubiera acompañado hasta tu casa y para saber cómo te encontrabas. - Llevó su té a sus labios para beber un sorbo sin dejar de estudiarme con su mirada aniquiladora.
- No debió de molestarse. - Dije secamente. - Le dije que me sentía mejor antes de irnos. Además, debe de preocuparse por todos sus empleados Yigit. No me mires de ese modo.
- ¿De cuál modo mi Habibti? Mmm solo te observo como un fiel amigo observa a su amiga la misteriosa ¿No sé? Dímelo tú ¿De qué modo te estoy observando he? Anda dímelo ¡Dímelo! - Terminó hablándome casi a los gritos, en mi opinión se estaba pareciendo cada vez más a la Srta. Carol. Debía de ser algo contagioso ya no tenía dudas al respecto.
- ¡No lo sé Yigit! - Ahora era yo la que le estaba gritando. - Has algo. Ponte a trabajar y no abuses de mi paciencia. Oye... - Me tomé unos segundos. - ¿Qué significa eso que dijiste anteriormente? ¿Cómo fue que me llamaste? No es la primera vez que me lo dices.
- Ah madre mía. Ahora resulta que quieres saber. Luego de que me gritaras en la cara. Debería darte vergüenza. Vete ingrata a llevarle el café al jefe y no regreses con tu mala vibra. - Se levantó y antes de retirarse por completo se volvió hacia mi agarrándose sus tirados, los cuales hoy por algún motivo no combinaba con camisas extravagantes sino con una camiseta manga corta de color negro con una imagen de una mujer en el centro. Por supuesto llevaba pantalones de vestir esta vez de color crema, junto a unas zapatillas Converse All Star negras también. Su look era divertido y tan encantador como él.
ESTÁS LEYENDO
Yulia Primera Parte
RomanceYulia lleva una vida tranquila en Atlanta Georgia, junto a su familia y dedica sus días con sus amigos y estudiando fotografía. Pero esa actitud de una vida pacífica no es más que una fachada para esconder la crueldad de un brutal suceso que vivió e...
