- Vine para decirte que te quedes tranquila. - Su voz sonaba lejana, fría como un gigantezco pedazo de hielo. Reparé en sus oscuras ojeras y en las señales de tensión que me transmitía su mirada.
- Tranquila... - Lancé un suspiro de alivio al haber podido tragar aquel pedazo de manzana, pero mantuve los dientes apretados automáticamente. - ¿Y tú piensas que puedo estar tranquila después de todo? - Dije tartando de hablar con calma dando un paso alfrente. Aún no sabía de donde había salido aquella calma pero la usaría, claro que sí.
- ¡No hay nadie de quien debas protegerme! - Agregó rápidamente. Su frialdad me hizo anhelar tocarlo, pero no estaba segura de ser capaz de poder resistir el solo hecho de que me rechazara. Dío media vuelta rumbo a la puerta a paso firme.
- ¡Un minuto! - Exclamé antes de que se fuera y se detuvo en seco para darse la vuelta sin dejar de mirarme con aquella especie de hielo en su mirada, pensé que era como estar luchando contra la madre de todas las batallas constantemente.
- ¿Qué quieres saber? - No me extrañó que su voz reflejara la misma sensación que me había causado su mirada.
- El que atacó el edificio...
- ¡Andrew! - Dijo con énfasis. - Ya lo sabes ¿Por qué te interesa? ... ¡Era mentira cuando te dijo que me protegería! - Después de todo lo que había tenido que soportar para que Andrew no le hiciera daño, ahora debía soportar su frialdad. No, de ninguna manera a la mierda la calma.
- ¡Solo intente protegerte! ¿No puedes entender eso, acaso? - Di otro paso y otro más hasta que mis oídos comenzaron a zumbarme.
- ¡No! - Pronunció enérgicamente. - ¡No puedo entender que hayas echado a la basura lo nuestro y no me hayas dicho nada! - Estaba demasiada aturdida. Me esforcé por recordar el hilo de la conversación.
- Escucha...
- ¡Me hiciste pensar en no sentir más cariño ni amor por nadie cuando me rechazaste! - Carajo él parecia inclinarse suavemente hacia la derecha y luego a la izquierda. Sacudí mi cabeza intentando despejarme mientras él no dejaba de acusarme con su mirada.
- Yo... yo no podía decirte nada ¡Entiéndelo! - Mi voz sonó hueca, demasiado. Debía dar el paso siguiente hacia la encimera y apoyarme en ella para no tambalearme, algo sucedía conmigo pero debía actuar y enfrentar los hechos.
- ¡Nunca más tendremos otra oportunidad! ¡¿Tu lo entiendes verdad?! - Dio un paso hacia mi sacando sus manos de sus pantalones para apoyarlas fuertemente sobre la isla de la cocina que paradójicamente nos separaba como todo lo demás.
- ¿Ocurrían más de esos ataques? - Quise saber. Ignoré sus frías palabras y mi malestar. Necesitaba que me dijera que demonio era lo que sucedía de una vez por todas.
- De vez en cuando ... ¿Yulia que estas buscando? Cuéntame. - Habló un poco más calmado esta vez. Contemplé atentamente como luego de un momento se servía un café de la máquina que estaba sobre la isla en donde se había apoyado violentamente hacia tan solo unos segundos. Se movia como si estuviera en su propia casa, de hecho era suya me dije.
¿Estaría dispuesto a hablar sobre todo aquello? Dudaba mucho que fuera así cuando nunca había querido compartirlo conmigo antes.
- ¡La verdad! - Dije exigiéndole con brusquedad. Enarcó una ceja mientras se llevaba el café a sus labios. Un intenso malestar comenzó a hacerme sentir más mareada que antes, lo veía todo gris, cerré mis ojos por un momento pero fue en un segundo que me tambaleé perdiendo mi estabilidad por un instante mientras me aferré de la encimera que tenía delante de mí.
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Yulia Primera Parte
RomanceYulia lleva una vida tranquila en Atlanta Georgia, junto a su familia y dedica sus días con sus amigos y estudiando fotografía. Pero esa actitud de una vida pacífica no es más que una fachada para esconder la crueldad de un brutal suceso que vivió e...
