Capítulo 11

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- Yulia ¡Yulia espera! - Él corrió detrás de mí y sentí su mano en mi brazo cuando estaba entrando a la sala de estar por uno de los ventanales de la casa. - ¡Detente Yulia por favor! - Tomó mis manos entre las suyas en un gesto rápido. Debió de haber notado también el temblor en ellas llevándose mis dedos agarrotados a sus labios para besarlos. No deseaba aquellas extrañas sensaciones. Ni en esos momentos ni nunca. Solo pensar en ello me había hecho temblar tanto por fuera como por dentro. - Jamás te haría daño Bombón. - Dijo en voz baja sin quitar sus ojos de mi rostro.

- Ni siquiera puedo besarle. - Murmuré temblorosa. Fue lo único que logré pronunciar. Pero él pego sus labios a los míos en un susurro.

- Si puedes Yulia. - Agregó y mi cuerpo se arqueó. Opuse resistencia a pesar de que mi boca se fue ablandando, él iba besándome suavemente con gran calidez. A pesar de todo era consciente de la situación, me debatía entre mis sentimientos más oscuros y profundos, luchando contra mi propio deseo y contra el terror que sentía, hasta que fui capaz de hablar en un murmullo alejándome de él poniendo mi mano sobre su pecho agitado.

- ¡No puedo respirar! - Alcancé a decir en un intento por tomar una bocanada de aire.

- No tengas miedo de mí. - Me miró fijamente con mi rostro entre sus manos.

- ¡Suélteme! - Intenté alejarme, pero el sujetó mis manos para que no me moviera y luego apartó tiernamente un mechón de mi mejilla y entonces acercó su rostro al mío casi rozándome.

- Eres tan apasionada Yulia. - Dijo sobre mis labios. - Imprevisible, complicada y a la vez tan inocente. La mujer que escondes en tu interior ¿Qué es lo que está haciendo conmigo? Dime. - Noté sus manos en mi cuello, suaves y posesivas y por primera vez en mi vida dejé que mis propias manos buscaran la piel de un hombre. No pude resistir abrazarlo, mis manos se entretuvieron sobre su espalda buscando levantar su jersey por unos segundos. Ansiaba tocarlo. Comenzó como una sensación ardiente en mi estómago que enseguida se convirtió en algo caluroso como si me estuviera quemando por dentro. No era como las sensaciones que solía sentir ante aquellas situaciones. Me había hecho estremecer en lugares que había considerado inmunes a la estimulación sexual y el perfume que aspiré en la piel de su cuello me había causado una especie de vértigo mientras me levantaba y me colocaba a horcajas sobre él llevándome hacia el sofá en una explosión de deseo.

- Te deseo más de lo que he deseado nunca a nadie Bombón. - El recorría con sus manos mi cuerpo menudo como si lo conociera a la perfección, quitandomé su chaqueta muy lentamente.

Me embriagó el sabor a whisky que encontraba en su lengua. Mi desesperación por sentir aquellas sensaciones completamente nuevas para mi le arrebataron todo el control a él y cuando paso su mano por debajo de mi camisa y acarició mis senos suavemente en círculos noté los latidos de su corazón bajo la palma de mi mano. Habían pasado dos años y me había convencido de que nunca seria así para mí. Pero por primera vez en mi vida sentía un deseo general como mujer. El deseo de recibir y dar. Sin embargo, a medida que mi cuerpo iba respondiendo, mientras buscaba acrecentar el placer el miedo se fue apoderando de mi, me iba apuñalando por dentro. Volví a ver el rostro de aquel hombre sobre mí. Oía el ruido de mi blusa al rasgarse. Lo sentía arriba de mí asfixiándome, tocándome, penetrándome y me oía a mí misma gritando desesperadamente.

- ¡¡NO!! - El grito había salido de mi garganta como un trueno en mitad de la noche. Más auténtico que ninguna otra cosa que había dicho aquella noche. El sonido de mi voz había sido demasiado agudo y tembloroso sobresaltándome a mí misma. Lo aparté de mi lado empujándolo con todas mis fuerzas. - ¡¡No me toque!!- En un gesto instintivo él agarró mis muñecas antes de que lo golpeará.

Yulia Primera Parte Donde viven las historias. Descúbrelo ahora