Me quede por unos segundos allí de pie y en silencio tratando de entender en que estaría metida Scarlett junto a ese imbécil, seguro no sería nada bueno, de hecho, lo estaba tuteando ¿Cómo podía ser? ¿Estaría bajo amenaza? ... Entonces Jeremías estaba en lo cierto cuando me advirtió que no confiara en ella. Con mi cabeza llena de preguntas comencé a bajar las escaleras y me fui a hacia la cocina. Después de unos minutos mientras estaba ya desayunando viendo el New York Time en mi ordenador Scarlette entró con su look de ejecutiva habitual, el mío era más relajado y casual pero lo importante era sentirme bien con él, cosa que por suerte sucedía.
- Buenos días Scar. - Intenté actuar con normalidad. Ella se dirigió a servirse una taza de café descafeinado, Dios como podíamos ser tan diferentes hasta en ese mínimo detalle.
- No tengo un buen día Yulia. Hoy tengo que presentar los presupuestos al Sr. Jeremías. Me hará una y mil preguntas. - Tenía aquella espina que él había sembrado en mi desde que me había dicho que no confiara ella ¿Cómo no iba a poder confiar en mi propia hermana? Pero había escuchado aquella conversación y ya no estaba segura de nada.
- Lo harás bien. Tranquila. - Me observó seriamente como estudiándome si decirme algo o no.
- Escucha Yulia, hay algo que quiero preguntarte y necesito que me digas la verdad. - ¿No sé por que tuve una sensación extraña ante su pregunta? Ella también ocultaba algo junto a Andrew y debía averiguar que era de alguna manera.
- Lo intentaré. - Deje mi ordenador de lado para escucharla.
- ¿Tú ... tienes algo con el Sr. Jeremías? Es lo que se comenta en la Agencia. - La miré a los ojos, solo seguí mi instinto, había algo que se estaba germinando allí que no llegaba a identificar.
- De hecho, no eres la primera persona que me lo pregunta. - Eso era cierto, era un secreto a voces a esa altura - Mira, la verdad es que no ha pasado nada. Solo son chismes, sabes que si algo hubiera pasado te lo diría. - Noté en su rostro una fría expresión de sospecha.
- Si, lo sé. Pero tú eres una chica tan reservada que tal vez no has querido contármelo. - Un gesto instintivo me pedía a gritos que le ocultara lo que realmente había pasado.
- Para nada. Solo es mi jefe y si algo se ha mal interpretado es por chismes porque él jamás se me ha insinuado de ese modo. - Me miró con ojos amables y perspicaces.
- Me alegro, no me gustaría verte sufrir por algo que no tiene ningún futuro, él es un hombre muy poderoso y nunca se fijaría en una chica como tú. Solo quiero que sepas que puedes contar conmigo, si tienes algún problema confíes en mí. - De hecho tenía varios problemas uno de ellos era volver a confiar en ella.
- Gracias Scar. - Lo único que supe en ese momento era que no podía confiar en nadie más que en Yigit. - Pero quédate tranquila no tengo ninguna relación con el señor Jeremías.
- De acuerdo. Será mejor que nos marchemos o llegaremos tarde.
Al entrar en la oficina mis dudas iban cada vez más en aumento sobre todas las personas que me rodeaban en aquella Agencia ¿Quién más estaría involucrado? ¿Y de que iba toda aquella historia que hasta mi propia hermana era parte de alguna manera? Noté que era temprano porque había muy poca gente aún, mientras estaba parada frente a la máquina de café preparándome uno giré mi cabeza hacia su oficina y lo vi. Sentado en su escritorio, concentrado en unos documentos que tenía en sus manos, me quede allí observándolo, con su traje impecable. De ahora en más me conformaría con verlo de lejos, siempre me había gustado pensar que iba a verlo, pero ahora solo pensar en ello de algún modo me aliviaba el alma un poco de tanta tristeza por no poder estar con él. Levantó su mirada de repente y se encontró con la mía, y por unos segundos fue como un relámpago en medio de las sombras, aunque había fastidio en sus ojos, seguramente a causa de lo mal que lo había tratado la última vez, le había dicho que no era nadie cuando lo era todo para mí. Tenía que controlarme, baje mi mirada y me concentre en prepararme el café ¡Maldita sea! Solo pretendía beber una taza de café antes de empezar a trabajar. En el silencio de la oficina vacía el ruido que producía el café que servía al caer en la taza resonó como un trueno, agregué dos cucharaditas de azúcar y comencé a revolverlo lentamente. Debía alejar aquella triste sensación de mí, había hecho un trato para que Andrew no le hiciera daño. Su vida corría peligro, recibía amenazadas diarias, uno de sus custodios había muerto aquella tarde luego de que lo hubieran atacado y herido dentro de la propia Agencia y hasta habían entrado a su casa ¿Y si esta era la última vez que lo volvía a ver? No podía pensar en ello, si algo malo le pasara me moriría con él. Su cara, su voz, ojalá pudiera agarrarlo de su mano y no se fuera con ella, pero no podía hablar. Todo me separaba de él. No podía decir nada. Él no me quería de verdad, si realmente me quisiera no estaría con ella, si me conociera de verdad me entendería. Aunque la tarde anterior me había dicho que si yo se lo pedía no se casaría con ella, pero su vida estaba en mis manos y me ocultaba muchas cosas, no podía pensar en otra cosa más que en eso. Pude sentir su cercanía por detrás de mí, su tacto se hizo evidente al rozarme con la punta de sus dedos sobre mi cuello el cual estaba al descubierto porque llevaba el cabello recogido, su caricia provocó que mi respiración se acelerara. Cada toque de sus manos me había llevado siempre a un punto donde nadie más importaba, únicamente nosotros. Me giré para verlo y el espacio desapareció, lo único que tenía delante era su rostro observándome fijamente.
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Yulia Primera Parte
RomanceYulia lleva una vida tranquila en Atlanta Georgia, junto a su familia y dedica sus días con sus amigos y estudiando fotografía. Pero esa actitud de una vida pacífica no es más que una fachada para esconder la crueldad de un brutal suceso que vivió e...
