- Lo siento. Tu... tu ¿Apagaste la luz? - Dije con un temblor en mi voz.
- Lo tendré en cuenta la próxima vez. - Tomó aliento. - ¿Cómo te encuentras?
- Confusa yo... - Recordé el golpe en mi cabeza. - Me duele un poco. - Llevé una mano a mi cabeza al notar un dolor punzante en ella. Vi entrar desde la cocina a un señor mayor con un botiquín en su mano. Lo reconocí luego de un momento, era el doctor que había atendido a Jeremías en su atentado.
- Bueno al parecer ha despertado la señorita. Escuche gritos Jeremías ¿Todo está bien? - Mientras lo miraba con mi entrecejo fruncido sacó una hoja de historial clínico en blanco.
- Sí. Solo ha tenido una pesadilla doctor. - Añadió Jeremías con preocupación.
- ¿Suele tenerlas señorita? - Sentía que ninguno de los dos dejaba de observarme.
- A menudo. - Murmuré.
- Bien. ¿Toma algún fármaco para descansar, para poder dormir? - Miré a Jeremías que no quitaba sus ojos de mí.
- Sí. - Suspiré.
- ¿Cómo se siente ahora? - Preguntó el doctor que no dejaba de hacerme preguntas las cuales no quería contestar mucho menos estando presente Jeremías.
- Yo... estoy un poco confundida. - Agregué.
- El doctor dijo que estarías bien. Que despertarías en cualquier momento. - Jeremías habló pausadamente sin dejar de mirarme.
- Así es señorita. Fue un golpe fuerte de hecho, pero no necesitó puntos. Ahora deberá descansar un par de horas. Le dejaré estos calmantes que seguramente necesité ya que comenzara a dolerle bastante más. Debe recostarse un par de horas. Sera mejor que no se levante hasta que se sienta mejor. - Jeremías se acercó hacia él.
- Muchas gracias Dr. Johnson. Le agradezco que haya venido en cuanto le he llamado. - Se saludaron con un apretón de mano.
- Jeremías estoy a las órdenes. - Lo acompaño hasta la puerta del recibidor. - Envíale saludos a tu madre.
- Lo haré.
Regreso sin quitarme sus ojos de encima y colocándose sus manos en su cadera, cada vez que hacia esa pose no podía dejar de verle y a pesar del intenso dolor que comenzaba a sentir en mi cabeza no podía quitar mis ojos de él. - Te has puesto furiosa al saber que debes quedarte en mi casa al menos hasta que te recuperes. - Sonrió a medias.
- ¡No puedo quedarme aquí! Debo volver a la Agencia. Estarán esperando por esos documentos. - Eso era cierto pero lo que más me inquietaba era tener que quedarme sola con él en su casa, aunque solo fuera por un par de horas.
- No debes preocuparte. Mandé llevarlos hace un momento con el taxista que te había traído. - Por el amor de Dios... - Ten toma. Debes tomarte dos antes que comience a estallar tu cabeza. - Me alcanzó los calmantes junto con un vaso con agua. Después de tomármelos pude observar que había varias cosas desparramadas por el suelo producto de mi forcejeó con él. - Ven te llevaré a mi habitación aquí hay vidrios por todos lados y puedes cortarte.
- No puedo quedarme aquí Jeremías. - Me sentía impotente. Respiré hondo y entrelacé mis manos sobre mi regazo.
- Lo harás y punto. No hablaré más sobre el asunto Yulia. - Me levantó en sus brazos y fui incapaz de resistirme a esa sensación y a sentir el aroma de su perfume ¿Cómo podría hacer para solo quedarme allí entre sus brazos, escuchando el latido de su corazón y sintiendo la calidez de su respiración sin dejar de sentirme vulnerable? Que ironía que fuera el infierno en el cual me debatía diariamente y a su vez la paz que tanto necesitaba mi alma. - Ah por cierto ya avisé a Jessica de recursos humanos que no irías al menos por el día de hoy. No debes preocuparte por eso. - Perfecto, él mismo había avisado que no iría a trabajar. A esa altura toda la Agencia estaría al tanto que me encontraba junto a él. Al entrar en su habitación se dirigió hasta su cama y me dejo en el suelo mientras retiraba una manta hacia atrás. Sin darme tiempo a retroceder colocó sus manos en mis hombros lentamente bajando por mis brazos hasta llegar a mis manos para entrelazar sus dedos con los míos. Un gesto de lo más natural, para él.
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Yulia Primera Parte
RomanceYulia lleva una vida tranquila en Atlanta Georgia, junto a su familia y dedica sus días con sus amigos y estudiando fotografía. Pero esa actitud de una vida pacífica no es más que una fachada para esconder la crueldad de un brutal suceso que vivió e...
