Capítulo 26

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Cuando me desperté con los ojos todavía entrecerrados volví a ver los mismos sillones de cuero que había visto antes, pero esta vez pude comprobar lo cómodos y lujosos que eran. Era como estar en la habitación de un hotel de lujo. Había una mesa plegable y una pantalla gigante que trasmitía CNN. El resto del interior del avión poseía elegantes acabados en cuero y chapa de madera junto con metales que le daban un ambiente luminoso y exquisito al interior de la aeronave. Me incorporé y mi cuerpo se estremeció, recordé las náuseas y todo lo demás. En ese momento vi que Jeremías venía de la parte trasera donde antes había ido al baño.

- Espera Yulia. Antes te has desmayado. - Se había quitado el saco y la corbata, había recogido las mangas de su camisa. Se acercó sentándose junto a mí en el mismo sillón ayudándome a sentar. - ¿Cómo te sientes? - Preguntó con voz trémula mientras contemplaba mi rostro deslizando sus largos dedos por mis mejillas pálidas.

- Mejor. - Contesté. Sentí un malestar en mi estómago, recordé que no había comido casi nada desde el almuerzo con Yigit donde apenas había probado bocado y ahora había terminado vomitando. Ya lo haría. Tarde o temprano. Llevé mis manos a mi estómago sin darme cuenta.

- ¿Cuánto haces que no comes Yulia? - Añadió. Estaba a punto de regañarme, siempre había notado un atisbo de autoritarismo y posesión hacia mí de parte de él, no era tóxico a un nivel Chernóbil, pero tenía su grado, lo justo y necesario al menos para mí.

- Creo que ayer. - Repuse. - Almorcé con Yigit, pero no pude probar bocado.

- Me lo imaginé. - Su tono de voz delataba un poco de ese autoritarismo que era parte de su personalidad y que ejercía en su vida diaria, era el jefe de una de las compañías más importantes del país y del exterior, no podía culparlo. Sus ojos color café se oscurecieron abruptamente. - Yulia por Dios no puedes pasar un día entero sin comer. No hay cuerpo que resista. - Exclamó sacudiendo su cabeza y su mirada se volvió ceñuda.

- Lo sé, no soy una niña. - Me esforcé por sonar convincente.

- No lo pareces. Comerás algo rápido ya que falta poco para llegar, luego cenaremos en mi casa. - Ordenó.

- ¿¡En tu casa!? - Me queje frotándome mis sienes.

- Si Yulia en mi casa. - Repitió. - No te dejaré sola. Dormirás esta noche conmigo, aunque no quieras.

- No iré a tu casa junto a esa mujer. - Aspiré hondo y me limité a encogerme de hombros.

- Florencia solo paso la primera noche en mi casa. Ahora está en un hotel. - Una mezcla de fastidio y frustración me recorrió el cuerpo. No discutiría en esos momentos primero necesitaba comer, mi cuerpo me lo estaba suplicando, luego habría tiempo de preguntar.

- Ven a comer algo. - Me ayudó a levantarme y fuimos hacia una mesa la cual ya se encontraba servida y para mi deleite me encontré con una pizza margarita y otra de pepperoni junto a una botella de vino tinto el cual seguramente sería bueno y por su etiqueta noté que era Argentino ¿Ese hombre sabía todo lo que me gustaba sin preguntar antes o había mandado hacer un informe detallado sobre todos mis gustos?

- No puedo negarme ante una buena pizza ¿Cómo lo sabes? - Pregunté -
¿Cómo sabes todo lo que me gusta? ¿Cómo sabes mis debilidades Jeremías?

- Ya te lo dije Yulia. Te sé de memoria. Pero igualmente déjame decirte que te repaso por las noches en mi mente solo por las dudas para que no te me escapes y además porque siempre vienes conmigo cada vez que te tomó de la mano. - Apreté levemente mis labios en respuesta ya que no tenía ninguna. - Ahora come o volverás a desmayarte. - Una chica vestida de azafata entro en ese momento.

Yulia Primera Parte Donde viven las historias. Descúbrelo ahora