Me desperté a las cuatro, temblando y empapada, luchando para encotrar fuerzas necesarias para gritar. Las pesadillas siempre me daban más miedo que la misma ocuridad. Todavía temblando me obligué a levantarme. Ésta había sido peor de las que había tenido hasta el momento. Él continuaba acercándose, y acercándose, con esa mirada salvaje. Estaba desnuda, arrodillada en el piso frío de un baño y él hombre que me observaba era el Sr. Jeremías. Él me sonreía y yo lo deseé con ansia y mi cuerpo temblo de terror, agotada por luchar contra eso, solo me derrumbé y lloré hasta dormirme nuevamente.
Justo a las siete decidí que sería bueno pasar por casa de Samantha y desayunar juntas. Había dormido mal e intentaba esforzarme por disimular las marcas en mi rostro de una mala noche. Me encontré a Scarlett en la escalera de casa, lucia espléndida con un vestido color salmón. Me vi a mí misma y me pregunté ¿Cómo podíamos ser tan diferentes? Llevaba puesto un enterito de jeans con una camiseta blanca manga corta y unas zapatillas deportivas Nike blancas y negras.
- Buenos días, hermanita. - Al parecer estaba alegre esa mañana.
- Buenos días Scarlett. Luces bastante bien. - Lo cierto era que estaba hermosa. Bajamos juntas hasta la cocina donde encontramos a nuestra madre preparado el desayuno.
- Madre desayunaré en casa de Samantha. Nos veremos en la noche. - Dije algo apurada mientras de pie untaba una tostada con mantequilla.
- De acuerdo hija. No olvides que el desayuno es la comida más importante del día, cielo. - Mi madre no dejaba de quitarme sus ojos de encima, se tomaba muy en serio el tema de la alimentación, siempre había sido un tema en cuestión.
- Si madre. No te preocupes. Te quiero. - Le di un beso y me marché corriendo hacia lo de Samantha.
Desayunamos y charlamos de todo un poco para ponernos al día. Solo hablé un par de veces del Sr. Jeremías, pero aún no le mencioné nada acerca de lo que estaba sucediendo con él. Necesitaba darme tiempo y dejarlo estar, no me sentía preparada para enfrentarme a ello. Con todo se me había pasado la hora en casa de Samantha sin darme cuenta y estaba llegando justo a tiempo a la Agencia.
- Buenos días Yigit ¿Ya has hecho el café? - Llegué casi corriendo, me miró con cara de pocos amigos.
- ¿Desde cuándo cuestionas mi trabajo? - Me preguntó secamente. - ¡Siempre está hecho antes de que llegue el primer empleado! Es más, tiene el color perfecto como los ojos del Sr. Jeremías y mira huele... - Prácticamente me colocó la taza debajo de mi nariz. - El aroma de un café auténtico recién molido ¡Es el mejor café que vayas a probar en toda tu vida! - Capté que sus nervios estaban un poco alterados. No dejaba de moverse y agarrarse sus tiradores una y otra vez.
- Que sensible te encuentras hoy Yigit. - Estaba más raro que de costumbre. - ¿Sabes algo sobre el Sr. Jeremías? - Necesitaba saber si ya había llegado a la oficina. Quería evitarlo como casi todas las mañanas.
- Sí. De hecho, me llamó por la mañana y terminé por colgarle el teléfono. Eso es lo último que supe sobre él. - Clavó sus ojos en mí. - Es el jefe Yulia ¿¡Qué voy a saber sobre él!? solo le sirvo el maldito café ¿¡Quizás tú sepas algo más!? - Me observó indagándome con su mirada inquisidora.
- ¿Te encuentras bien Yigit? - Me giré hacia él lentamente por precaución más que nada.
- No estoy seguro. - Dijo. - Algo está pasando Yulia. Algo no está bien. - Miró para todos lados con su paranoia habitual. - Tal vez esté pasando algo sí... ¿No se dímelo tú? ¡Dímelo Yulia! ¡Anda! ¿¡Quieres!?
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Yulia Primera Parte
RomanceYulia lleva una vida tranquila en Atlanta Georgia, junto a su familia y dedica sus días con sus amigos y estudiando fotografía. Pero esa actitud de una vida pacífica no es más que una fachada para esconder la crueldad de un brutal suceso que vivió e...
