Primera parte II

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Los agentes federales me habían ayudado desde un primer momento en cuanto había despertado en el hospital convirtiéndome en testigo protegido. El hombre que había cometido el delito era sospechoso de estar involucrado con el crimen organizado y varios delitos más. El agresor había huido luego de haberme disparado, como si se lo hubiera tragado la tierra. Me habían hablado sobre los U.S Marshal y su programa para víctimas que cooperaban dando sus testimonios y podían reconocer al atacante como era mi caso, por lo que mi vida seguía corriendo peligro y por lo cual estaría bajo la protección de la policía. Los agentes Liz Keen y Raymond Rostova me habían protegido desde entonces y la protección se había extendido hasta mi familia cortando todo tipo de vínculo, ellos también habían entrado en el programa. Aún recordaba a la perfección cada momento, cada pregunta cuando tuve que dar mi testimonio ya que era la única testigo del ataque. Me la habían hecho allí mismo en el hospital en cuanto había despertado.

- Cuéntenos Sra. Harriet que ha sucedido. - La agente Keen había sido la que había comenzado con el interrogatorio, lo recordaba a la perfección, era joven, pero su cara era de una seriedad absoluta junto a unos ojos muy sagaces. Cautelosamente me había tocado el pecho en ese momento nunca había tenido una herida de bala en mi cuerpo y no creía que la fuera a tener en algún momento de mi vida y nunca había sabido lo mucho que podía doler. Las palabras habían surgido por sí solas. Pero sin mencionar en ningún momento aquello que se me había develado la noche anterior. Les describí toda la situación desde esa misma tarde hasta el momento del hecho y todo lo que había vivido los días anteriores con suma eficacia pasando por alto lo que no debía ser contado a nadie. Recordando hasta el mínimo detalle hasta que el agente Rostova tuvo que decirme que descansara un momento, pidiéndome que me tomara un tiempo. Les conté la conversación que había mantenido con mi hermana minutos antes y sobre su advertencia. La agente Keen mencionó que mi testimonio era muy preciso, recuerdo haberle mencionado que tenía memoria eidética, era como la memoria ram de un ordenador donde almacenaba todo sin mayor esfuerzo. Fue allí que ellos me habían prometido que cuidarían de mí y que me mantendrían a salvo. Me explicaron la difícil situación y las precauciones que estaban tomando conmigo y mi familia. A partir de ese momento uno de ellos estaría conmigo en todo momento. Me habían prohibido usar mi correo electrónico y mucho menos participar en foros ni redes sociales de hecho habían eliminado todos mis perfiles. Luego había tenido que testificar ante el fiscal general, donde había tenido que volver a pasar por toda la situación una vez más, narrando cada paso de nuevo, volviendo a dar explicaciones. Yendo hacia atrás para volver hacia adelante y haciéndome retroceder de nuevo. Repetí mi declaración una y otra vez, repasando cada uno de mis pasos. Y mintiendo. Mentir se había convirtiendo en parte de mi vida. Recordaba que habían grabado la entrevista, me había parecido estar viviendo una película policial, pero en donde la protagonista no era otra que yo misma. Habían cambiado mi identidad, dejando atrás todo lo que había sido en el pasado, desde ese día me había convertido en Barbara Brown. Podía contar con los dedos de una mano las veces que me habían permitido salir en esos días. Hasta que el atacante fue detenido casi al año de mi ataque. Había genido que participar de una ronda de reconocimiento para identificarlo. No había tenido que hacer demasiado esfuerzo, lo llevaba grabado en mi memoria detalladamente. Saque aquellos dolorosos recuerdos de mi mente mientras decendía por un largo corredor blanco que conducía a las oficinas. En ese momento me recibió una chica muy atenta que termino por traerme del todo de vuelta de aquella situación haciéndome tomar asiento mientras esperaba mi entrevista. No habían pasado más de diez minutos cuando volvió para acompañarme hacia una doble puerta de vidrio a la derecha lo que ella llamó sala de juntas.

- Pase por aquí Srta Brown el director de la Agencia la recibirá en este mismo momento. Adelante.- Mencionó formalmente.

- Muchas gracias. - Dije ingresando a la sala ¿Podía una persona quedarse sin aliento dos veces en menos de diez minutos? Lo acababa de comprobar. Aquella sensación de perplejidad se me hacía casi imposible de explicar. Él estaba parado frente a mí, mirándome como hacía mucho tiempo que no lo hacía. No pude articular ni una sola palabra porque mi mente no asociaba nada de lo que estaba sucediendo en ese preciso instante. La chica pregunto por café y asentí por inercia porque de hecho hacía más de dos años que ya no lo bebía. No podía quitarle los ojos de encima. Mi corazón latía demasiado deprisa, zumbando en mis oídos incesantemente. Mis nervios me podían en esos momentos y noté que mis manos se habían puesto frías y húmedas.

Yulia Primera Parte Donde viven las historias. Descúbrelo ahora