Cuando me encontré de pie frente a la puerta de entrada de mi casa esa tarde, me quede inmobil por un segundo. Giré el picaporte lentamente como si algo me impidiera entrar a mi propia casa. No podía confiar ni en mi hermana. Jeremías me lo había advertido, me había dicho que no confiara en ella, pero y él tampoco confiaba en mí. Envuelta en toda esa maraña de desconfianza entre en mi casa. Encontré a mis padres en la sala de estar. Mi madre se veía muchísimo mejor lo que me relajo internamente. Sus ojos volvían a tener el mismo brillo de siempre y eso me bastaba.
- Hola hija ¿Cómo te ha ido? - Dejé mi bolso en el sofá mientras me quitaba mi chaqueta.
- Bien. Estoy un poco agotada nada más. - Agregué hundiendo ambas manos en los bolsillos de mis jeans.
- Se nota, estas un poco pálida. Te traeré algo de comer. - Se olvidaba que había recibido una bala hacia muy poco tiempo, antes de que se levantara la tomé por su brazo para impedírselo.
- No. No madre déjalo yo iré. Tu descansa. - Se veía mejor pero no dejaba de preocuparme.
- Estoy bien hija. - Dijo restándole importancia y me alegró que su voz sonara normal.
- Tu madre está mucho mejor que yo Yulia, ha pasado todo el día dándome razones para irme en estos momentos al bar de George. - Mi padre habló sin quitar sus ojos del partido que estaba viendo en el televisor de la sala. Se puso de pie de repente seguramente para irse al bar a terminar de verlo allí.
- Aguarda hay algo de lo que quiero hablarles. - Él volvió a tomar asiento. Los observé a ambos por un momento antes de continuar. - He estado pensando y me mudaré con Yigit a su apartamento. Compartiremos los gastos. - Dije de una y sin dar demasiadas vueltas al asunto. Pude ver el rostro confundido de mi madre al segundo de haberlo dicho.
- ¡Para! ¡Para un momento hija! - Subió su tono de voz y ya empezaba a imaginarme una avalancha de sermones. - Vamos por parte, primero hay que mezclar los ingredientes y luego batir el bizcochuelo ¿Qué quieres decir? ¡Que te iras así de un día para el otro! - Sus ojos verdes no dejaban de amenazarme.
- Kate, la chica ya es una mujer puede hacer lo que quiera. Solo se ira aquí a un par de cuadras. - La simplicidad de mi padre por primera vez en mi vida me jugaba a mi favor.
- Si madre estaré en el barrio y además pasaré todos los días por aquí y por la panadería por supuesto. - Para intentar reconfortarla un poco tomé asiento en el sofá a su lado para sujetar sus hermosas manos entre las mías.
- ¡Es lo mínimo que puedes hacer Yulia Harriet! - Exclamó con sus ojos vidriosos. Sabía que se le haría imposible ocultar sus lágrimas, en eso nos parecíamos demasiado. - Cría cuervos y te quitaran los ojos. - Dijo casi en un sollozo.
- Anda no te molestes. - Rocé su rostro con mis manos tiernamente, eso siempre me hacia sentir mejor. Tenía un hermoso rostro, sus ojos profundos, perspicaces, una mirada directa e implacable. Si me gustara fotografiar retratos, el suyo hubiera sido ideal. - Necesito que me apoyes en esto. - Le pedí con tono desenfadado.
- ¡Por la virgen santa! ¡Que se supone que haga contigo y ese chico flacuchento! - Lanzó en medio de un sollozo. Era evidente que no iba a estar de acuerdo y decidí simular que todo sería como siempre.
- Solo llevanos algunas de tus delicias y será suficiente para mí. - Me acurruqué entre sus brazos, agradeciéndole una vez más a Dios porque no lo hubiera sucedido nada.
- Creo que podre hacer eso. - Dijo secándose sus lágrimas. - Ven abraza a tu madre más fuerte al menos, ya que volaras del nido.
- ¡No exageres mujer solo se mudará! Bien, ahora si me iré.
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Yulia Primera Parte
RomanceYulia lleva una vida tranquila en Atlanta Georgia, junto a su familia y dedica sus días con sus amigos y estudiando fotografía. Pero esa actitud de una vida pacífica no es más que una fachada para esconder la crueldad de un brutal suceso que vivió e...
