Desde que Jotaro Kujo despertó su habilidad Stand, su vida fue condenada por el destino a no volver a ser la misma. Primero comenzando por encaminarse a un largo viaje de cincuenta días por todo el mundo con el fin de salvar la vida de su madre, y g...
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En la noche siguiente, Jojo estaba en el club cuando Rias le pidió que se hiciera cargo de un contrato. Sin posibilidad de negarse porque ese era literalmente parte de su trabajo, él se acercó al círculo mágico para ser teletransportado hacia la residencia del cliente pero no ocurrió nada, el brillo se disipó como si algo le impidiera al demonio realizar con éxito su hazaña. El resto de sus compañeros reaccionaron algo sorprendidos.
—¿Por qué esta vez no funcionó...? —se cuestionó la pelirroja acariciando su barbilla pensativa—. De cualquier forma no podemos hacer esperar al cliente. ¿Podrías ir a pie?
—Bien.
Jojo dejó escapar un largo suspiro y se marchó del club para irse a atender ese contrato.
Sin embargo, Rias y los demás tenían sospechas del porqué no había funcionado. Es como si algo hubiera impedido que fuera trasladado a la residencia de su cliente pero no actuarían hasta averiguar o sacar alguna conclusión lógica al problema.
A pesar de que Jōtarō tenía como prioridad ir a la casa de la persona que había pedido el servicio a un demonio, se detuvo en una tienda de conveniencia para comprar una cerveza para el camino y una nueva cajetilla de cigarros ya que la suya estaba por terminarse. Luego de haber hecho sus compras, continuó su trayecto.
Llegó a una casa que por fuera, no tenía nada que destacar más que se veía de lo más ordinaria. Tocó el timbre pero no recibió respuesta así que intentó tocar. Justo al momento, notó que la puerta estaba abierta así que entró al lugar sin perder el tiempo.
Esa extraña situación se le hizo algo sospechosa a Jōtarō, ya que la puerta estaba abierta en mitad de la noche y seguramente no había recibido el informe de que alguien vendría; además que contaba con las luces apagadas y ningún tipo de respuesta proveniente cuando él intentaba entablar contacto. Es como si el cliente hubiera desaparecido pero debería estar ahí esperando a que el demonio viniese a cumplir su deseo.
Las piezas finalmente se acomodaron en la mente del chico y confirmó que algo estaba mal cuando sintió el peligro cada vez más cerca.
Ahora en vez de querer hacer un contrato, se adentró más en el interior de esa casa para averiguar que había sucedido e investigar ya que seguramente sería algo importante. Después de todo, Jōtarō tenía su lado detective en su interior. Haber visto tantas series de televisión sobre misterios policiacos hacia lo suyo.
Llegó al segundo piso buscando rastro alguno pero nada, solo había una simple sala común y corriente. No obstante, la normalidad que parecía haber terminó con el grotesco descubrimiento que encontró. Un cuerpo degollado con las entrañas saliendo. Cadáver que estaba cubierto y empapado por la sangre que perdió.
—¿Qué carajos es esto? —Jōtarō miró algo impactado el cadáver que había a un lado suyo.
—¡Oh, pero si es un demonio! —habló un hombre sentado en el sofá. Se levantó y miró con una perversa sonrisa al chico—. Si tienes tanta curiosidad, bueno, es más que obvio que lo maté.