Desde que Jotaro Kujo despertó su habilidad Stand, su vida fue condenada por el destino a no volver a ser la misma. Primero comenzando por encaminarse a un largo viaje de cincuenta días por todo el mundo con el fin de salvar la vida de su madre, y g...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
“Ve allí y espera a la luna nueva...
Ahí es cuando vendrá El Cielo.”
Jōtarō abrió los ojos con sorpresa y miedo, así despertándose de aquel sueño que siempre lo atormentaba desde que había asesinado a su mayor enemigo y descubierto sus malévolos planes. El pelinegro sintió mientras jadeaba como las gotas de sudor frío recorrían su rostro, así como también podía sentir su corazón latir a una velocidad más allá de lo normal.
«Otra vez ese maldito sueño...» pensó Kūjō recuperando la calma al notar que seguía acostado en la cama. No obstante, sintió algo de presión en su cuerpo, lo cual lo hizo sentir confuso.
—Buenos días, Jōtarō-kun —dijo Akeno de forma coqueta y sensual mientras salía debajo de las sábanas y se acurrucaba en el pecho del joven, acercando su cara a su cuello—. He llegado.
—¿Qué diablos haces aquí invadiendo mi privacidad? —cuestionó Jōtarō mirando fríamente e la chica de ojos violetas.
—Solo quería estar a tu lado. —Tras decir eso, le dio un tierno beso en el cuello que él tan solo ignoró como si sus intentos de seducción no tuvieran efecto alguno en él—. Está situación no te parece romántica y también peligrosa? Si nos descubrieran en este momento...
—Akeno, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Cuándo entraste a la habitación? —interrogó Rias quien había despertado al instante y miró enfurecida a su mejor amiga.
—Teniendo contacto cercano con mi lindo Jōtarō-kun.
—¿"Mi"? ¿Desde cuándo te convertiste en la ama de Jojo?
—Incluso si no soy su ama, soy su senpai, y como tal, tengo el deber de tratar cariñosamente a mi kōhai —contestó Akeno sin perder su habitual sonrisa juguetona y sarcástica, lo cual fue interpretado por Rias como una señal de guerra.
—Ya veo, así que tengo que dejártelo en claro una vez más... ¡No dejaré que invadas nuestra habitación! —amenazó la pelirroja rodeándose de su aura carmesí y lanzando una almohada contra la cara de Akeno—. ¡Para empezar, no me gusta como tratas de tocar lo más importante para mí!
«¿Nuestra?» Jojo frunció el ceño.
—Pero no tiene nada de malo si solo es un poco. ¡No seas tacaña, Rias! —Akeno devolvió el golpe.
—¡Esta casa está recién renovada, así que no te dejaré hacer lo que quieras!
—¡Sirzechs-sama dijo que debíamos vivir juntos y mejorar nuestras relaciones!
—¡Esta es mi casa y la de Jojo, tanto tú como Onii-sama están en nuestro camino!
«¿Quién se cree esa imbécil pelos de mestruación?»