Final Alternativo.

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Si una persona vuelve a tu vida para remediar el error que cometió, entonces vale la pena.

•Tres años después, Roma - Italia•

Diez y media de la noche, que mala hora eligió mi avión para aterrizar.

Que mal día eligieron mis amigos para invitarme a su preciosa boda.

Los amo, adoro que estén juntos a pesar de los años y todo eso. Pero es que, no era el momento.

No. Era. El. Momento.

Literalmente ni siquiera sé qué hago con mi vida, no quiero hacer nada más que dormir.

Leo de nuevo el mensaje de Valentina mientras el taxi avanza. Con duda tecleo en mi teléfono y lo bloqueo antes de mirar por la ventanilla.

Un suspiro escapa de mis labios cuando el taxi se detiene.

Le pago al conductor y sin pensarlo tanto, me bajo con mi maleta en mano.

Esto es malo, muy malo.

Me persigno como si eso ayudara en algo, y tan pronto estoy en la entrada, la puerta se abre antes de que yo pueda abrirla por mi cuenta.

—Karol...

Esa voz...

Su voz...

Su sorprendida voz...

Relamo mis labios intentando sonreir aún cuando mi expresión es más una mueca de incomodidad.

—Ruggero.

Mi voz se corta, carraspeo sujetando mi maleta con fuerza.

—Yo... He venido porque... Bueno, es que Agustín me invitó porque... Si, eso.

—Pasa.

Se hace a un lado y yo tomo la oportunidad de entrar al lugar.

Un suspiro brota de mis labios cuando el reconocer esto se me hace imposible.

Y como no si nunca estuve aquí.

Hay mucho por decir.

Después de esa ridícula despedida en el aeropuerto, no había vuelto a pisar Italia.

Pero, sí que estuve pendiente a su vida.

Supe que Ruggero vendió la casa, arrendó un cómodo departamento por el centro de la ciudad e invirtió en un nuevo restaurante.

Este restaurante.

Y no solo eso. Una oportunidad única llegó a su puerta hace un tiempo, y eso hizo que su restaurante se posicionara cómo uno de los mejores en su zona.

Y no quisiera decir que fui yo la que mandó esa solicitud a la revista de cocina más famosa de Italia. Pero es que sí fui yo.

—¡Karol!

Reacciono y dejo de mirar todo a mi alrededor cuando siento los fuertes brazos de Gastón levantarme del piso.

Miente Para MíDonde viven las historias. Descúbrelo ahora