Capítulo I: La niñita y el anciano mal humorado.
Karol S.
Roma - Italia.
Tenía dieciséis años cuando llegué a Italia por primera vez y juré que me iría teniendo novio... Pero no funcionó.
De hecho, mi único contacto con un chico fue en un parque y por poco le ahorco por grosero, y por no reírse de mi pésimo chiste.
Por supuesto que no olvido el momento, es que fue relativamente chistoso. Y random. Fue realmente random, eso no se puede negar.
En fin, después de mí vago recuerdo de mi primera vez en Italia como turista, tengo que agregar algo antes de comenzar a explicar mis motivos de esta segunda visita.
No conseguí un novio.
Fue todo lo contrario, aunque creo que eso ya lo dije.
Lo que nos lleva al segundo motivo.
¡Me he graduado!
Y mi hermano y mi madre, como regalo a ese milagro, me enviaron a Italia de viaje antes de que decida lo que voy a estudiar.
Supongo que creen que con enviarme hasta aquí mágicamente ya sabré qué quiero estudiar.
Pues supongo que sueñan mucho. No va a suceder.
Ni siquiera sé qué voy a cenar, menos voy a saber qué quiero estudiar.
Todos los jóvenes elijen estudiar algo que no tenga matemáticas, pues yo elijo estudiar algo que no implique moverse de la cama.
Ni siquiera sé qué quiero hacer con mi vida, estoy en crisis.
La vida me odia.
El mundo me odia.
La persona que hizo estas donas me odia, están horribles.
Dejo a un lado mis donas, termino de escribirle el mensaje a mi mamá y lo envío asegurando que me he mantenido viva desde que llegué...
¿Es válido si acabo de llegar del aeropuerto?
Por supuesto que sí, pero nadie está listo para esta conversación.
Viniendo de mi, es un milagro que esté viva desde que pisé el aeropuerto... En México.
Le doy un sorbo a mi malteada de chocolate con vainilla. Me pongo mis audífonos y subo el volumen de la música disfrutando de esta.
Mis donas son horribles pero la malteada deliciosa. El contraste perfecto.
—¿Está ocupado?
Por sobre el sonido de la música logro escuchar la masculina voz hablándome. Me quito el audífono levantando la mirada.
Asiento sin mediar palabra. Él se sienta.
Miro el lugar, si, en efecto está lleno. Eso justifica el que se siente en mi mesa.
Bueno, mía no. Pero se entiende.
Mi mirada vuelve a caer sobre mi acompañante, entrecierro los ojos.
Le conozco, le he visto en algún lugar...
—¿Te conozco?
La pregunta brota de mis labios antes de que pueda siquiera pensarlo, él levanta la mirada de las hojas de papel que revisa.
Evidentemente me está analizando con la mirada, lo sé por la manera en la que me mira.
Arquea una ceja.
ESTÁS LEYENDO
Miente Para Mí
FanficLuces feliz, tanto que sacrificaría mi vida para que lo seas a mi lado.
