IV

614 109 39
                                        

Capítulo Cuatro; “¿Por qué lastimas los tuyos si puedes morder los míos?” Parte I

Ruggero P.

Nadie despierta tan temprano un sábado. ¿Cuál era la urgencia?

No quiero ir. Me voy a aburrir de todos modos. A nadie le importa ir a Orvieto. Nadie quiere ir. Es solo Valentina despidiéndose de sus vacaciones.

Que se despida otro día. Tengo sueño.

Estoy despierto desde las cuatro, son las seis y Agustín apenas ha comenzado a conducir la buseta que pidió prestada.

Ojalá la choque.

Cuando yo no esté dentro de ella...

Mantengo los ojos cerrados y la cabeza apoyada en la ventanilla mientras Gastón frente a mí escucha música, le dije ya que se ponga los audífonos pero dice que es muy temprano para eso.

Estoy de mal humor.

Y la razón es obvia. Me acosté a las doce y media, me despertaron a las cuatro, son las seis y no he podido dormir todavía.

—¿Estás segura de que no me harás pasar en vano?

Escucho la queja de Agustín, Valentina protesta repitiendo por enésima vez que lo único que tiene que hacer es conducir.

Bostezo abriendo los ojos.

—¿Quieren dejar de discutir? Intento dormir. —les hago saber.— ¿Por qué se gritan tan temprano?

—Porque invitó a Karol pero ni siquiera sabe si irá.

Ah, así que invitó a la niñita intensa...

Interesante...

—¿Y por qué creen que no va a ir si le invitaron?

—Porque le mandé un mensaje ayer desde el teléfono de Agustín. —explica Valentina.— Y me dejó en visto. No confirmó.

—Entonces pasamos por el hotel, casualmente esperamos cinco minutos y si no salen, nos vamos. —soluciona Gastón.— No hay por qué discutir, chicos.

Ellos asienten reprimiendo sus ganas de gritarse, Agustín cambia de ruta y llegamos a la avenida de hoteles caros de Roma. Cómo lo supuse, la niñita caprichosa es tan consentida que hasta se hospeda en caros hoteles.

Debí imaginar que esa chica no era nada contrario a todo lo que ya supuse previamente.

La típica niña rica que va sola de vacaciones...

No hay de qué sorprenderse.

Nos detenemos frente a uno de los hoteles, Valentina suspira aliviada bajándose de la buseta.

Y, con un poco de curiosidad compruebo que la amiga de la niñita está ahí, parada esperando. Pero ella no está.

—Al parecer solo vendrá Clara. —dice Agustín.— Es una pena.

Ruedo los ojos.

Para mí es un alivio.

O eso creo hasta que Valentina abre la puerta y dice;

—No vendrá porque no ha dejado de vomitar desde ayer.

—Es una pena... —alargo mirando hacia la ventanilla.— Bueno, para la próxima será.

—Si, lo siento mucho. —se disculpa Clara.— Que disfruten de su viaje, hasta pronto.

—¿Pero está bien? —pregunta Gastón.— Digo, si es grave, sería bueno que vaya al hospital.

Miente Para MíDonde viven las historias. Descúbrelo ahora