XXIX

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Capítulo Veintinueve; Pequeñas criaturas mentirosas.

Camila O.

—¿Lo hice bien, mami?

—Lo hiciste perfecto, pequeña Andrea. —acaricio su cabello.— Ahora, ¿Recuerdas lo que vas a decirle a papá cuando lleguemos a casa?

—Sí, que Ruggerito debería ser mi papi.

—No, Andrea. Eso no todavía.

—Oh... —alarga mirando por la ventana.— Que Ruggerito y Karol ya dejaron de pelear.

—¿Y qué más?

—Ya no nos necesitan. —hace una ligera pausa y ladea la cabeza como si lo estuviera pensando.— ¡Y nosotros queríamos volver con papi!

—Exacto, pequeña.

Ella sonríe satisfecha. Sonrío también siendo consciente de que mi vida se está acomodando.

Y es gracias a mí solamente.

Es porque yo estoy haciendo el empeño más grande de mi vida. Lo estoy haciendo bien.

Y quién diría que Andrea sería mi más grande aliada.

Karol y Ruggero discutieron, se gritaron y fueron los gritos más satisfactorios que he escuchado en mi vida.

Nada me ha hecho más feliz que escuchar cómo Karol lloraba y le exigía que él pidiera perdón después de las preferencias que estaba teniendo. Pero él no lo hizo, él me eligió a mí.

Y ahora, es evidente que la maldita no va a volver nunca más.

Va a dejar a Ruggero. Finalmente.

Mi teléfono suena en mi bolsillo. Lo tomo y me aclaro la garganta al ver que se trata de Ruggero.

—¿Sí? —hago el intento de que mi voz suene aún más aguda.— ¿Qué pasa, Ruggero? No quiero causarte más problemas.

—Hola, pequeña. —carraspea.— Mira, sé que probablemente estés molesta pero te juro que Karol va a disculparse.

—No, por favor no le obligues a nada.

—Es lo justo.

—No, déjalo estar ya. —muerdo mi labio inferior.— Karol tiene razón, no podía simplemente seguir en su casa, ya veré yo a dónde llevo a la niña en este momento.

—Cami, en serio, vuelve.

—No, no quiero causarte problemas, Ruggerito.

—No me causas problemas, en verdad.

—Da igual, yo no quiero que te pelees con tu mujer.

—Novia. —corrige casi al instante. Sonrío.— No es mi mujer, es mi novia.

—Pero ella dijo que tú eres su marido.

—Solo trataba de llamar la atención.

Oh sí, claro que sí.

—No, al final tiene razón. Ustedes viven juntos y son una pareja feliz y fuerte, no debí irme a meter en tu hogar. Necesitaba apoyo, necesitaba a mi mejor amigo, pero entiendo que ahora tu prioridad sea ella y que quieras hacerla feliz.

—No, pequeña. No digas eso.

—¿Sabes? Supongo que ahora tendré que buscar un hotel o algo, hablamos después.

—Camila...

—Te amo, mejor amigo. Mucho.

—Cami, no...

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