Epílogo; Miente Para Mi.
¥ Dos Años Después - Roma, Italia ¥
Querido Ruggero;
Hoy se cumplen cuatro años, un aproximado de mil cuatrocientos sesenta y cuatro días sin vernos, sin que tú presencia reemplace tu recuerdo.
Seguramente me odias, y por supuesto acepto todo lo que sientas por mi porque al final de cuentas, me lo gané. Aunque si he de serte sincera, por supuesto que no me arrepiento de nada de lo que hice o dije.
Porque lo necesitaba.
Tanto o más como necesito escribirte está carta.
¿Sabes una cosa, Ruggero?
Nunca voy a entender esto que llamamos vida. Nunca voy a entender el amor y nunca voy a entenderte a ti.
Si ni siquiera puedo entenderme a mí.
No puedo ni quiero entender el por qué tú actitud conmigo cambió tan de repente. Quiero entender por qué mis sentimientos pasaron a segundo plano desde que ella llegó.
Siempre supe que había alguien más, pero la pequeña diferencia era que una parte enorme de mí había deseado poder reemplazar lo que sentías. Siempre creí que iba a poder enamorarte y ganarle a ella.
Pero nunca pude.
Me faltaron ganas de luchar. Me faltó fuerza. Me faltó toda la maldita vida.
Tenía tan solo dieciocho años cuando te conocí, Ruggero. Por supuesto no sabía nada de la vida. Pero aún así me aferraba a las agrietadas esperanzas de llegar al altar. Contigo.
Lo que nos lleva a hoy.
Al día número mil cuatrocientos sesenta y cuatro sin vernos, sin que sepas nada de mí.
Me enteré que vas a casarte.
Y por eso estoy hoy aquí.
Usando la excusa de que mi mejor amiga me necesitaba cerca por su problemas amorosos para verte.
Hay muchas cosas por decir...
Te he visto entrar al hotel donde van a celebrar la unión, listo para tener el mejor día de tu vida. Tu hermano y tus mejores amigos iban contigo.
Supe que tu familia terminó aceptando la relación, que son felices con ella y la idea de verte feliz con quien amas. Todo está perfectamente acomodado.
Tanto como ese bonito vestido de novia que ella usa.
Amoldado a su perfecta cintura. Un vestido corte princesa para sacar a relucir lo que piensas de ella. Lo obvio, que es tu reina.
La única que ha ocupado y ocupará tu corazón en los últimos años. La maldita y jodida afortunada.
Es un maldito martirio.
He alquilado una habitación en el mismo hotel, tercer piso, con vista al jardín en el que vas a casarte y aún no sé cómo, pero planeo también colarme a la recepción. ¿Con qué propósito? Supongo que solo intento verte feliz de la manera que sea.
Aunque no sea conmigo.
Sentada en el balcón observo a los invitados ubicarse en sus respectivos lugares. Dos minutos después, entras acompañado de tu madre.
Ella te dice algo y asientes sonriente. Tus ojos brillan. Estás demasiado feliz y esas lágrimas a punto de caer por tu rostro lo comprueban.
Agustín y Gastón se te acercan. Valentina me lo dijo, no están de acuerdo con la unión pero tú amor por ella es aún más grande. No puedes seguir ocultando lo que sientes y quieres.
Aún cuando sabes perfectamente que está mal.
Y no por mi, no por nuestra historia.
Está mal porque ella sigue sin ser buena. Y no lo será jamás.
Temo que te lastime, Ruggero.
Y entonces la marcha nupcial se escucha, te veo sonreír mientras los invitados se ponen de pie esperando la entrada de la perfecta novia.
Camila está caminando hacia ti.
Y tú la estás esperando con la misma emoción que un día prometiste para mí.
La buscaste. Por ella si luchaste.
Hasta tu último aliento. Y ahí están, juntos.
A punto de casarse ante los ojos del ser más poderoso de este planeta. Le vas a jurar amor eterno ante Dios.
Me pregunto si tú o ella saben el daño que están causando.
Me pregunto si eres consciente de la necesidad tan grande que Andrea siente de su madre. Pero ella se sigue negando a verla.
La sigue culpando aún cuando hoy está a punto de casarse contigo.
¿Nunca van a pensar en ella o en los demás?
¿Realmente su egoísmo está llegando tan lejos?
Y Dios. Perdóname pero ahora me estoy cuestionando respecto a la decisión que tomé.
¿Qué hubiera sido si decidía quedarme?
¿Y si ese día en el aeropuerto aceptaba quedarme contigo?
¿La mujer que te acompaña en el altar ahora sería yo?
Dime qué sí, Ruggero.
Miente para mí.
Se suponía que iba a estar aquí para decir que lo siento, que te deseo lo mejor aún cuando sea con ella.
Pero no, estoy aquí intentando convencerme de que no te guardo rencor, de que esta no es más que una prueba de amor de esas que los protagonistas siempre superan.
Somos los protagonistas, ¿Verdad, Ruggero?
Por supuesto que lo somos.
Estoy bien, estoy bien, estoy bien.
La frase hace eco en mi cabeza. Mi mundo está hecho trizas ahora mismo.
El cura comienza a hablar, la ceremonia se desarrolla y yo ya estoy llorando. Estoy preguntándome cómo una idiota por qué no puedo estar en el lugar de ella.
¿Por qué después de cuatro años no he podido olvidarte ni sacarte de mi cabeza?
Me estoy hundiendo como una jodida piedra en el mar. Me está faltando el aire y ahora solo quiero volver a casa.
¿Cómo le explico a mi corazón que tú ya no eres mi hogar? Que tú ahora estás en casa.
Se suponía que esta no sería una carta para el desamor. Me dije a mi misma que hoy no iba a importar lo que pasó, que hoy solo importaría tu felicidad.
Pero no tengo tiempo para pensar todas las cosas bonitas que me convencí de decirte. Porque justamente ahora me encuentro haciendo un berrinche.
Me niego a aceptar que estás haciendo lo que tenías que hacer. Lo que siempre estuvo destinado para ti.
Aún con toda esta mierda detrás.
Y no quiero empeorar esto, pero el dolor en mi pecho no me deja en paz. Siento que antes de venir aquí debí haber usado un chaleco antibalas.
Pero intento convencerme de que estaré bien.
Y entonces ella pronuncia las palabras...
Sí, acepto.
Y me lo tomo personal, me lo tomo tan personal como toda esta mierda.
Te hacen la misma pregunta a ti. Tu mirada encuentra la mía y me siento pequeña, frágil y estúpidamente desprotegida.
Una sonrisa se dibuja en tus labios. Siento ganas de llorar y gritar hasta cansarme mientras tus labios se abren ligeramente y fuerte y claro dices;
—Acepto.
******
¡Se acabó! Si tienen dudas, las ponen aquí y yo se las respondo porque sé que el final las dejó buggeadas JAJAJAJA
Y bueno, pueden pasarse por Entre Nosotros que es otra historia hermosa que merece ser leída. Y no les va a dejar confundidas. Prometido jsjsjs
ESTÁS LEYENDO
Miente Para Mí
Hayran KurguLuces feliz, tanto que sacrificaría mi vida para que lo seas a mi lado.
