Me desperté temprano en la mañana y salí a correr antes de desayunar. Por lo general solía salir después de haberme tomado un jugo o algo, pero como el día se encontraba nublado preferí ejercitarme antes.
No corría demasiado, de hecho, no creía que durara más de treinta minutos recorriendo el vecindario. En esos momentos mi condición física era mantenida gracias al ejercicio que hacía en mis turnos. El corre y corre que conllevaba ser doctor era más que suficiente para comer poco y quemar calorías.
Solo iba al gimnasio cuando tenía tiempo o cuando me encontraba realmente aburrido.
Cuando llegué de mi paseo saludé rápidamente a mis padres y luego subí para darme un buen baño. Era temprano, pero si no me bañaba iba a apestar durante todo el día y me encontraría pegajoso.
Después de una merecida ducha me paré frente al espejo del lavamanos y me afeité la barba que comenzaba a notarse.
— Carajo. — Murmuré cuando observé la herida en mi mejilla.
Quité un poco de la espuma de afeitar que estaba utilizando para poder ver en donde terminaban los arañazos.
Estaban mejor, ya no sangraban ni ardían y la piel comenzaba a tornarse rosada. Lo que me jodía era que era bastante probable que quedara alguna marca, aunque fuera pequeña y difícil de ver a simple vista.
Continué afeitándome y aunque mi mirada estaba fija en lo que hacía, mi cabeza se encontraba en otra parte.
Desde el incidente en el ascensor no había dejado de preguntarme lo que había ocasionado aquella reacción. Sí, tal vez fui un poco brusco, pero no hice nada que ella no hubiera hecho antes, solo imité los mismos movimientos que hizo.
— ¿Por qué? — Formulé para mí mismo.
Olive me detestaba, de eso no habían dudas, pero actuaba como si realmente tuviera un motivo.
— ¿Por qué? — Repetí la pregunta. — ¿Por qué te aborrezco tanto, Anderson?
Observé mi reflejo con los ojos entrecerrados antes de cerrar los ojos y mover la cabeza de un lado a otro. Abrí la llave del agua y la dejé correr para poder quitarme los restos de espuma que me quedaban en la cara.
Ese no era el día para pensar en mi loca compañera de trabajo.
— No hoy. — Murmuré mientras volvía a verme al espejo.
Salí de mi habitación vistiendo una camisa morada sin diseños y un pantalón deportivo de color gris que me llegaba a las rodillas. Iba cómodo, principalmente porque no iba a vestirme bien tan temprano en la mañana. De hecho, en la tarde tampoco iba a arreglarme como lo habría hecho en cualquier otra ocasión. El que debía dar una buena impresión era él, no yo.
Me dejé caer en el sofá y permanecí ahí durante horas. Los canales normales solo estaban transmitiendo pura basura, por lo que terminé en el canal de niños viendo caricaturas.
Mi atención estaba fija en una cosa elástica y amarilla que era todo menos un perro, sin embargo, dejé de observar al perro con lentes y me centré en la mujer ceñuda que bajaba las escaleras. Tan pronto sus zapatos tocaron el suelo del primer piso y sus ojos cayeron sobre mí, cambió de rumbo y me senté para prestarle atención a lo que iba a decir.
— Odet está actuando de forma extraña. — Murmuró mamá mientras tomaba asiento en el sofá que se encontraba frente a mí.
— Ella es rara, siempre lo ha sido. — Sonreí ladeadamente. — Es fan de Harry Potter, recuerda eso.
— Aydan, no estoy bromeando. — Me riñó. — Cuando entré a su habitación parecía desorientada. Ni siquiera estaba preparándose para recibir a Pitha.
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Aydan Davis©
Romansa💫Esta historia es completamente de mi autoría por lo que se prohíbe su copia o adaptación.💫 •Libro a parte de la trilogía AEL.• •Es necesario leer los primeros dos libros para conocer a los personajes y comprender ciertas situaciones.• Los hombres...
