Capítulo 26

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— ¿Crees que estoy siendo dramático? — Ella negó con la cabeza.

Estaba sentado en unos asientos que se encontraban en el pasillo en el que estábamos. Le había contado lo sucedido con lujo de detalles y en esos momentos esperaba una respuesta que pudiera ayudarme a desenredar el caos que se había formado a mi alrededor sin que lo hubiera notado.

— No, creo que es una situación seria y que es normal tu reacción. — An suspiró. — Por lo que me contaste, creo que deberías hablar con ella y luego con tu hermana. Sé que tienes miedo de que tu relación con Odet se vaya a la mierda al igual que la amistad con su mejor amiga, pero si se lo ocultas y se entera después será peor para ambas partes.

— Esto es muy complicado. — Me llevé las manos al rostro. — Ni siquiera estoy completamente seguro de cuando comenzó este embrollo.

— Si te dijo que desde siempre, entonces es muy probable que le gustaras desde que era una niña. — Suspiré ruidosamente. — Es muy normal que a una chica le guste o haya gustado el hermano de su amiga, sobre todo en la adolescencia, créeme.

— El problema es que no quiero que sea normal, quiero que sea una mentira. — Subí las manos a mi cabello y lo desordené. — ¿Por qué me pasan estas cosas? ¿Por qué siempre estoy metido en caos y situaciones complicadas?

— Tampoco te hagas el santo. — Elevé el rostro para poder observarla con malestar. — Sabes que muchas de esas veces eres tú quien se lo busca.

— Ya, ya, no acudí a ti para que me riñeras. — Volví a bajar la mirada al suelo y sentí su mano acariciando mi cabello con lentitud. — Necesito de tus consejos.

— Ya te dije, habla con la chica para dejar todo en claro y luego habla con Odet. — Di un corto asentimiento. — Vamos, debemos trabajar. — Volví a asentir.

— Hablaré con Ardilla después, ahora no es un buen momento para decirle una cosa así. — Murmuré. — Iré en unos segundos, solo necesito aclararme.

— De acuerdo Campanita, te estaré esperando. — Volví a levantar la cabeza.

— Deja de llamarme así. — Mascullé.

La vi alejarme mientras se reía de mí y no volví a bajar la cabeza hasta que estuve seguro de que se había ido.

Detestaba que me llamara Campanita por tener el cabello rubio y los ojos azules. No era un apodo que solía escuchar muy a menudo, pero cuando lo hacía era en los momentos menos apropiados.

— Gabriella...— Murmuré por lo bajo. — Eres muy inteligente. — Me froté los ojos. — Pero de todas las personas, ¿por qué la que menos te conviene?

No era un criminal, pero me conocía y no estaba dispuesto a hacerle a ella lo mismo que hacía con el resto, no iba a tratarla como a una desconocida o como a Iliana. Gaby podía ser muchas cosas y lograba desquiciarme fácilmente, pero era una buena chica a la que siempre trataba de proteger.

— Esto no le va a gustar a Odet. — Continué murmurando antes de ponerme de pie y comenzar a caminar hacia una de las habitaciones que me tocaban. — No le va a gustar en absoluto...

Ardilla podía estar saliendo con el primo de Gabs, pero eso no significa que a ella le fuera a gustar que su hermano tuviera algo con su mejor amiga.

Lo tonto de todo el asunto era que estaba pensando en su reacción cuando eso nunca llegaría a suceder. Yo jamás iba a tener algo con la alocada Gabriella porque para mí era y siempre sería una niña. La había visto crecer, yo llegué a limpiarle las heridas cuando se caía y se raspaba las rodillas. Rayos, le limpié la nariz como lo hice con Nao y Ardilla, era imposible que la viera como algo más.

Aydan Davis©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora