Después de salir del trabajo había conducido hasta la casa familiar a una velocidad que excedía el límite permitido, pero gracias a eso había llegado lo suficientemente rápido como para ser testigo del caos que aquella estúpida salida había ocasionado.
Las amigas de mi hermana estaban allí, ayudándola a prepararse y no paraban de chillar y cuchichear, algo que hacía reír a mamá y aumentaba mi mal humor.
— Es que no puedo creerlo. — Me crucé de brazos al mismo tiempo en que me sentaba en el sofá de la sala. — Le diste permiso para ir sola con un chico y no con cualquiera.
Volví a quejarme como lo había estado haciendo desde que llegué. Mis quejas y reclamos no cesaron en ningún momento, ni siquiera cuando papá llegó. De hecho, en esos momentos en los que las amigas de Ardilla se habían ido a sus casas y ella estaba sentada frente a mí, papá se encontraba caminando de un lado a otro.
Estaba seguro de que si seguía ejerciéndole presión cambiaría de opinión y le diría a mi hermanita que subiera porque no iba a salir.
Esperaba que él dijera aquello, porque entonces todo lo que había logrado durante esos años habría sido tirado a la basura. Desde que Llorón White había aparecido en la vida de mi pequeña e inocente hermana me había esforzado por mantenerlo a una distancia prudente. El chico siempre lograba estar cerca de ella, pero al menos no se había atrevido a hacer nada. Sin embargo, con esa dichosa salida todo podía cambiar y papá lo sabía.
— Aydan, cállate. — Me ordenó papá. — Deja de molestar de una buena vez.
— Pero papá... — Mamá me observó fijamente durante algunos segundos y supe que era momento de retirarme con dignidad. — Está bien, que vaya sola con el mocoso White.
— Basta. — Masculló papá mientras se llevaba las manos a la cabeza y se sentaba junto a Ardilla.
Nos mantuvimos en silencio durante largos y tensos minutos hasta que escuchamos el timbre. Odet se puso de pie de un solo salto, pero sus intentos por llegar a la puerta antes que nuestro padre fueron en vano porque cuando ella estaba por llegar a la puerta él ya la había abierto.
— Aún estás a tiempo. — Le susurré a papá. — Ciérrale la puerta en la cara.
— Aydan, ya basta. — Me riñó mamá, quien se disponía a acercarse a la entrada para saludar.
— Buenas noches Sres. Davis. — Lo escuché decir.
— Buenas noches Sres. Davis. — Imité la voz del mocoso de los White.
Si mamá se había acercado, entonces yo también lo haría. Por lo visto papá no pensaba evitar que Ardilla saliera esa noche, por lo que mi presencia era necesaria para recordarle al mocoso ese que Odet tenía un hermano mayor que la defendería de todo.
— Ab, solo déjala salir. — Observé fijamente a mamá y no pude evitar sonreír al ver que intentaba mover a papá de la puerta.
— Bueno, ya nos vamos. — Odet se acercó a cada uno de nosotros para besar nuestras mejillas y salió de la casa a pasos rápidos.
— Y ahí se fue...— Murmuré cuando mamá cerró la puerta de la entrada. — Llevándose todos mis esfuerzos...— Suspiré ruidosamente. — Todo porque alguien. — Observé de reojo a papá. — No puede decirle que no a su niña.
— Ya cállate, no necesito que me repitas lo que ya sé. — Masculló entre dientes.
— Ustedes dos deberían dejarla vivir como una adolescente normal. — Mamá puso los brazos en jarra. — Y no me pongas los ojos en blanco, jovencito. — Me riñó.
— Te apuesto cincuenta dólares a que hoy pasa algo entre esos dos. — Me atreví a decir en voz alta.
— No voy a apostar. — Aseguró papá, quien me observaba con el ceño fruncido.
— ¿Tienes miedo de perder? — Lo provoqué.
— Cien a que no pasa nada. — Mamá observó a su esposo con una mezcla de sorpresa y malestar.
— Doscientos a que sí. — Subí la apuesta.
— No van a apostar. — Saltó mamá.
— De acuerdo, sin apuestas. — Rodé los ojos y caminé hacia papá. — Prepárate para perder, viejo alcahueta. — Le susurré antes de irme a mi habitación.
Papá podía estar ciego porque seguía viendo a Odet como a una bebé, pero yo no. La observaba casi todo el tiempo y había estado a fuera de la escuela lo suficiente como para ver que esos dos sentían algo mutuo.
Solo esperaba que White no la hiciera llorar o tratara de propasarse con ella porque entonces conocería cómo éramos nosotros los Davis.
Me mantuve en mi habitación mientras esperaba que Odet regresara. Organicé mis libros, el armario e incluso me dio tiempo para quitar el polvo que comenzaba a aparecer sobre mis trofeos de baloncesto y atletismo. Cuando no tuve nada más que hacer me acosté en la cama y permanecí allí en completo silencio.
Antes, cuando era un adolescente, detestaba el silencio que se formaba en aquel lugar, pero en esos momentos era agradable. En mi trabajo solía haber demasiado ruido y regresar a mi hogar y poder encontrar un poco de silencio me llenaba de tranquilidad.
— ¿Cielo, estás bien? — escuché la voz de mamá.
Me incorporé en la cama y la vi, de pie frente a la puerta, con los brazos cruzados y el ceño levemente fruncido.
A veces, cuando llegaba a mi apartamento y me encontraba solo, me preguntaba en lo que habría sido de mí si mi madre no hubiera estado a mi lado en cada uno de los pasos quedaba. Papá me apoyaba y reñía cuando veía que me descarrilaba un poco, pero ella siempre había sido mi cable a tierra, eso me que mantenía con los pies en el suelo y con la mirada fija en mis objetivos.
— Lo estoy. — Asentí levemente.
— Sabes que puedes hablar conmigo sobre lo que sea. — Volví a asentir.
— Lo sé, siempre ha sido así. — Sus comisuras se elevaron un poco.
— En tu adolescencia parecías haberlo olvidado. — Murmuró mientras se adentraba en mi habitación y observaba mis trofeos. — Guardabas secretos, mentías, no hablabas sobre lo que te sucedía...
— Estaba bien. — La vi negar levemente con la cabeza.
— No lo estabas. — Aseguró. — Escucha... Nunca me dijiste lo que pasó, pero puedo suponerlo.
— Mamá, ¿a qué viene esto? — Suspiré ruidosamente.
— Quiero hablar sobre ese cambio de actitud tuya. — Rodé los ojos. — Aydan, no me gusta que hagas eso y lo sabes.
— De acuerdo, ahora escúchame tú. — Me levanté de la cama y caminé hacia ella. — No pasó nada, no hubo cambio de actitud y...
— ¿Crees que no sé sobre tus encuentros con diferentes personas? — Mi respiración de cortó abruptamente. — Soy doctora y paso mucho tiempo conviviendo con diferentes personas. En más de una ocasión he escuchado tu nombre y lo que se dice de ti.
— Mamá...— Alzó la mano para que la dejara terminar.
— Si quieres terminar con una enfermedad de transmisión sexual sigue así, pero si en algún momento te interesa forma una familia o simplemente te llega a interesar alguien más allá de lo físico, deberías detenerte y pensar. — Apreté los labios. — No te beneficia la fama que estás tomando.
— Son simples rumores. — Mascullé entre dientes.
— Eso espero. — Dio un corto asentimiento. — Y deja de sobreproteger a tu hermana.
— ¿Estás aprovechando para regañarme por todo? — No respondió, pero señaló el cesto de ropa sucia. — Ya entendí, ahora sal de aquí.
Debía averiguar quién o quienes le habían ido con chismes a mi madre y empezaría preguntándole a la mayor cizañera que conocía.
— Gabriella...— Murmuré para mí mismo antes de volver a acostarme.
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Aydan Davis©
Romance💫Esta historia es completamente de mi autoría por lo que se prohíbe su copia o adaptación.💫 •Libro a parte de la trilogía AEL.• •Es necesario leer los primeros dos libros para conocer a los personajes y comprender ciertas situaciones.• Los hombres...
