Después de haber dejado al mocoso en su casa fui a mi apartamento para darme una ducha rápida e ir a trabajar. Llegué al hospital cuando faltaban unos pocos minutos para que mi turno comenzara, por lo que fui a marcar mi asistencia y a organizarme.
Mis nudillos estaban un poco enrojecidos e hinchados, pero si nadie les prestaba más atención de la necesaria no tendría que responder preguntas y tampoco que inventar una historia creíble.
Cuando ingresé al hospital no esperaba encontrarme con la chica que había dejado en su casa horas antes, pero ahí estaba. Al verla no pude evitar sorprenderme porque si me hubiera dicho que tenía turno nocturno la habría llevado directamente a nuestro lugar de trabajo.
— Quiero pensar que la cortada en la ceja no tiene nada que ver con tus nudillos, pero hace un par de horas no tenías eso. — La escuché murmurar cuando me detuve a su lado. — No voy a preguntar.
— Que bueno porque no te iba a responder. — La observé de reojo. — ¿Por qué no me dijiste que tenías turno? Te habría traído sin problemas.
— Mi turno comenzó hace un minuto, no dos o tres horas antes. — Mordí la cara interna de mis mejillas para no reír.
— Amabilidad. — Canturrié por lo bajo.
Olive se giró hacia mí casi por completo y aunque me vi tentado a molestarla o burlarme de su seriedad, no lo hice.
— ¿Quieres que te empate la otra ceja? — Mis comisuras se elevaron un poco hacia arriba.
— Si lo haces voy a lanzarte del segundo piso, te lo advierto. — La vi rodar los ojos. — ¿Mañana también vas a estar de noche?
— ¿Por qué? — Durante algunos segundos me vi tentado a apretar sus mejillas.
— Simple curiosidad. — Anderson entrecerró los ojos justo antes de dar un paso hacia atrás.
— Mis horarios no son de tu interés. Si me disculpas, me voy a mi piso. No quiero que me vean contigo. — Me llevé la mano al pecho.
— ¿Por qué? ¿Te avergüenza que te vean conmigo? — Ella humedeció sus labios antes de contestar.
— Tengo una reputación que mantener. — Dijo como si fuera algo evidente.
— Te equivocas, tienes una que mejorar y estando a mi lado lo lograrás. — Me acerqué a la chica que se disponía a alejarse y pasé mi brazo sobre sus hombros. — Vamos a dar una pequeña vuelta y tratarás de ser amable con nuestros compañeros.
— Hazte para allá. — Trató de recuperar su espacio, peor no lo logró.
— Buenas noches. — Saludé a dos enfermeras que nos observaron como si frente a ellas hubieran dos fantasmas.
— Buenas noches. — Murmuró una de ellas.
— Saluda, Anderson. — Le susurré. — Te estoy echando una mano, pero no soy ventrílocuo.
— Te voy a empatar el otro lado. — Masculló entre dientes mientras aceleraba sus pasos. — Ya, suéltame...
Olive comenzó a tirar de mi bata y a empujar mi brazo, pero como no estaba dispuesto a que ese ser rabioso me alejara, pasé mi otro brazo sobre sus hombros. Para el resto de personas aquello podía verse bastante comprometedor porque de espaldas parecía como si la estuviera abrazando, sin embargo, solo tenían que ver lo que sucedía de frente para entender que estaba tratando de contener a ese ser maligno.
— Esto es muy comprometedor. — Canturrió Angie, quien pasó frente a nosotros y no se detuvo ni un solo instante.
— Si saludas te suelto. — Continué susurrando.
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Aydan Davis©
Romance💫Esta historia es completamente de mi autoría por lo que se prohíbe su copia o adaptación.💫 •Libro a parte de la trilogía AEL.• •Es necesario leer los primeros dos libros para conocer a los personajes y comprender ciertas situaciones.• Los hombres...
