Capítulo 32

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La salida de Christian se descontroló más de lo que él mismo había esperado.

Cuando mi teléfono comenzó a vibrar me encontraba descansando sobre una de las literas que estaban vacías luego de que un par de compañeros se fueran a sus respectivas casas. En un principio no lo tomé porque creí que llamaba para molestarme, pero cuando marcó una segunda y tercera vez me inquieté.

Al descolgar la llamada lo primero que escuché fue eco, como si Christian me hubiera llamado mientras estaba en el baño. Después aparecieron unos murmuros prácticamente inentendibles y al poco tiempo escuché una sola palabra que respondió todas mis dudas.

Jaula.

Para muchos aquella palabra no habría tenido sentido, mucho menos si se analizaba el resto de cosas que había logrado entender, pero para mí era más que evidente que ese imbécil había terminado en la comisaría.

No lo dudé, me levanté de la litera y salí de la habitación tan rápido como las piernas me lo permitieron. Avanzaba sin tener ningún tipo de cuidado o consideración con aquellos que se me cruzaban, todo por tratar de llegar antes a la comisaría y llevar a mi amigo a su casa.

— ¡Oye! — Aceleré mis pasos aún más cuando vi a Angie a la distancia. — ¿A dónde vas?

— Christian. — Le respondí lo suficientemente alto como para que pudiera escucharme.

— ¿Qué pasó? ¿Quieres que vaya contigo? — Alcé la mano y moví mi dedo índice de un lado a otro. — ¡Espera!

No podía esperar a que le pidiera permiso a una pierna para mover la otra. Conocía a la mayoría de los policías que estaban en la comisaría de la ciudad en la que había nacido y sabía que eran de humores, por lo que no podía darme el lujo de llegar tarde e interrumpir su eterno descanso porque no me permitirían solucionar lo que sea que hubiera sucedido.

Salí del edificio y me dirigí hacia el área en el que nosotros estacionábamos nuestros respectivos autos. Una vez que estuve en el interior de mi medio de transporte y de que me encontraba listo para salir, la puerta del copiloto se abrió. Debido a la impresión me sobresalté y me eché hacia el lado, acercando mi cuerpo a la puerta del conductor como si así pudiera protegerme del intruso.

— ¿Qué cojones te pasa? — Grité cuando Anderson se subió al auto y cerró la puerta.

— Deberías ponerle el seguro siempre que te subes. Hoy fui yo, pero mañana puede ser alguien que quiera robarte. — La observé fijamente sin borrar la mueca que se había formado en mi rostro debido al susto. — Arranca. — Ordenó mientras se ponía el cinturón de seguridad. — Angie dijo que algo pasó con tu amigo y que te acompañara.

— ¿Desde cuando haces lo que te dice? — La vi rodar los ojos.

— Desde que me llevarás a mi casa y me traerás mañana en la mañana para poder buscar mi auto. Conduce. — Se cruzó de brazos.

— Eres muy descarada. — Murmuré antes del encender el auto y arrancar.

— ¿Qué le pasó a tu amigo? — Preguntó luego de algunos minutos en silencio.

— No lo sé. — La escuché bufar.

— No lo sabes, ¿pero vas a más velocidad de la que es permitida? — Dejé de pisar el acelerador y le di unos pocos toques al freno.

— No necesito a una comentarista. Si vas a decirme lo que ya sé que estoy haciendo será mejor que llames a un taxi. — Subí el aire acondicionado al máximo, pero tan pronto alejé mi mano ella acercó la suya y lo bajó. — No toquetees. — La reñí. — Busca en mi teléfono a alguien que se llame Will.

Aydan Davis©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora