Las dos semanas de suspensión transcurrieron rápidamente gracias a que no estuve solo en mi apartamento, de hecho, la mayor parte del tiempo ni siquiera estuve allí. Durante mi castigo estuve en casa de Olive o el la de Christian, principalmente para que mis padres no se dieran cuenta de que estuve dos semanas sin ir al trabajo y también porque así no me aburría.
Tan pronto llegó el lunes me alisté y me aseguré de estar en el hospital antes de mi hora de entrada, todo para comenzar a dar una buena impresión.
— Buenos días Dr. Culpepper. — Saludé al hombre que se encontraba frente a mí, hablando con otros doctores que también lo tenían como supervisor. — Quería disculparme con usted por mi actitud la última vez que nos vimos. No volverá a suceder.
— Deberían haberte despedido. — Masculló entre dientes.
— Le aseguro que no le daré más problemas. — El hombre bufó y se alejó, dejándome junto a mis compañeros. — Por el momento. — Murmuré para mí mismo.
Esa mañana fue bastante tranquila, lo único que no había hecho era ver al Demonio de ojos verdes y eso no podía suceder. Estuve llamándola, pero al ver que no iba a contestar supuse que estaba ocupada, por lo que le envié un mensaje de texto. A los minutos la puerta del cuarto de descanso se abrió y ella entró con el teléfono en la mano y el ceño levemente fruncido.
— ¿Por qué? — Preguntó.
— Siempre que estaba por el hospital te veía y como hoy no te encontré por ninguna parte, tuve que hacer que vinieras. — Live rodó los ojos. — ¿Almorzaste? — Ella asintió mientras se quitaba la bata.
— Sí, ¿y tú? — Fue mi turno de asentir.
Caminé hacia la puerta y le puse seguro, algo que no pasó desapercibido para Live, quien me observó con una de sus cejas elevadas. Sin decir nada me senté en la cama y tiré de ella, obligándola a que su cuerpo se fuera con el mío hasta que ambos quedamos acostados.
— ¿Qué haces? — Murmuró contra mi pecho.
— Estoy cansado. — Rodeé su espalda con mis brazos y cerré los ojos.
— Alguien nos puede ver. — Solo podrían vernos si abrían la puerta y no lo lograrían a menos que recorrieran el hospital en búsqueda de alguno de los conserjes.
— ¿Y qué? — Alejé mis brazos de ella y los coloqué detrás de mi cabeza. — ¿Te asusta que te relacionen conmigo? — La escuché reír levemente.
— Sí. — Mi comisura derecha se elevó debido a su cruda sinceridad. — Y tú sabes los motivos. — Susurró cerca de mi boca.
— Tontita. — Abrí los ojos y me quedé apreciando su rostro mientras colocaba algunos mechones detrás de su oreja. — No vas a poder ocultarnos por mucho tiempo.
— Ya lo veremos. — Mis labios fueron besados por ella y mis manos comenzaron a recorrer su espalda con delicadeza.
El pequeño espacio en el que nos encontrábamos comenzó a tornarse caluroso a medida que nuestro beso se iba volvieron cada vez más necesitado. Para cuando fui consciente de lo que hacía ambos estábamos bajo las sábanas, tratando de cubrirnos de posibles miradas curiosas.
Continuamos saliendo en secreto durante algunos meses, tiempo en el que nos encontrábamos en algún lugar y nos dábamos cariño o íbamos a la casa del otro para pasar buenos momentos juntos. Ambos estábamos tranquilos, durante esos meses no hubo nada que alterara nuestra paz, pero como siempre, algo tenía que suceder.
Mi turno en el hospital estaba por terminar cuando fue golpeado y empujado con una brutalidad innecesaria. Al girarme, me encontré con los ojos furiosos de Iliana, quien no dejó de golpearme ni siquiera cuando la chica de recepción trató de alejarla de mí.
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Aydan Davis©
Romance💫Esta historia es completamente de mi autoría por lo que se prohíbe su copia o adaptación.💫 •Libro a parte de la trilogía AEL.• •Es necesario leer los primeros dos libros para conocer a los personajes y comprender ciertas situaciones.• Los hombres...
