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Kim ayudó a Chay para que se acomodara en el asiento del avión privado que lo llevaría devuelta a Tailandia, estaba conectado a sus medicamentos, tenía un hematoma en el labio y otro mas en el pómulo. A Kim le dolía el alma verlo así.
– Quiero ir contigo y Mila a Moscú – repuso Chay con los ojos escarchados – Ya no soporto estar lejos de ambos, no quiero.
Kim suspiró sentándose en frente de él todavía teniendo sus manos.
– Yo tampoco quiero que nos separemos mas – dijo Kim acariciando suavemente sus manos – Pero justamente por eso iré, traeré a nuestro hombre.
Chay hizo un mohín apretando las manos de Kim – Prométeme que volverán sanos y salvos a mí – advirtió mirándolo a los ojos, al ver la vacilación de Kim, Chay insistió – Phi, prométemelo.
Kim odiaba hacer promesas, y Chay amaba hacerlas y amaba que le prometieran cosas, pero él no era así, y sin embargo... tenía que prometerle eso porque Chay se lo merecía y porque él no iba a perder a nadie. No iba a perderlos, no iba a permitir que Chay sufriera.
– Lo prometo, ángel – dijo Kim bajando la voz – Pronto nos veremos los tres de nuevo.
Chay relajó sus hombros – ¿Y no nos vamos a alejar otra vez?
– No, bebé, no nos vamos a alejar – Kim le sonrió, pellizcó suavemente su mentón – Eres un consentido ¿lo sabes?
Porchay batió las pestañas – Phi y Wolfi son mis consentidores, no es mi culpa –
Kim soltó una risa genuina y asintió inclinándose.
– No puedo decirte que no a nada – dijo sobre sus labios – Chay, te amo.
Porque se lo diría más seguido, porque quería que nunca se le olvidara lo que sentía por él.
– Yo te amo más –
Kim plantó un beso suave encima de sus labios tratando de no molestar por el hematoma que tenía en el labio inferior.
– Besa a Wolfi de mi parte – murmuró
– Lo besarás tú cuando volvamos – esa si había sido una promesa por parte de Kim.
Chay extendió una sonrisa ansiosa. Entonces, Mila apareció.