LVI. Love Story.

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(Dans notre) Love Story.

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Era un día cualquiera luego de decidir que podíamos intentarlo. Probablemente un viernes, o un fin de semana, aunque no estaría segura.

Draco había estado especialmente... perceptivo, y pasábamos mucho tiempo juntos. Hablábamos sobre todo, sobre nada, y sobre un poco de ambos. Ese día, en algún momento la conversación se tornó en una pelea de almohadas, y terminamos correteándonos por mi habitación, casi tirando las cosas que se encontraban ahí, y casi cayéndonos nosotros.

Reímos, nos tiramos almohadas, volvimos a reír, pequeños gritos de guerra por aquí, exclamaciones muy dramáticas por allá, más risas, dramas que se veían frustrados por nuestras propias sonrisas. Y luego alguno terminó atrapando al otro, y fuimos a dar contra la alfombra.

Hubo un silencio en la habitación mientras nos mirábamos en silencio, ambos tendidos en el suelo, hasta que alguno trató de aguantar la risa, el otro no resistió, y ambos terminamos llorando de risa en el suelo.

—¿Qué- —Se detuvo a causa de la risa— qué nos pasa, por Merlín? —Yo ladeé la cabeza para mirarle. Me dolían las mejillas de tanto reír, así como el estómago, pero era un sentimiento bonito a la vez. Me sentía ligera, tranquila, como si nada pudiese perturbar aquel momento.

—La estupidez es contagiosa, —respondí. Él atrajo una almohada con magia, y luego me la tiró débilmente sobre el rostro.

—Muérete, —masculló.

—Yo nunca me referí a ti, —señalé entre risas, quitándome la almohada de encima. Él me miró mal, y luego me imitó infantilmente.

—Yi ninci mi rifirí i ti. Ñiñiñi.

Le miré por un segundo antes de soltarme a reír, rodando sobre mi cuerpo para amortiguar mi risa contra la alfombra.

—Por- ¡Por Dios! —Reí más alto, repitiendo aquella escena en mi cabeza—. ¡Eso es lo mejor que he visto en la vida! ¡Espera a que se lo cuente a mis amigos! —Reí más.

—¡Ni se te ocurra! —exclamó.

—Ay, por Merlín. —Limpié las lágrimas de risa que estaban bajo mis ojos, pero aún así no paraba de reír—. Ni vas a estar ahí cuando se los diga. —Le resté importancia con un ademán, antes de parar súbitamente lo que estaba diciendo.

Con «mis amigos» no me estaba refiriendo a los Slytherin, o los Gryffindor. Me refería a mis amigos en esta realidad. Fruncí el ceño para mí misma al pensar en que yo no tenía amigos shifters, y no sabía cómo explicarles aquello, y tampoco sabía cómo iban a reaccionar.

¿A quién le contaría, entonces? ¿Con quién compartiría todos aquellos sentimientos, frustraciones, y desamores? ¿A quién le contaría lo creisi que se puso mi historia porque puse en mi guion que nací de la magia, y me puse setecientos apellidos porque me creía única y detergente?

El pensamiento de no tener alguien con quien llegar, y gritarle por chat con letras mayúsculas mi emoción me deprimió un poco. Fue como un choque de realidad que tuve en ese instante, y no pude evitar sentir un peso en mi pecho.

¿Qué iba a hacer cuando volviera? ¿Pretender que nada pasó? ¿Que no pasé todo un año en aquella realidad, con las personas de mi libro de fantasía favorito? ¿Pretender que el shifting no me salvó de mí misma cuando creí que todo estaba perdido y ya nada tenía sentido?

No podía hacer eso. No podía, y no quería. El shifting realmente me salvó. Sí no hubiese sido por él, yo me hubiera derrumbado de una manera impresionante. Volver y pretender que nada había sucedido, se sentía mal.

Hogwarts HoeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora