Daren's POV III.

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Tan rápido como había tenido a Hiraeth, la había perdido a causa de los gemelos. Fue casi risorio. Tom no paró de molestar con eso a todos. Sobre todo a mí.

Una parte de mi interior se arrepentía de haberles expresado a los chicos un par de semanas atrás mis recientes y florecientes sentimientos por Hiraeth. Me sentí burlado, y estúpido. Porque no podía creer que una chica cualquiera apareciera de literalmente la nada, alterase todo mi mundo interior, y luego, cuando estaba más cerca de tenerla, se escapase de esa manera.

No sabía decir si lo que más me molestaba era que fuese con los gemelos, o que yo sólo pude besarla dos veces mientras que ellos podían disfrutar de ella como les pareciera. Y en ambas veces que la besé hubo un juego estúpido de por medio.

Era seguro decir que en todos mis años en Hogwarts, nunca el alumnado me temió tanto como lo hacían actualmente. Pansy decía que mi aura mágica era más pesada de lo habitual, y que la expresión de mi cara auguraba una muerte segura a cualquiera que se me acercara.

Eso sólo me ponía de peor humor.

Los chicos fueron los que más disfrutaron de mi estado. No sólo porque aprovecharon para molestarme como nunca lo habían hecho, sino que, como nadie se acercaba a mí, tampoco se acercaban a ellos porque siempre íbamos juntos.

El ver a Pansy entristecerse lentamente también me ponía de mal humor. Pansy era la princesa no designada de Slytherin, era el alma de la fiesta, divertida, bonita, coqueta, parlanchina, necesitaba el contacto físico para existir, y, por sobre toda las cosas, era una sentimental de primera. Y verla siendo no Pansy, me sacaba de mis casillas. Porque eso sólo pasó una vez, y yo mismo me encargué de quienes hicieron sentir a Pansy así.

Pero no podía hacerle algo así a Hiraeth. Todo en mí me impedía arremeter contra ella como lo hubiese hecho con cualquier otra persona. Y eso, por supuesto, me ponía de peor humor.

Estuve un mes y medio en aquel estado, reprendiéndome a mí mismo por ser tan débil frente a una completa extraña. Una extraña que sentía que conocía de toda la vida. Y con la que había soñado más de una vez.

—Estás más callado y serio de lo usual —comentó Tom, sentándose a mi lado en mi cama. Levanté la vista del cuaderno al que le había dejado de prestar atención hacía un rato, y me fijé en él. El cabello negro le caía un ondas sobre los ojos, y su mirada se encontraba tan seria e inexpresiva como siempre. Al igual que todo él. Dejó salir el humo del cigarrillo de su boca, y ladeó la cabeza para mirarme—. Habla.

—No voy a hablar de ello, Tom. Y si lo hiciera con alguien, definitivamente no sería contigo —las comisuras de sus labios se levantaron casi imperceptiblemente mientras le quitaba el cigarrillo de las manos y lo llevaba a mi boca.

—Asumo que tiene que ver con la huérfana.

—No es de tu incumbencia.

—Y con tus sentimientos por ella —rodé los ojos, devolviéndole el cigarro.

—No es de tu incumbencia, Riddle.

—Eso es un sí —señaló, sonando divertido—. Habla —repitió, ahora más serio. Suspiré, sabiendo que, por esa vez, Tom no iba a juzgar lo que sentía por Hiraeth.

—Soñé con ella un par de veces antes de que entrara a Hogwarts —empecé.

—Información que pensabas compartir con nosotros cuando... —dejó la frase en el aire, esperando que yo la completase. Aunque por el subtono sarcástico que usó, sabía que no les diría.

—No veo por qué debería decirles.

—Porque somos pareja, amigos, compañeros de vida, estamos enlazados mentalmente... Se me ocurren un par de ideas, ya sabes —rodó los ojos.

Hogwarts HoeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora