11. De Sir a Guerrero.

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Zephyr, ahora el nuevo rey, es alguien poderoso y su rostro es de temer, pero al pueblo le gusta e incluso lo admiran, y eso que aún no ha hecho algo resaltante en su gobernación aparte de la reconstrucción de las viviendas perdidas y la recuperación de sus mercancías.

Nadie sabe de dónde es, nadie conoce alguna pista de su pasado. Si no fuera por Mayl, Takeshi no sabría ni su nombre, pero sus intenciones son imposibles de comprender.

Zephyr en su intrusión luchó sin usar su verdadero poder, unas cuantas habilidades habían sido suficiente para derrotar al equipo mal herido y exhausto que a excepción de Hikaru y Kattie, tiene a sus órdenes. Sin embargo, Axel y Xiao que son los que más deberían obedecer las normativas, se negaban rotundamente a aceptarlo como un Rey. Ellos no asesinarían ni mucho menos le entregarían a Takeshi. Pero como piezas fuertes e importantes, Zephyr no pretendía ejecutarlos, así que los encerró en la parte más oscura de la prisión.

Nadie en el palacio la tenían fácil, y mucho menos Nadia, que constantemente y hasta que acaben con Zephyr, tiene que actuar dócil y sumisa, como si fuese una sirvienta más. Pero ante los demás tiene que ser alguien "feliz". Y aunque en tan solo dos días ella está viviendo un infierno tiene toda la fe y la esperanza de que su esposo y sus dos amigos encontrarán la forma de volver. Y a parte de eso, está muy curiosa por saber cómo Zephyr enfrentaría a Lilith, a menos que ellos sean compañeros pero todavía no se ha descubierto alguna forma de que alguien pueda ir al Reino Nigromancia o que alguien de allá se quede en este mundo.

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Desde el amanecer, el trío, ahora con nuevas apariencias, inició su fuga hacia el pueblo de Beth. Este era un lugar más pequeño que su anterior hogar, donde el rey había otorgado el dominio a un duque. La travesía en carreta podría extenderse a dos días si todo salía bien, pero al ir a pie, se enfrentaban a un viaje de cuatro días. Sin embargo, decidieron acelerar su paso y evitar cualquier pausa innecesaria. Con determinación, lograron llegar al tercer día.

Kattie se ofreció a llevar el arco de Hikaru, deseando hacerse pasar por la aventurera del grupo. En cambio, Takeshi se vio obligado a dejar su espada al cuidado de Mayl. A diferencia del arco de Hikaru, que era solo una herramienta de combate, la espada segadora era un legado familiar, transmitido de generación en generación y reforzado con cada nuevo portador. Si alguien llegara a verla, rápidamente reconocerían su valía y su dueño.

A medida que se acercaban a la entrada del pueblo, Hikaru mantenía la venda en los ojos; había aprendido a adaptarse a ella durante el viaje y ahora caminaba con una sorprendente naturalidad. Se guiaba por la distancia de los sonidos y las vibraciones del suelo, apoyándose también en Kattie y Takeshi para evitar cualquier tropiezo o accidente.

Con cada paso que los acercaba a la entrada de Beth, la ansiedad de Takeshi crecía. Las figuras de los guardias apostados en la entrada le causaban una profunda inquietud; su presencia lo llenaba de preocupación y angustia.

¿Y si logran reconocerme? Tampoco es que me vea tan diferente. ¿Qué haré?─ las dudas pasaban por la mente de Takeshi haciendo que se paralice. Porque aunque antes no lo parecía, Takeshi sí había sentido punzadas en su pecho debido al miedo.

─Takeshi, ¿qué sucede?─preguntó Hikaru, notando el cambio en la postura de su amigo.

─No... Nada. Sigamos.—respondió Takeshi, esforzándose por recuperar un valor que se desvanecía. Repetía en su mente que todo estaría bien, aunque la incertidumbre lo carcomía por dentro. Con pasos firmes, se acercaron a la entrada, donde los guardias, imponentes y vigilantes, los detuvieron con miradas penetrantes.

Luang. De Lord a plebeyo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora