30. Las mentiras no duran por siempre.

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—Estás solo y morirás con la culpa —sentenció una voz burlona que Hikaru conocía a la perfección—. ¿Dónde está Elizabeth? ¿dónde? No tienes a donde correr.

La persona frente al Hikaru de nueve años era el Marqués luego de una celebración, alcoholizado por completo no estaba al tanto de sus acciones, aunque lo que planeaba hacer también es algo que hacía estando sobrio y con pleno conocimiento.

Con pasos débiles, el niño retrocedió mientras suplicaba. Ambos se encontraban en los aposentos del Marqués, solos.

Con ese atuendo te ves linda, Hikaru —su tono de voz era arrastrado por el exceso de alcohol, pero cada palabra era completamente audible.

Deténgase, por favor... señor, detente. —Retrocedió temblando hasta que el borde de la cama lo detuviera.

El hombre en ira curvó sus cejas y alzó la voz.

—¡¿Señor?! ¡Soy tu amo, escoria! —Tiró un golpe haciendo que el niño cayera en la cama. Con la respiración agitada se quedó inmóvil dejando que su cabello ya semi-largo cubriera su rostro.

El Marqués afincó su rodilla en la cama, sujetó las mejillas de Hikaru para obligarlo a verlo al mismo tiempo que sujetaba la cadena del grillete de sus manos.

—¡Y dejarás los reproches! ¡Harás lo que pida cuando lo pida y no harás nada si te digo que no lo hagas! ¡¿Entendiste?!

Hikaru había borrado todas las expresiones de su rostro, ni el miedo ni el odio se mostraban en él, porque solo se concentraba en ignorar el dolor del golpe y en recordar las caras de aquellas sirvientas que con engaños lo llevaron a ese lugar. Pensó también en lo mucho que deseaba estar con Elizabeth y sentir el calor de su abrazo.

Sí, amo —respondió antes de que el Marqués le gritara de nuevo—. Lo obedeceré sin reprochar; haré lo que pida y no haré nada si lo desea. ¿Quiere... que me vaya? —preguntó con falsas esperanzas de escapar, un último intento que incluso él sabía que no funcionaría.

No, apenas comenzaré a divertirme.

«Te odio».

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Hikaru despertó con un profundo dolor de cabeza, apenas había descansado de la borrachera y aún tenía los efectos de ella. 

Con la visión movida y mareada, miró hacia la pared en busca de aquel que lo inmovilizaba, con el corazón agitado y la mente aturdida, se acostó boca arriba y con una mano recorrió su cuerpo justo por donde aquella noche el Marqués lo había tocado. Mantenía en su rostro una mirada perdida sintiendo asco de sí mismo hasta que poco a poco nuevamente se durmió.

Al día siguiente, Hikaru, Kattie y Evangeline no recordaban absolutamente nada de lo que había pasado, de quejaban abiertamente de la resaca. El sol era una tortura china.

—Para la próxima obedezcan los límites de su cuerpo —regañó Takeshi sin alzar la voz pero con severidad. Haciendo que bajaran la mirada culpables, sintiendo incluso vergüenza y pena.

El equipo se despidió de los enanos con ánimo y alegría, Grunther y Varg estaban a la delantera despidiéndose fervientemente, porque sabían que pronto los volverían a ver. Y con una nueva alianza, siguieron su camino.

Al pasar varios días por zonas rurales, pagaron el boleto de un barco que se dirigía a una isla vecina que bordeaba la esquina del continente. Para el equipo era una experiencia única pero en la que tenían que recordar que no hacían eso por diversión.

Luang. De Lord a plebeyo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora