7. Lo que he perdido.

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Desde la ventana de su habitación, Takeshi, luego de terminar el suyo, observaba en silencio el arduo entrenamiento de Hikaru.

Con atención analizaba cada movimiento, contaba las flechas que ya había lanzando consecutivamente y notó que realmente ha mejorado muchísimo en todo este tiempo. Aunque no era para menos, lo enseña el maestro de armamento, Xiao. Es estricto pero muy eficaz, y aunque sea más un espadachín, tiene conocimiento de todo, y se refleja al mirar el progreso de Hikaru; De cansarse al disparar tres a poder disparar cincuenta seguidamente es un gran cambio. Y pronto aprenderá a usar las habilidades de las armas.

Cada arma tiene energía acumulada, algunas salen en ciertos momentos y otras la tienen constantemente, como las armas de Manna o de tierras con dotes.

—Vaya, es extraño no verte leyendo.—comentó la voz de Mayl proviniendo desde atrás.

Takeshi no se sorprendió ni se sobresaltó, solo giró lentamente la cabeza para mirarla con indiferencia.

—¿Uumm? ¿qué ves?—Mayl se acercó a la ventana, queriendo saber lo que su amigo observaba con tanto interés.—: aaah ya veo. Así que lo entrenan, ¿eh? Debes estar muy feliz.

—Así es. Me alegra mucho, aunque no es el mismo que conocí aquella vez. Pero supongo que hay cosas que cambian en nosotros.

—Así es, así es...—respondió Mayl mientras caminaba por la habitación observando todo lo que tenía. Ella no había ido a ver a su amigo desde hace ya un tiempo y quería actualizarse de todo.

Mientras rebuscaba por encima de las cosas, notó un sobre que sobresalía de un libro con una carta a la que le habían quitado el sello.

—UUuuh a leer...—comentó mientras la leía rápidamente.

—Realmente eres una abusadora, y una falta de respeto.—comentó con hastío ocultando su vergüenza.

Luego de leer detenidamente, desvió una mirada pícara hacia Takeshi mientras le sonreía, guardando nuevamente la carta en su sobre.

—Esa princesa realmente te ama, eh.

—Me escribe cartas cada semana y con gusto se las respondo.—defendió aún ocultando su vergüenza con una mano.

—Nunca había visto las cartas.

—Porque las he ocultado de ti. Pero veo que pasé por alto esa... Bueno.—Takeshi se acercó a la cama y debajo de ella sacó un pequeño baúl con la llave encima. Lo abrió y allí se mostraron las múltiples cartas que Nadia le había enviado al pasar de tantos meses.

Mayl formó una "o" con sus labios e intentó tomar una de ellas, pero recibió un manotazo de advertencia.

—Idiota.—murmuró sobándose ella misma su mano.

—Bueno, ya viste.—respondió mientras lo guardaba nuevamente. Suspiró y como decidió que saldría a estar al lado de su padre y madre, Mayl se fue tan cautelosa como siempre.

De camino, Takeshi pensaba en el hecho de que el arpa no ha sonado, desde hace dos años que no suena, y no saben nada del Reino Nigromancia, no saben si la actual reina a muerto o si vive millones de años. Pero lo que a Takeshi le preocupa es que sus padres esten demasiado mayores para defenderse y mueran en batalla o en huida. Pensar en eso hace que se le agite el corazón y pierda completamente la concentración. Aunque sabe muy bien que eso es algo que no puede controlar, la monarca hace lo que quiere cuando quiere.

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Al llegar la noche, Takeshi con destreza se coló en la habitación de Hikaru, a veces lo hace, y le reprocha porque más de una vez le ha pedido que por favor no se incline ante él si nadie lo está viendo, sobretodo la reina, y además que se deje de honoríficos.

Luang. De Lord a plebeyo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora