36. Actitud extraña.

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Por unos segundos que parecieron eternos, Takeshi y Mayl se miraron fijamente, ignorando a los demás. Como un reencuentro tanto alegre como doloroso, Takeshi se acercó a ella con pasos lentos e inestables, quien estaba sentada en la grama con los ojos bien abiertos, y se arrodilló.

Las escenas de lo que le había sucedido cruzaban por su mente sin piedad, ocasionándole escalofríos y temblor en todo el cuerpo. Con las lágrimas quemándole los ojos antes de precipitarse.

Salió de sus pensamientos tormentosos cuando sintió unos brazos firmes rodearla. Takeshi la presionó contra él con firmeza mientras le acariciaba el cabello de la nuca.

—Takeshi... —trataba de no llorar, pero el sollozo era inevitable, colocó sus manos en su pecho, sujetando con fuerza la camisa de él—, Takeshi... yo... yo creía que había muerto, Zephyr... no es humano, nunca había sentido tanto miedo...

—Descuida, estás bien.

—No... no puedo ayudar a Nadia ahora... Ahora está sola...

—Hiciste lo que pudiste, está bien. —Su voz era suave para calmarla.

Si había cosas que nunca había visto de Mayl, era que expresara su miedo y mostrara sus lágrimas de esa forma, tantas que humedecían su camisa.

—Estás con nosotros ahora.

—Sí... estoy viva... aquí... con ustedes.

La tarde transcurría con velocidad, Mayl se quedó allí unos segundos más, abrazándolo con fuerza, asimilando que no tenía la herida en su pecho y que había logrado sobrevivir al ataque tan despiadado de Zephyr.

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El momento de vulnerabilidad pasó y se disculpó con los demás, avergonzada. Suspiró y se recostó del árbol, mirando su pecho elevarse por las respiraciones pesadas. Tocaba el lugar donde tenía la herida, desconcertada de solo ver la ropa rasgada en esa zona.

—Poco más y me desnudo —su comentario hizo que Cyrus y Hikaru se percataran del estado revelador y giraran la cabeza, incómodos—. ¿Cómo fue que.. la herida ya ni es visible?

Takeshi suspiró con una sonrisa de alivio, ya había vuelto a ser ella. Con calma se acercó un poco, a medio de ambos, los presentó.

—Mayl, ella es Evangeline, una Ninfa del río.

—Un gusto al fin conocerte —emitió Evangeline, acercándose a una distancia prudente.

—¿Qué son las Ninfas? —murmuró—, un placer, Evangeline.

—Y él es Cyrus, es quien cerró la herida.

—Un placer... señorita Mayl —saludó sin mirarla, respetando.

Takeshi se quitó la capa —que ya estaba medio dañada— y se la entregó a Mayl para que se cubriera.

—Ya puedes verme —comentó Mayl, y cuando este la miró directo a sus ojos, con una sonrisa agradecida preguntó—: ¿Eres un curandero? Te lo agradezco tanto.

—No... no soy curandero. Soy un custodio de los secretos, pero si sé curar —sonrió de oreja a oreja.

—Increíble... —susurró. Luego miró que Hikaru ya no tenía la cinta, en cambio, llevaba una ropa más ligera—. ¿Y tu arco?

—Aquí está —materializó su arco en la mano. Ella quedó boquiabierta, y él soltó una sonrisa orgullosa—, ahora es invisible.

Mayl anonadada miró a Kattie, sin quitar la sorpresa divisó las dagas en su cintura.

Luang. De Lord a plebeyo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora