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«Mayl, quien imaginaría que la dulce Mayl sería una ladrona tan buscada. Incluso a mí me engañó, la admiro, debo admitirlo».
—¡¿Mayl?! ¡¿Es Mayl?!
—Las huérfanas siempre son ladronas.
—Y su tono de piel... ya decía mucho.
—Deben capturarla, pero ni el pueblo reunido ha podido, usa la noche a su favor.
—Pero Mayl... siempre ha sido amable, y así como roba, regala.
—¡¡Ella defendía a Takeshi, un rey era amigo de esta ladrona a sabiendas!! Que desgracia...
«Corre, corre pequeña Mayl, pero no hay escapatoria para ti; no podrás escapar».
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Tal como aquella vez, una brisa fría rodeaba mi espalda pero el calor abrazaba el rostro y cuerpo, en mis ojos se reflejaba ese incendio, las ramas se partían y caían casi echas cenizas.
—Mamá... papá... —Las lágrimas salían como un torrente sin detenerse. La razón de aquel incendio fue solo un misterio.
Yo siempre había dicho que era huérfana de nacimiento; que mi padre murió antes de yo nacer y mi madre en el parto, pero no fue así.
Murieron en un incendio cuando tenía solo tres años.
Era una fría noche a pesar de ser verano, estábamos preparando una comida pero faltaba un ingrediente. Mi padre decidió comprarlo al mercader más cercano, un hombre que trabajaba hasta muy tarde y era muy amigo de él. Esa noche pedí acompañarlo así que me vistieron con algo abrigado y me llevó en brazos.
El hombre muy dadivoso nos atendió, aunque yo no entendía mucho de lo que hablaban, miraba interesada todo el lugar mientras apoyaba el rostro de su hombro.
—Gracias amigo, vuelve pronto —dijo el vendedor.
—Claro —Se despidió con una mano.
Cuando salimos, escuchamos sus mismos pasos apresurados para decirnos una cosa más.
—Por cierto, Javier. ¿Entonces mañana hacemos la broma?
—¿Qué broma?
—Ya sabes... —me miró haciendo una sonrisa incómoda— si lo digo puede que se lo diga... Pero ya sabes, el ANÍ con el señor VERSA en el RÍO.
—Ani.... con... aaaaah ya ya, sí, sí. Jaja es que tengo muchas bromas y me confundí. Pero claro hombre, mañana temprano. —Mi padre sonrió incómodamente.
Como no entendía nada de lo que hablaban, suspiré y nuevamente apoyé la cabeza de su hombro. Desde aquí podía ver mi casa, y extrañamente estaba siendo iluminada con tonos naranjas.
—Papá... ¿qué le pasa a nuestra casa? —pregunté interponiéndome entre él y su amigo.
—¿Cómo que qué le pasa? —Se giró. Al hacerlo, abrió sus ojos completamente y sus labios comenzaron a temblar.
La bolsa de compras se deslizó de sus dedos y cayó al suelo rocoso, con un movimiento imprevisto me entregó a su amigo antes de salir corriendo a toda velocidad.
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Luang. De Lord a plebeyo.
Fantasy¿Conoces la traición? Puede que sí, ¿pero conoces la verdadera traición? Una traición que va más allá de lo emocional o simple rechazo. Takeshi experimentó tal traición de parte de su pueblo, quien a pesar de su diligencia, exigencia y esfuerzo para...
