24. Carta a una Reina.

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~En el baile de la ceremonia matrimonial 💍~

En un ambiente de sofisticación, las parejas de la nobleza se dejaban llevar por un suave vals, danzando con gracia y elegancia. La mayoría disfrutaba de la celebración en honor a los recién casados, pero un pequeño grupo observaba con miradas llenas de envidia.

Los recién casados se adentraron en la pista de baile, creando un espacio a su alrededor que pronto se llenó con la admiración de todos los presentes.

Takeshi lucía un impecable traje estilo frac, adornado con charreteras. Su cabello rubio estaba cuidadosamente peinado hacia atrás, con algunos mechones que caían delicadamente sobre su frente, una visión que capturaba la atención de las doncellas de reinos amistosos.

Nadia brillaba con una belleza inigualable, sin intención de provocar malicia, pero era inevitable que los nobles pensaran: "Sin duda, es hermosa; el Rey ha tenido mucha suerte". Vestía un deslumbrante vestido blanco al estilo de una princesa, realzado por delicados detalles azules en el pecho y un llamativo cristal en el centro. Su atuendo incluía cuatro volantes: dos azul claro con elegantes diseños blancos y dos azul oscuro; además, llevaba guantes altos y una gargantilla compuesta por pequeños hexágonos. Su cabello sedoso estaba adornado con trenzas azules, y sus ojos destilaban alegría mientras el viento acariciaba los pliegues de su vestido.

En un momento del baile, cuando la espalda de Nadia se apoyó contra el pecho de Takeshi, él la abrazó por la cintura con su mano izquierda, mientras sostenía su mano derecha entrelazada con la suya. Aprovechando la cercanía, susurró: —Muchas miradas están fijas en ti.

—¿Celoso? No soy la única que está siendo observada. Todas las doncellas nos miran.

—Es cierto. Pero te miran a ti con desdén. Sin duda eso me enfurece.

—A mí no me molesta en absoluto; solo sienten envidia por haber ganado la lotería contigo. Además, sabes cómo soy y lo que haré ahora.

—La verdad es que no estoy muy seguro.

Nadia sonrió con picardía y se volvió hacia él; sosteniendo sus mejillas con ambas manos, lo besó durante unos segundos. Al separarse lentamente, susurró: —Me encanta provocarlas.

—Me encantas; te apoyo —respondió él, atrayéndola más hacia sí al apretar su cintura con mayor firmeza. Luego, apasionadamente unió sus labios a los de ella nuevamente, prolongando el beso y generando cada vez más envidia entre las doncellas a medida que los segundos pasaban.

"Mírala, no se merece ser la esposa del Rey Takeshi".

"Mira su vestido, no combina con su cabello".

"No entiendo cómo él la prefirió a ella".

"Se ven tan lindos juntos. Quisiera ser ella".

"Ella no tiene gracia, ¡¿Cómo se atreve a besarlo así".

Antes las quejas que no pasaban de simples murmullos, Nadia lo abrazó con ternura siendo correspondida de igual forma, para luego mirar a las doncellas con una sonrisa maliciosa. «Les guste o no, fui yo la que se casó con él».

Al terminar la ceremonia solo quedaba la noche; una hermosa y solitaria noche para ambos, donde podían hacer lo que quisieran; donde ambos compartieron caricias y momentos apasionados hasta el amanecer.

«Los deberes de una reina son parecidos a los de una princesa, sin embargo son más responsabilidades, participar en ceremonias, ser una consorte real, muchas cosas. Pero estoy feliz, estuve esperando mí primer amanecer junto a mí esposo».

Luang. De Lord a plebeyo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora