Música.
Risas.
Voces.
Eso era lo que se oía en aquel salón de la mansión.
Hace unas horas, Jayden había llegado con su familia a la fiesta de su abuelo. No estaba de más decir que el viejo alfa se había emocionado de ver a su nieto y a sus bisnietos. Sobretodo a la niña de cabello castaño.
A la niña le dolían las mejillas de tanto sonreír. Sus padres saludaban a los invitados, y ella mantenía una sonrisa en su rostro, mientras que su hermano tenía un semblante serio y el ceño fruncido. Era como si su hermano estuviera molesto, cuando en realidad, era todo lo contrario.
Cassandra debía darle la razón a su madre: Aleksei era una mini versión de su padre.
— Maldición... —maldijo la castaña en voz baja cuando su cabeza chocó contra algo.
— ¿Eres ciega? — Cassandra levantó levemente la cabeza para observar al joven frente a ella. Tal vez tenía tres años más que ella, alrededor de los catorce o quince años.
— No. Veo perfectamente —respondió ella.
— Pues no lo parece. Eres tan torpe que te has tropezado conmigo —replicó él con desdén.
Cassandra rodó los ojos.
— Qué mal —dijo ella, esbozando una sonrisa falsa e intentando irse, pero el joven le bloqueó el paso.
— ¿A dónde crees que vas?
— No es de tu incumbencia —ella intentó pasar de nuevo, pero él no se lo permitió—. ¿Podrías hacerte a un lado?
— No. Primero discúlpate.
Cassandra soltó una risita. El joven frunció el ceño.
— ¿Qué es tan gracioso?
— Yo no me disculpo. Solo tropecé contigo, pero no estás herido. Además, tú me insultaste al llamarme torpe.
— Porque eso es lo que eres —dijo el joven, cruzándose de brazos.
— Te equivocas. Soy todo menos torpe.
— ¿Ah sí? —él sonrió burlón—. ¿Entonces qué eres, señorita?
— La joya rusa —respondió ella con firmeza—. Soy Cassandra Romanova, hija del diablo y el ángel. Y no me disculparé con un idiota que se cree con el derecho de darme órdenes. Soy una Romanov, y en mi vida me disculparé con alguien como tú.
— Yo tampoco me disculparé, Prinzessin —replicó el joven.
Alemán.
El notable acento del joven lo delataba. Por un momento, Cassandra había creído que el joven frente a ella era ruso, pero se equivocó.
— Así como tú eres hija del diablo y el ángel, yo soy hijo de la bestia y la bella. Mi nombre es Demian Schmitz, y un Schmitz jamás se disculpa ante nadie. Mucho menos ante una Romanov.
Demian estaba seguro de que la castaña no entendía su idioma. Los miembros presentes en esa fiesta no lo sabían.
Pero, al igual que Cassandra, él también se equivocó.
— ¿Un Schmitz? ¿Y aún así tienes las agallas de enfrentarme? —ella sonrió.
— ¿Sabes alemán? —preguntó ligeramente sorprendido.
— Alemán, turco, italiano y, por supuesto, ruso —respondió con orgullo la niña.
Demian rodó los ojos ante la altanería de la niña. Cassandra imitó el gesto y cruzó los brazos bajo su pecho.
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Un Voto De Honor Y Sangre | Duologia Dulce Condena #1
Любовные романыSus familias se odian desde siempre. Incluso ellos debian odiarse por los problemas del pasado, pero cuando un operativo sale mal, Vlad Románov y Victoria Ivanov, llegan a un acuerdo. En un intento de unir ambas mafias y familias, ambos líderes, co...