Horas más tarde Aemond y Valaena entraron en la habitación de él, y el silencio que se instauró entre ambos fue desolador. Él no había vuelto a hablarle, a pesar de que ella lo había intentado.
—Salgan. —le dijo a las doncellas que estaban allí para ayudarla a desvestirse. —Ahora.
La princesa vió como las mujeres salían de la habitación con la cabeza gacha y sintió que su corazón se enloquecía. Hasta el momento, lo que sucedía en su habitación era secreto, pero a partir de ese instante todos sabrían lo que allí pasaba y eso la hizo sentirse vulnerable por alguna razón.
Valaena, con su vestido de boda ahora ligeramente desarreglado miraba hacia todos lados, intentando encontrar algo familiar en la habitación. Aemond, con su traje aún impecable, se movió con determinación, cerró la puerta tras de sí y la trabó.
—Has sido una muy mala esposa estas horas Valaena. —dijo acorralandola contra la pared. —. Muy mala. —repitió en tono grave. —Dudas de mí, de mi hermana. Hablas con ese Stark a solas. —se acercó aún más y Val tragó saliva. —Ese asqueroso norteño te devoraba con la mirada. ¿No lo notaste? Estoy seguro que mientras te miraba estaba pensando en todo lo que quería hacerte. Dejaste que se te insinuara.
—Ya te pedí disculpas. —dijo tragando saliva. —Y… Cregan solo estaba siendo amable. —respondió intentando que su voz no la traicionara.
—¿Cregan? ¿Ahora son amigos?
La intensidad de su mirada era algo que ella jamás había visto, la hacía sentir pequeña, diminuta, su impulso era correr, lo hubiera hecho si no fuera porque él la tenía aprisionada y estaba encerrada en una habitación.
—Amond, basta. Me asustas. —confesó con un hilo de voz, sin mirarlo.
—Deberías estar asustada, pues hoy voy a castigar tu mal comportamiento.
Sonrió de forma perversa.
—¿Qué? —la joven casi gritó al escucharlo. Las manos le temblaban. Estaba aterrada.
—Date la vuelta. —exigió.
—No.
—Date la vuelta Valaena, es una orden.
Ella se giró un poco paralizada por el miedo, en otro momento hubiera reaccionado, pero por alguna razón no podía hacerlo. Cuando su frente chocó contra la pared, sintió las manos de Aemond en sus hombros y de un rápido movimiento bajó su vestido.
El frío aire de la habitación le golpeó la piel cuando el vestido cayó, dejando su espalda al descubierto. Un escalofrío recorrió su columna mientras sentía las manos firmes de Aemond recorrer la curva de sus hombros hasta su cintura, acariciando su piel con una mezcla de posesión y deseo. Ella cerró los ojos, su respiración se agitó, sin saber qué esperar de lo que vendría a continuación.
—Aemond... —susurró, intentando mantener la calma, pero su voz traicionaba el temor y la confusión que sentía en ese momento. Sabía que estaba enfurecido, pero también conocía esa intensidad en su mirada, la misma que había visto antes cuando sus sentimientos parecían desbordarse.
Él bajó su rostro hasta su cuello, su aliento cálido contrastando con el aire helado de la habitación hizo que apretara los puños, aún de espaldas a él, sin saber si debía resistirse o entregarse a lo que parecía inevitable.
Sintió que le daba una nalgada fuerte y jadeó, luego otra, que la obligó a mover las caderas. La sensación de picazón que le generaba le gustaba.
—Debes aprender... —susurró Aemond, con un tono oscuro, como si se deleitara en el control que ejercía sobre ella. —, a ser una buena esposa.
Valaena tembló ligeramente, pero no sabía si era por el frío de la habitación o por el temor y el deseo que se entremezclaban en su pecho. Cada caricia de Aemond la desestabilizaba. Sus manos continuaron su descenso, acariciando la curva de su cintura antes de detenerse justo en sus caderas. El roce de sus dedos era a la vez suave y posesivo, como si quisiera marcarla como suya. A Valaena le faltaba el aire, cada respiración se volvía más pesada.
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La Sangre del Dragon ~ Valaena Velaryon ~ Aemond Targaryen
FanfictionValaena Velaryon, la primogénita de Rhaenyra Targaryen y Laenor Velaryon, segunda en su nombre. Apodada "La Flor de la Corona", podría tener lo que desee, pero lo único que la hará feliz es lo único que parecería ser lo que no le conviene... Aemond...
