Capítulo 52: Expedientes.

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Cornan sacó a Andy del cuarto de Christian antes de que fuera la hora de comer, ya estaba completamente despierto y parecía estar bastante consciente.

-¿Cómo te encuentras, Christian?

-Tengo hambre.

-Lo se... -dijo y suspiró fastidiado de haber escuchado esa frase millones de veces en ese año-. Dentro de unos minutos estará lista la comida.

-Tengo hambre. -repitió. Cornan volteó los ojos y suspiró.

-Bien -se levantó de la cama sin obtener ningún movimiento de parte de Christian-, no te quiero tener aquí durante meses así que empecemos.

...

Leonel Cornan, de treinta años recién cumplidos, el líder, jefe y encargado de la actual administración del hospital psiquiátrico Francelli. Nieto de un militar retirado que por alguna razón había gastado miserablemente sus últimos años de vida tratando de crear algo fastidioso a su parecer, un psiquiátrico. Nunca supo porque de su razón, o más bien quería ignorarlo y dejarlo pasar. Su padre murió cuando él era niño y su abuelo terminó por hacerse cargo de él por simple "humanidad", aunque sabía que lo hacía por cariño.

Un largo linaje de psiquiatras, psicólogos y médicos era lo que tenía en su sangre pero él al tratar de ser diferente se estrelló contra la verdad...

Teniendo él mismo varios trastornos leves. Por alguna razón le divertía cada paciente que llegaba y muy en el fondo las situaciones le parecían en extremo... excitantes.

Con Christian todo era más fuerte, lo llevaba al extremo de tener una fuerte erección cada vez que lo veía en estás situaciones, le entretenía.

Por ser el único nieto que quedaba en la familia terminó por heredar el hospital. Algunos heredan empresas, otros millones de dinero o quizás una mansión, él había heredado un centro para almacenar personas desquiciadas, aunque teniendo en cuenta su condición, su pasión por ese ambiente, su amplio conocimiento en la psicología y psiquiatría y el increíble aporte monetario que le llegaba con cada paciente... Realmente no podía quejarse.

No tenía de que quejarse...

...

Respiro profundamente mirando con enojo a Christian en el momento en el que lo escupió, él por su parte no hacía más que reírse. Sin pensarlo lo golpeó con muy poca gentileza en el rostro, causando que Christian reaccionara y lo mirara levemente desconcertado.

-Mierda. -sacó un pañuelo de su bolsillo y limpió su cuello-. Creo haberte dicho más de mil veces que es de muy mal gusto escupirle a la gente.

-Lo siento. -contestó enseguida sin quitar la mano de la parte superior derecha de su cabeza, que era donde había llegado el golpe.

-Este tipo de cosas condenan a muchos pacientes a la sala de control -le dijo sonriendo mientras veía como inspirada el terror en su mirada-, ¿lo sabías, Christian? -soltó una risita burlona-. Creo que si lo sabes... Lo dejaré pasar por esta vez solo porque parece que has estado un poco libre pero sería bien que leyeras las reglas... Aunque... No debería ser necesario, sabiendo que te lo aprendiste desde el principio hasta el final. ¿Por qué se te hace tan difícil seguir las reglas? ¿Es tan complicado para ti? ¿Eres tan inútil como para no entenderlo? ¿O acaso te haces el retrasado?

Diez años conociendo de su caso y aún seguía impresionandole el poder que tenían las palabras ante la frágil mente de Christian, era diferente, era algo único, le encantaría tenerlo todos los días encerrado y experimentar con él días y noches sin parar.

...

Conan luego del incidente con Christian en la habitación, se retiró a su oficina después de administrarle unas medicinas, no se preocuparía por él en varias horas.

Por alguna razón quiso volver a revisar los registros de Christian. Un simple cuaderno lleno de anotaciones muy específicas de un psiquiatra con depresión. Suspiró. En el expediente de Christian salía muy específicamente cada faceta, cada manera de actuar. Una vigilancia ridícula que decía de manera detallada su actuar durante toda su estadía en el psiquiátrico de Rusia.

Quizás dentro de su expediente debería agregar trastorno obsesivo compulsivo junto con la depresión.

...

Los primeros diez días, tenía el desequilibrio en su ciclo de sueño, que es la peor etapa, normalmente el cuerpo humano resiste solo un par de días sin dormir, y Christian lo máximo que llegaba a dormir eran dos o tres horas, lo acompañaba esas facetas de fastidio al ruido y al desorden.

Después del día quince lo único que se añade es sus cambios de ánimo, son mínimos, en algunas ocasiones vienen con un ligero toque de violencia pero nada más.

Después del día veinte su alimentación se descontrola y puede dejar de comer o comer en exceso, se volvía excesivamente educado y amable, no pensaba en lo que decía y hacia que cualquier cosa fuera perfecta.

Al pasar la franja de los treinta días, ya deja de ser él y pasa a ser una estatua que respira, aún recordaba el vídeo que había visto en dónde Christian no movió ni un músculo en cinco horas completas y tardaba más de treinta segundos en pestañear, a su parecer perturbador.

Después del día cuarenta pasaba a ser el leopardo cazando a su presa, un experimento que hicieron en Rusia, no sabía si decir completamente que comprobó que Christian cazaba a las personas antes de atacar. Si se descuidaba por veinte minutos exactos no alcazabas a reaccionar cuando Christian ya estaba en tu cuello mordiendo con fuerza. Intentar quitarlo después de que había empezado a morder era complicado, por no decir imposible.

Varios enfermeros habían quedaron sin un pedazo de piel por acercarse demasiado y no vigilarlo.

Después del día cincuenta su personalidad cambiaba y volvía a como era en los días veintes pero con la diferencia que en cualquier segundo estaba pensando en sangre.

Tenía varias señales raras antes de perder el control. Iban de menor a mayor en la escala del peligro.

Mirar a un lugar fijamente era la que menos importaba, rasguñar sus manos era signo de peligro pero no mucho, era su manera de controlarse, cómo si estuviera haciéndose lo que quería hacerle a alguien más, que estuviera mordiéndose la lengua ya era algo para preocuparse.

La que más alteraba a Andy era cuando hacía un sonido raro, logró descubrir que lo hacía con la lengua junto con el paladar, sonaba como si se dieran toques a una cerámica.

La que más asustaba a Lucas era cuando sonreía, jamás iba a poder explicar la sensación que tuvo al verlo sonreír de esa manera, era tan extraño pero tan increíble a la vez. Lucas siempre pedía ayuda en ese punto de su desequilibrio, sabía que si pasaba de allí no podría controlarlo.

Jim no se asustaba con cosas pequeñas, no le importaba ni cuando de la nada ponía los ojos en blanco, ni cuando se reía, ni porque balbuceara, pero... Cuando cerraba los ojos y mordía a la nada con fuerza se daba cuenta de la alteración en su mirada.

La que nadie quería ver o escuchar era cuando comenzaba a gruñir, lo hacía en sus crisis cuando estaba realmente molesto pero trataba de controlarse. Pocas veces habían podido escucharlo, era terrorífico oírlo, veías toda tu vida pasar ante tus ojos. Era como una sentencia completa a la muerte.

Christian realmente era algo fascinante.

Se recostó en la silla girándola levemente de un lado a otro. Sonrió.

-Christian... Realmente eres un idiota. -susurró sin dejar de reír.

 -susurró sin dejar de reír

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YohaLR

Darkness Behind The Glow. TRILOGÍA [DESPUÉS DE TÚ MUERTE].Donde viven las historias. Descúbrelo ahora