El amanecer se siente distinto hoy. No hay rastro de la frialdad que usualmente impregna mis mañanas, ni la sombra que suele perseguirme en cada despertar. En cambio, el día parece teñido de un tono más claro, como si el universo hubiera decidido darme un respiro momentáneo de la oscuridad que suelo abrazar.
Me levanto antes de lo habitual, con una energía que no suelo permitirme. El castillo sigue sumido en el silencio del alba, y ese vacío me da la oportunidad perfecta para concentrarme. Me visto con calma, sin apuros, cada botón de mi camisa alineado con precisión, cada pliegue en su lugar. El orden es parte de mi esencia.
Tomo mis libros y me dirijo a una mesa en la sala común. Paso las páginas con paciencia, repasando cada concepto con la determinación de alguien que no permite errores. No estudio por cumplir, estudio porque el conocimiento es poder, y en este mundo, solo aquellos que dominan su entorno pueden sobrevivir sin depender de nadie.
Hoy, por primera vez en mucho tiempo, el peso en mi pecho no se siente tan sofocante. Pero eso no significa que haya bajado la guardia.
El sonido del timbre resuena a través del castillo, marcando el inicio de la primera clase. Me pongo de pie con calma, cerrando el libro que había estado repasando. Justo cuando me dispongo a salir, mi mirada se desliza por la fecha en el calendario colgado en la sala común. Cuatro de octubre.
Por un momento, el número parece sostenerse en mi mente, como si debiera significar algo. Pero, ¿qué importancia tiene una fecha? No me detengo a pensarlo más y sigo mi camino.
Al llegar al aula, noto que algo es diferente. Las miradas de mis compañeros son más insistentes de lo habitual. Algunos cuchichean entre ellos, otros simplemente me observan como si esperaran algo. No es la primera vez que soy el centro de atención, pero hay algo en la forma en que lo hacen hoy que me resulta extrañamente incómodo.
Ignoro la inquietud y tomo asiento, dejando mis cosas sobre el escritorio con precisión. Si alguien tiene algo que decir, que lo diga. Pero nadie se atreve. Susurros, miradas furtivas... siempre lo mismo. La gente nunca cambia.
Rowan se acerca con su energía habitual, aunque esta vez parece más efusivo. Se sienta a mi lado y me saluda con un ánimo inusualmente alto. Le devuelvo el saludo con la misma intensidad, sin darle mayor importancia.
Pero algo no encaja. Su sonrisa se siente forzada, como si ocultara algo detrás de ella. Sus dedos tamborilean contra la mesa con impaciencia, y de vez en cuando me mira de reojo, como si buscara el momento adecuado para hablar.
—¿Qué pasa? —pregunto directamente, sin rodeos.
Rowan duda. Abre la boca, pero la cierra de inmediato. Su expresión se torna seria, insegura. No es solo él. Alrededor, el murmullo de los demás se intensifica. No puedo evitar notar cómo varias miradas se clavan en mí, cómo algunos desvían la vista rápidamente cuando mis ojos se cruzan con los suyos.
Es como si todos supieran algo que yo no. Como si esperaran a que lo descubriera por mi cuenta... o a que alguien reuniera el valor suficiente para decírmelo.
El sonido de la campana marcando el final de la primera hora apenas llega a mis oídos. Todo se siente extraño, como si el aire se hubiera vuelto más denso de repente. Un murmullo recorre el aula, una especie de energía contenida que no logro descifrar del todo.
Me levanto de mi asiento con la intención de salir, pero en cuanto doy un paso, noto cómo la gente comienza a rodearme. Primero, Rowan, luego Penny, y antes de darme cuenta, todos han formado un círculo a mi alrededor.
—¿Qué demonios...? —murmuro, pero no tengo tiempo de reaccionar.
—¡Feliz cumpleaños, Frank! —sueltan todos al unísono.
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La Elección
RomanceHistoria basada, recopilada e inspirada en Hogwarts Mystery, he sustraído los personajes y la temática de esta, para crear mi propia Fanfic, pero esto no absenta que la historia vaya de acuerdo a la trama del juego, o la misma cadena de reproducción...
