Me desperté tarde, mucho más tarde de lo habitual. Eran ya las doce del mediodía, y el sol entraba con fuerza por la ventana, como si quisiera recordarme que el castigo era solo una excusa para escaparme de todo lo que pasaba fuera de ese cuarto. Merula estaba ahí, a mi lado, envuelta en una de mis camisas, desordenada y hermosa a su manera oscura y frágil. Su presencia era un refugio, y eso era todo lo que importaba.
Nos levantamos lentamente, sin prisa, sin planes. Teníamos hambre, pero no había apuro. Nos vestimos con ropa cómoda, algo que encontré en mi armario, y bajamos al comedor. La mayoría de los estudiantes ya estaban almorzando, hablando en grupos, sin notar ni importarnos demasiado. Nosotros, en cambio, apenas comenzábamos a desayunar, robándonos ese tiempo para nosotros solos, alejados de miradas inquisitivas y juicios que no buscaban entendernos.
Mientras Merula se sentaba frente a mí, jugueteando con su cuchara y lanzándome miradas que no eran solo de desafío, sino de complicidad, sentí que este día de sanción era la primera pausa real que teníamos desde que todo comenzó a derrumbarse. No eran vacaciones en el sentido clásico, pero para nosotros, encerrados en nuestro propio mundo, era la única forma de mantenernos vivos.
No importaba lo que dijeran los demás. Aquí, conmigo, Merula era mi único mundo. Y haría lo que fuera para protegerlo, incluso si eso significaba convertirnos en monstruos más oscuros de lo que el mundo estaba dispuesto a aceptar.
Me sorprendió verlas llegar en tropel, como un enjambre curioso y expectante. Eran al menos veinte chicas de primer año, mirándonos con ojos brillantes, sin inmutarse de lo tarde que era ni de la sanción que cargábamos. Se sentaron a nuestro alrededor sin pedir permiso, formando un semicírculo improvisado en la gran mesa del comedor.
Merula y yo intercambiamos una mirada. Había algo casi doloroso en esa inocencia, en la manera en que nos contemplaban como si fuéramos un dúo de leyenda. Una parte de mí se sintió halagada; otra, incómoda. Pero no podía ignorarlas.
Una de ellas, la más atrevida, tomó la palabra:
—¿Cómo es...? —titubeó—... estar juntos después de todo lo que se ha dicho de ustedes?
Otra añadió:
—Dicen que te proteges mutuamente como un príncipe azul y su dama oscura. ¿Es verdad que harías cualquier cosa por ella?
Sentí el peso de cada mirada fija en mí; no había retorno. Susurré a Merula:
—¿Quieres... responder?
Ella asintió, su sonrisa era tranquila.
—Somos nosotros contra el mundo —dijo con voz suave—. Si el mundo piensa que somos un cuento de hadas, que así sea. Solo sé que no vacilaría un segundo en defenderlo.
Las chispas de admiración estallaron en murmullos y risas nerviosas. Me incorporé, la fría formalidad de mi voz desmintiendo cualquier falsa modestia:
—No somos un cuento. Somos dos personas que eligieron mantenerse juntas, incluso cuando todo se derrumbó. No busquen fantasías; busquen fuerza para enfrentar lo que venga.
La líder del grupo asintió, complacida, y las demás la siguieron. En sus rostros vi la admiración, la ilusión de seguridad que anhelaban. Y en ese instante comprendí que nuestra sanción, nuestro aislamiento, se había convertido en un símbolo. Un extraño faro de poder.
Merula rozó mi mano, y juntos terminamos nuestro desayuno con la mirada fija hacia adelante, sabiendo que incluso en la sombra, éramos capaces de inspirar. Si ese era el precio de mantenernos unidos, lo pagaríamos... una y otra vez.
Caminábamos por los corredores de piedra como si fuéramos dueños de este laberinto ancestral. Merula apoyada en mi hombro, sus dedos entrelazados en los míos, su risa apenas un murmullo contra el eco de mis pasos. Yo la complacía en cada capricho: sujetarle la capa, apartarle un mechón del rostro, inclinarme para susurrarle algo que sólo ella escuchaba.
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La Elección
RomanceHistoria basada, recopilada e inspirada en Hogwarts Mystery, he sustraído los personajes y la temática de esta, para crear mi propia Fanfic, pero esto no absenta que la historia vaya de acuerdo a la trama del juego, o la misma cadena de reproducción...
