Sombras Eternas #50

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Apenas amaneció, mi cuarto se llenó de ecos y tensiones. La luz era tenue, como si Hogwarts supiera que algo dentro de estas paredes estaba roto. No era un día común. No después de haber tenido a Darius acorralado... y haberlo dejado escapar. No después de perder a Merula.

Mi espalda aún dolía por los impactos de la pelea, pero mi mente era una máquina ya encendida. No hay espacio para el dolor. No hay espacio para remordimientos. Reuní al grupo. Penny fue la primera en llegar, con la mirada entre molesta y cansada. Tulip venía después, silenciosa, sus pasos más pesados de lo normal. Barnaby tardó, pero llegó. Con el ceño fruncido. Con rencor. Y con razón.

Rowan aún seguía en la enfermería, pero le dejé una nota para que se comunique apenas despierte.

Me mantuve de pie frente a ellos, sin cruzar los brazos, sin titubear. La puerta se cerró con un chasquido encantado. Ya estábamos dentro. Ya no había vuelta atrás.

—Merula está en algún lugar entre las sombras —dije sin rodeos, directo, sin adorno—. Darius no huye. Se esconde. Porque eso es lo que hacen los cobardes cuando ya no tienen ventaja.

Nadie respondió. Solo se oían respiraciones contenidas y un par de miradas incómodas. La tensión entre nosotros todavía era palpable, como una herida mal cerrada.

—Lo único que nos queda es rastrearlo. Y lo haremos —continué—. Pero esta vez lo haremos a mi manera. Sin distracciones, sin escándalos, sin emociones que nos frenen.

Desplegué el mapa encantado que llevaba días trabajando. Un encantamiento modificado de los gemelos Weasley. No revela a todos, pero sí a aquellos que poseen magia oscura inestable. Darius era una mancha viva en ese mapa. Irregular, descompuesta... pero visible.

—Aquí está. Pasó por el Ala Este. Pero ahora... está en el subsuelo. Algún sitio donde no debería haber acceso. Las catacumbas prohibidas.

Tulip levantó la cabeza, sorprendida. —¿Las del pasillo sellado?

Asentí. —Nadie las usa. Ni siquiera los profesores. Pero Darius conoce Hogwarts mejor que muchos de ellos. Y tiene a Merula... la quiere viva por algo. No sé si es venganza, castigo o simple control.

Penny dio un paso al frente. —¿Y cómo entramos?

—Ya lo tengo resuelto. Lo que necesito de ustedes es una sola cosa: obediencia.

Barnaby se cruzó de brazos. —¿Y si no estoy de acuerdo?

Lo miré sin alterar el tono. —Entonces quédate. Esto no es un juego de valentía. Es una operación de precisión.

Silencio. Todos me miraban, incluso Penny. Pero nadie se atrevió a contradecirme.

—Nos preparamos hoy. Entramos mañana por la noche. No es una misión de rescate. Es una operación quirúrgica. Entramos, recuperamos a Merula, destruimos todo lo que él haya creado ahí abajo... y salimos sin una sola baja más.

Me acerqué a la ventana. Vi el reflejo de todos ellos en el cristal. Desgastados, divididos... pero vivos.

Y yo... frío, sí. Más que nunca. Pero más determinado también.

Porque lo único que me queda claro... es que a Merula, no pienso perderla. No otra vez.

El ambiente dentro de mi cuarto era espeso. No por el calor. No por el aire. Era la tensión. Ese tipo de tensión que te cala hasta los huesos y que hace que incluso las palabras más suaves suenen como amenazas.

Todos estaban de acuerdo con mi plan. Esa era la parte fácil. La difícil sería mantenernos unidos sin permitir que las emociones volvieran a resquebrajar todo como la vez anterior. No podíamos darnos ese lujo. No esta vez.

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