Me desperté lentamente, como si mis sentidos todavía intentaran separarse del peso de los días anteriores. El dormitorio estaba en completo silencio... salvo por un leve sonido constante, casi imperceptible: el suave ronquido de Merula, apenas un suspiro. Me giré hacia ella, y durante unos minutos me limité a observarla. Su respiración era tranquila, sus párpados cerrados apenas temblaban con lo que fuera que estuviera soñando. En ese instante no parecía una bruja temida, ni una víctima rota. Solo era Merula. La misma que alguna vez odié, la misma que terminé amando con una intensidad que me destruye.
Mi mirada se quedó detenida en la curva de su rostro, en los mechones revueltos sobre la almohada, en la línea de su cuello. Estaba atrapado en ese momento. En ella.
Abrió lentamente los ojos. Parpadeó unas cuantas veces antes de enfocarse en mí. No dijo nada al principio. Solo me observó en silencio... y luego, de la nada, sonrió. Una risa ligera se le escapó, burlona, como si supiera perfectamente lo que había estado haciendo.
—¿Cuánto tiempo llevas mirándome así, Quezada? —susurró entre sueños, medio dormida.
No respondí. Solo levanté una ceja, fingiendo indiferencia, pero ella sabía leerme. Siempre lo ha hecho.
No pude evitarlo. Me incliné sobre ella con intención, sin palabras, sin aviso. La besé. No con desesperación ni pasión desenfrenada. Fue un beso calculado, firme. Una especie de "buenos días" entre sombras. Ella respondió con una sonrisa maliciosa, como si todo el caos que habíamos vivido la noche anterior no fuera más que una bruma lejana.
Sí, fue un buen comienzo de día... pero lo sabía: no durarían mucho esos momentos de calma. Lo que había hecho... lo que éramos ahora... tarde o temprano, todo eso tendría que enfrentarse.
Pero por ahora, al menos por este instante, me permití fingir que el mundo no nos odiaba.
Mientras ella aún reposaba, se levantó repentinamente con una expresión de incomodidad leve.
—Tu ropa huele a ti —dijo mientras me sacaba la lengua—, y aunque eso me gusta... también me desespera.
Rió y salió rápido hacia su cuarto. Sus pasos se perdieron entre los pasillos de la sala común mientras yo me preparaba en silencio. Me vestí sin prisa. No había urgencia... no para mí. Todo lo que importaba en ese instante era volver a verla, tenerla a mi lado. El resto podía esperar.
Una vez estuve listo, salí rumbo a su cuarto. Caminé por los pasillos como si no hubiese nadie más en el castillo. Como si este mundo solo nos perteneciera a ella y a mí. Llegué a su puerta. Toqué dos veces, suave pero firme.
—¿Merula? —dije.
No hubo respuesta.
Pensé que quizás se había dormido otra vez o que simplemente no me escuchó. Sin pensarlo demasiado, giré la perilla. No tenía razones para sospechar que algo fuera extraño. Abrí la puerta con naturalidad... y ahí estaba ella.
Acababa de salir de la ducha. Vapor aún flotaba en el ambiente, disipándose lentamente en el aire. Su cuerpo estaba completamente desnudo, de espaldas, buscando algo en un cajón. El sonido de la puerta la hizo girarse.
En ese segundo, nuestras miradas se encontraron. Y por un instante, el tiempo se detuvo.
Mi mente, por primera vez en mucho tiempo, se quedó en blanco. Fue un error... uno torpe, humano. Y yo ya no me sentía humano desde hace tiempo.
Me di la vuelta de inmediato y salí corriendo, cerrando la puerta con un estruendo contenido.
—¡Perdón! ¡No sabía que estabas así! —grité al pasillo, sin atreverme a mirar atrás.
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La Elección
عاطفيّةHistoria basada, recopilada e inspirada en Hogwarts Mystery, he sustraído los personajes y la temática de esta, para crear mi propia Fanfic, pero esto no absenta que la historia vaya de acuerdo a la trama del juego, o la misma cadena de reproducción...
