"¿Cuándo se va a terminar esto?"
"Me duele todo el cuerpo cuando me pide ayuda con sus proyectos".
"Odio mi quirk, es insufrible".
"¿Por qué tengo que pasar por esto?"
Eri; una niña que lamentaba más la existencia de su quirk que cualquier otra cosa, una niña que jamás ha conocido una festividad, una celebración o algún momento de felicidad plena, simplemente pasa por lo mismo día por día... Se levanta en una habitación a medida para ella, va con su bata de hospital al baño acompañada de Overhaul y luego es momento de iniciar con la "hora de proyectos". Es retóricamente fácil y sencillo, pero muy, muy doloroso más que las llamas del mismísimo infierno de todas las religiones juntas.
Es llevada a una sala oscura con un bombillo, nadie le dice palabras diferentes a:
"Guarda silencio, niña".
"Deja de llorar, no es para tanto".
"Ya deberías estar acostumbrada a este procedimiento".
"¿Es necesario conservarla con lo molesta que es?"
Sin embargo, hay alguien diferente, ese hombre que todos los días la acompaña al baño en las mañanas es la persona más amable y al mismo tiempo cruel que conoce nuestra pequeña niña con cuernito de unicornio.
Él charla con ella unos minutos pocos al día, finge escuchar sus preguntas y responde un pequeño porcentaje de estas cuando se le da la gana, pero fuera de eso, sigue siendo el mismo hombre villano poderoso y hambriento de poder y control que no le importa pasar por encima de quien sea para conseguir lo que desea, tristemente, eso la incluye a ella y lo sabe desde hace un tiempo. Por eso no puede evitar temblar y hacer de sus ojos cataratas interminables de lágrimas desconsoladas y ansiosas por recibir aunque sea un poco de ayuda... Algún día...
El dolor nunca termina, por más que desea quedarse dormida y no volver a despertar para pasar por lo mismo, nadie la escucha, sus necesidades se ven nulas cuando su única rutina se basa en sentarse en una silla incómoda e incolora de metal que la lástima, solo para más tarde ser sometida a pruebas y pruebas para conseguir quién sabe qué exactamente.
Su cuerpo se deshace, le aterra verse desaparecer mientras sus tejidos, sus órganos, sus células parecen desaparecer en el aire, sin embargo, de repente solo vuelve gracias a su condenado quirk, ese quirk que tanto no la deja descansar y parece ser el detonante central de sus mil desgracias.
"¿Esto es vida?"
Solía preguntarse aveces después de llorar abrazada a sus pequeñas rodillas en una esquina de su insípida habitación. Por desgracia no conocía nada más, pensaba que así vivían todos afuera, cada niño era sometido a experimentos al igual que ella en su cabecita ingenua, si supiera que los niños normales pasean por ahí con sus padres tomando helados y juguetes en su lugar...
En su razonamiento de niña, solo habían dos opciones a la respuesta del señor Overhaul:
O
Era un gran mentiroso cuando le decía que ella vivía como cualquiera.
O
Él tenía razón y la protegía al no dejarla salir.
Quién sabe, si él llegaba tener razón la estaría protegiendo de sufrir más al ver el dolor de otros infantes ajenos a ella, era extraño, más aún así, ese señor era lo único que ella tenía, el único capaz de... Protegerla de los demás, nadie se atrevía a ponerle mala cara con él cerca, lo que dejaba a la incógnita una pregunta al aire:
"¿El señor Overhaul es bueno o malo?"
Eri ni siquiera sabía lo que era ver televisión, rodeada de pantallas que solo mostraban números y letras ordenadas de forma compleja eran ilegibles para ella, todo era aburrido, todo era peligroso, lo nuevo era nulo y prohibido, divertirse era un mito incumplible, todo su entorno la tenía enloquecida, es decir, ¡¿cómo se puede pasar los días así?!
Todas las paredes blancas, sus pies descalzos y su vestimenta se basaba solo en esa bata azulada y una camisa blanca con shorts del mismo color debajo junto a su ropa interior.
- Señor...
- ¿Qué necesitas ahora, No.136? - Oh, sí, nadie la llama 'Eri', en su lugar la apodaron con un número: 136. ¿Qué significará dicho número? Ella no lo sabe.
- Tengo hambre... - habló en voz baja con la cabeza gacha, sus manitas abrazando los bordes de su bata en un claro signo de miedo y nervios constantes.
- Acompáñame. - ordenó después de suspirar, parando un momento sus investigaciones para extender su mano, la misma con la que desintegraba a diario a Eri, con esa misma palma nauseabunda guío por los largos y silenciosos pasillos a paso lento a la pequeña hacía una cocina, donde cocino algo de arroz y se lo dió con un vaso de leche.
~ En la cocina ~
- ¿Cómo se dice, No.136?
- Gracias por la comida, señor.
- Bien dicho, ahora come rápido que tenemos que volver al laboratorio, ¿bueno?
- Sí, señor... - asintió dócilmente, comiendo a bocados pequeños, pero veloces, sin chistar en obedecer y acatar órdenes, al fin y al cabo, siempre que se portaba bien le hacían creer que era porque se portaba bien, sin saber que en realidad todo se trataba de los horarios de Overhaul.
× Continuará ×
(Capítulo diferente, mis queridos y queridas lectoras. Díganme que opinan del formato, hay que ir introduciendo a los retoños más pequeños poco a poco :), disculpen la demora y disfruten :3)
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Doble opinión
FanfictionIzuku Midoriya, un chico de 16 años que va a la preparatoria más famosa de todo Japón: la UA, lugar especializado en convertir a jóvenes soñadores, en héroes capaces y justicieros, pero... ¿quien iba a imaginar que Izuku, mejor apodado Deku, podía n...
