Izuku Midoriya, un chico de 16 años que va a la preparatoria más famosa de todo Japón: la UA, lugar especializado en convertir a jóvenes soñadores, en héroes capaces y justicieros, pero... ¿quien iba a imaginar que Izuku, mejor apodado Deku, podía n...
Cuando un evento resulta demasiado grande para que la mente pueda manejar el trauma, el cerebro se protege olvidando dicho recuerdo y resguardando aquello en el fondo celosamente.
Izuku 1 parecía recordar su infancia, su secundaria, sin embargo, en el momento que despertó del hospital... sintió algo raro en su pecho, un cosquilleo que le agitaba la respiración, las clases pasaron bastante lento para él, Uraraka, Iida, Tsuyu, Momo e incluso Bakugo se preguntaban porque el pecoso parecía estar en otro mundo. Los asuntos de cada uno llenaban más espacio, "seguro Izuku Midoriya pedirá ayuda cuando la necesite".
GRAVE ERROR.
Darle confianza a un Midoriya de mantenerse solo a sí mismo era igual que dejar a un borracho en un bar y confiar en que estaría sobrio al volver por él.
Mitsuki había aprendido dicha lección hace años.
Y Katsuki todavía estaba cada vez más cerca de aprender la misma lección que su madre con aquella familia de peliverdes.
Izuku 1 pasó por el orfanato, ni siquiera sabía que hacía en dicho lugar, pero sus pies lo arrastraron allí de todas formas. Unos niños y un par de niñas salieron a recibirlo: llamándolo mamá y cayendo a sus brazos, aún así, las palabras eran inexistentes, Izuku 1 no recordaba a ninguno de esos infantes, tampoco escuchaba voces. Tampoco a el señor Kiwi, quien miraba con ¿preocupación? ¿Nervios? Era complicado descifrarlo, de todas formas el pecoso sintió su corazón achicarse bajo sus costillas al ver dicha mirada discreta tras la puerta, decidió no pasar adentro, se despidió incómodo y se retiró al bar. Una mujer de ostentosa vestimenta lo saludó: tampoco la reconoció, se sentía familiar, más al mismo tiempo lejano como las estrellas en el cielo. No ingresó una vez más, llegó al apartamento, tiró su mochila al primer mueble que vió y su celular sufrió el mismo destino.
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- ¿No recuerdas a nadie, Izuku? - una voz sonó a su alrededor, se giró, presionó el interruptor y la luz no se encendió, ¿su madre aún no pagaba la factura? ¿Cuál era su nombre? ¿Cómo era su rostro? ¿Quién le estaba hablando? ¿Por qué sonaba tan cerca y se sentía tan lejos aquella misteriosa voz?
- Aquí. En el espejo. - Indicó, Izuku 1 se acercó a un cajón, hallando en dicho lugar un marco viejo y dañado con un cristal en el centro de forma circular, allí podía verse en su uniforme de secundaria, con un parche en la mejilla izquierda y una sonrisa que sentía que no le pertenecía... Aquello lo sacó de su calma, era su rostro, su voz, pero algo, algo se sintió tan extraño que se le revolvió el estómago.
- Vaya, ¿ni siquiera me recuerdas a mí? Eso es ofensivo, ¿lo sabías? Bueno, no importa, ¿por qué no hablamos de lo relevante aquí? ¿No te parece? - El peliverde asintió, sumido en su trance, fue a tomar asiento sobre un cojín frente a la mesa de madera, ¿su casa siempre estuvo tan limpia? No alargó más el asunto, hablaría con su reflejo, la actividad más normal para su distorsionado razonamiento en ese momento.
Pequeños golpeteos llamaron su atención, otro cajón, otro espejo, uno pertenenciente a su madre, ya con algo de polvo y color desgatado, lo abrió y pudo divisarse a sí mismo ¿de nuevo? Tenía otra expresión, lo que solo quería decir que eran distintos.
- Izuku, no puedes quedarte aquí, querido, te esperan en otro sitio en menos de una hora. - Una sonrisa, cálida por fuera y hueca por dentro. Como si ser feliz fuera una imposibilidad.
- ¡No seas aguafiestas, idiota 3! ¿Qué no ves que de milagro se acuerda de su nombre? Hay que hacerlo recordar. - Su reflejo en el espejo dañado se tronó los nudillos, la malicia resbalaba con descaro en cada una de sus frases.
- × ¡¡PUES VAMOS A HACER QUE RECUERDE!! × - Alzó la voz un tercer integrante en la sala, se hallaba en el espejo de cuerpo completo, más no era suficiente su tamaño para llenar dicho espacio, puesto que tenía el cuerpo de cuando iba a la primaria, de inmediato los otros dos en los espejos de sus manos abrieron los ojos con sorpresa.
- ¿Recordar qu-..?
- All Might, porfavor apiadate de nuestras vidas... - decía y sus manos formando la clásica forma de plegaria.
- ¡ERES UN HIJO DE-..!
El silencio dominó aquella casa de no muy gran tamaño. Izuku mantuvo sus ojos cerrados sin quererlo, sin comprender, las pastillas "felices" en su hogar yacían ocultas;
Que bueno.
Si hubieran encontrado que esa sustancia perjudicial en su cuerpo fue ingerida de manera intencional... tal vez el pecoso ya se habría colgado de una viga con una soga.