Capitulo 57:

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Narra Diego:
La visita de Mia me cayó de absoluta sorpresa, sobre todo porque estaba bien claro de qué me iba a hablar ella. Del único tema que teníamos en común: Roberta.

Me había caído muy bien durante el tiempo que estuve con Roberta, incluso los primeros días después de que se fue a Europa la cruzaba y la saluda, pero luego, poco a poco, se fue perdiendo toda esa pequeña relación que teníamos.

Creo que el día que ella me vió saliendo de un hotel con otra mujer me dí cuenta que ya no podría volver a mirarla a la cara para saludarla.
Hasta supuse que se lo iba a ir corriendo a contar a Roberta.

Ella miró hacia adentro de la casa sin ningún tipo de disimulo y se acomodó la cartera sobre el hombro, como pensando si debía o no entrar. Esa expresión en su cara de "yo soy rica y vos pobre" me ponía nervioso.

Diego: ¿Vas a pasar o me vas a decir lo que venís a decir acá?
Mia: Voy a pasar. Digo, puedo pasar?
Diego: Si, pasá. Igual no te asustes si no es el castillo al que estás acostumbrada..
Mia: Yo no vivo en un castillo, Diego.
Diego: Bueno, más o menos.

Me hice a un lado para dejarla pasar y ella entró. No miró mucho hacia los costados, pero estábamos en el living donde no había nadie así que no había mucho que mirar en realidad.
Agradecí que no estuvieran mis sobrinos para que no molestaran y ella pudiera decirme lo que quería decirme rápido e irse.

Diego: Seguramente me vas a hablar de Roberta.. puedo adivinarlo..
Mia: Si, te voy a hablar de mi amiga.
Diego: Empecemos, no queremos perder más de tu valioso tiempo.
Mia: Te volviste un completo idiota. (me atacó y yo solo alcé una ceja) No hay nada que hacer contra la idiotez, pero bueno, estoy acá para dejes de hacer sufrir a mi amiga y te vayas con tus porquerías lo más lejos que puedas de ella.
Diego: ¿Me ves cerca de ella, acaso?
Mia: Estuviste dando notas solo para joderle la vida, que lejos estás de ella, eh! (ironizó, y soltó un risa amarga) Espero que te entre en ese pequeño cerebro de escarabajo que no quiero que vuelvas a molestarla, me escuchaste?
Diego: ¿Me dijiste escarabajo? (murmuré)
Mia: Y puedo decirte cosas peores... (suspiró) Si tanto la odiás, soltala Diego, dejala en paz y hacé tu vida con todas las putas que quieras llevarte a los hoteles.

Me clavó la mirada, claramente trayendo ese recuerdo de cuando nos vimos cara a cara en la calle, y ella me descubrió engañando a Roberta; que yo esperaba que hubiera borrado de su cabeza.

Otra vez me agarró esa sensación de incomodidad que no soportaba. Si, quizás en su momento no me molestó hacerlo, pero tampoco era algo de lo que me sintiera orgulloso; ya que lo había hecho porque estaba dolido al saber que Roberta salía con otra persona.

Diego: Vos no deberías estar diciéndome esto, esa debería ser Roberta.
Mia: Vos no me vas a decir a mi qué tengo que hacer y qué no. Si estoy acá es porque quiero, y porque voy a defenderla de vos, que solo la hacés sufrir.
Diego: Sos una buena amiga, no? (alcé una ceja)
Mia: No voy a hablar de amistad con vos, porque una amistad implica tener códigos y de eso vos no sabés nada.

Dió media vuelta y abrió la puerta, luego se fue, dejándome en un profundo silencio.

Por dentro me maldije por no haberle puesto lleva a la puerta, de ese modo no se hubiera podido ir tan triunfalmente, dejándome a mi colgando con las palabras en la boca.

Nunca se lo diría a la cara, pero admiraba el modo en que se vino hasta acá pura y exclusivamente para defender a Roberta. Supongo que Roberta era afortunada de tenerla.

Me tiré en el sillón, completamente incapaz de no pensar en lo que ella me dijo...
Que suelte a Roberta, que la deje, que me aleje de ella de una buena vez y para siempre...

Hasta donde yo sabía, eso era exactamente lo que quería hacer porque la odiaba tanto que mientras más lejos de ella estuviera, mucho mejor; pero era como si me mintiera a mi mismo, porque por otro lado lo único que quería hacer era seguir persiguiéndola, ya sea para molestarla o lo que sea.

No la quería soltar.

Al Otro Día:

Narra Roberta:
Salí de la cama temprano en la mañana, y luego de darme una ducha y ponerme ropa deportiva, fui a desayunar.

Dixon estaba sentado a la mesa de la cocina, con unos papeles en su mano y al mirarme, alzó una ceja.

Dixon: Parece que alguien se dignó a aparecer.
Roberta: Ayer no me sentía bien.
Dixon: Estuviste todo el día encerrada, Roberta.
Roberta: Si, porque no me sentía bien.
Dixon: Seguramente quedaste así después de esas preguntas que dijiste que ibas a responder.
Roberta: (me incliné hacia él y hablé bajo) Fue Diego otra vez.
Dixon: Podía imaginarlo. Y no es necesario que susurres, tus papás no están, trabajan.
Roberta: Ah, perfecto... ¿Y eso papeles?
Dixon: Te conseguí tres contratos de tres departamentos diferentes, ¿te acordás que me dijiste que querías irte a vivir sola? bueno, acá podés ver las fotos de los tres, decirme cual te gusta más y firmás el contrato del que elijas.
Roberta: ¿En serio? (sonreí) Gracias, Dixon.
Dixon: Estoy para consentirte... (me tomó del mentón e hizo que lo mire) Pero también para guiarte, y quiero pedirte que por favor te alejes de ese tipo que siempre que se te acerca te deja hecha un trapo de piso.
Roberta: Si, ya lo sé.. (murmuré) es obvio, cualquiera se da cuenta que lo mejor que podría hacer es olvidarme de Diego, pero te juro que no puedo. Las cosas salieron tan mal que me da un odio profundo y no puedo controlarlo. Además él parece perseguirme a todas partes, así que por mucha que quiera alejarme...
Dixon: Bueno, en ese caso convencete vos de no ponerle más atención y no dejar que te maneje los sentimientos. Te necesito con todas las pilas, tenemos muchos shows que dar y luego tenemos que hacer la gira por Latinoamérica..
Roberta: Faltan cuatro meses para eso...
Dixon: Si, pero los meses pasan volando...

Me hundí en mi asciento mientras tomaba mi desayuno y ojeaba las fotos de los departamentos que él me consiguió.
Esta es una de las cosas buenas de tener a alguien que siempre lo hace todo por vos.

Terminé eligiendo uno que era grande, con las paredes y muebles blancos, mesas de vidrio y sillas de cuero blanco; además tenía un enorme balcón con una bonita vista a la ciudad y la habitación era preciosa.
Firmé donde Dixon me dijo y quedamos en que por la tarde iríamos a verlo en persona.

No sabía cómo se iban a tomar mis padres el que me vaya de la casa, pero ya tenía edad como para no darle explicaciones a nadie e independizarme.

Terminé de desayunar y luego de agarrar una botella de agua, mi celular y mis auriculares, salí de mi casa para ir a correr un poco.

Hacía mucho que no hacía ejercicio, y mi cuerpo ya lo necesitaba. Además, despejarme un rato corriendo y escuchando música era lo que más necesitaba en este momento.

(...)

Una llamada entrante me interrumpió mientras corría y escuchaba música. La atendí, rodando los ojos, mientras me quedaba un poco quieta y tomaba agua.
Era un número que no tenía agendado.

Roberta: ¿Si?
Xxx: ¿Roberta Pardo?
Roberta: Si, la misma, ¿quién habla?
Xxx: Soy Gonzalo.. el amigo de Mia.. Nos conocimos en el camarín, en un show..
Roberta: Ah si si, me acuerdo, hola Gonzalo..
Gonza: ¿Cómo estás?
Roberta: Bien, estaba haciendo ejercicio justo ahora.
Gonza: Ah.. yo estaba, bueno, en realidad tengo un rato libre y me acordé de vos.
Roberta: ¿Ah, si? ¿Y por eso la llamada?
Gonza: La llamada en realidad es para invitarte a comer y tomar algo esta noche.
Roberta: (sonreí) La verdad es que me encantaría.
Gonza: ¿Podés? (sonó emocionado) creí que me dirías que tenías la agenda llena..
Roberta: No, los shows empiezan la próxima semana, así que por ahora tengo las noches libres.
Gonza: Puedo pasar a buscarte entonces?
Roberta: Si, claro. Sabés dónde vivo, no?
Gonza: Si, me lo dijo Mia. Nos vemos, a las nueve está bien?
Roberta: Si, está perfecto. (sonreí) Nos vemos esta noche.
Gonza: Nos vemos.

Él cortó y la música volvió a sonar.

Sonreí y seguí corriendo.

¿Qué mejor que un lindo chico para sacarme de la cabeza al tonto que me hace sufrir?

Continuará...

Don't Forget MeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora