Narra Diego:
Me frené en seco cuando me dí cuenta que estaba caminando hacia donde estaba Roberta, siguiendo a Florencia sin notarlo. Ella se giró hacia mi y alzó una ceja.
Había sido bien claro cuando le dije que la acompañaría pero me quedaría lejos; pero ella no parecía recordar esa parte.
Flor: ¿Qué estás esperando?
Diego: ¿Yo? Nada, andá tranquila..
Flor: Ay Diego, acompañame!
Diego: Te dije que no..
Flor: ¿Tenés miedo de que ella te muerda o qué?
Diego: No tengo que darte explicaciones a vos, suficiente con que te acompañé hasta acá.
Flor: Hacé como quieras.
Rodó los ojos y siguió avanzando muy segura y feliz.
Era raro ver que ella era tan fanática de la chica de la que yo estuve enamorado, de la misma a la que yo veía todos los días, la llevaba a la escuela y la veía bailando y cantando frente al espejo de su habitación cuando nadie más la conocía.
Era tan raro que se volvía hasta incómodo.
La ví llegar hacia Roberta, y ví también la sonrisa natural y amable que ella puso cuando la adolescente emocionada le pidió un autógrafo y una foto.
Mia, la amiga de Roberta, también sonrió y se ofreció a tomarles la foto.
Casi sin darme cuenta, estaba caminando hacia ellas. No sé por qué lo hice, de verdad no tengo idea de por qué aunque dije que me quedaría lejos, ahora estaba acercándome.
Roberta abrió los ojos de par en par cuando se dió cuenta que yo estaba parado ahí junto a ellas. Y la sonrisa, tan amplia y brillante que tenía, se borró por unos segundos; pero volvió cuando Flor se giró a mirarla.
Flor: Ah, parece que cambiaste de opinión..
Diego: Yo.. venía a..
Me quedé mirando a Roberta. Ella también me estaba mirando. No podía creer cómo me perdía dentro de esos ojos, cómo después de tanto tiempo y de tantas cosas que habían pasado, me seguía perdiendo en esos ojos preciosos.
Flor: ¿A qué?
Corrí la mirada rápidamente, y miré a la hermana de mi amigo, deseando que ella ni siquiera haya notado el modo en que me colgué mirando a Roberta.
Diego: A decirte que ya nos tenemos que ir.
Flor: Mentira, si no tenemos hora de llegada..
Diego: Pero resulta que yo tengo una vida, y no puedo andar haciendo de niñera todo el día.
Flor: Ay, está bien, está bien.. vamos.. (miró a Roberta) Muchas gracias por la buena onda, además de linda y talentosa sos una persona humilde y amable.
Roberta: Gracias a vos, chiquita, por todo el cariño.
Le dió un abrazo y después nos fuimos.
Yo me quedé colgado en la imagen de sus ojos y su sonrisa, y todo de ella.
Florencia no paraba de hablar y hablar, pero no le puse atención. No podía.
Este era el motivo por el que prefería estar lejos de Roberta, entre otros; no poder arrancármela de la cabeza durante días y días.
Flor: Bueno yo creo que está bastante obvio que hay algo entre ustedes. Antes como que no te creía, pero el modo en que se miraron, dijo demasiado..
Diego: (la miré) Esperá, qué?
Flor: ¿Qué no me estabas escuchando?
Diego: Sólo escuché eso último que dijiste. Y dejame decirte que.. no es así.
Flor: Mirá, a mi también me cuesta creer que la linda, divina y preciosa ídola que tengo se haya fijado en vos, pero bueno, son cosas raras de la vida supongo..
Diego: ¿Qué estás diciendo Florencia?
Flor: Que es obvio que vos te morís por ella y ella se muere por vos; pero arruinaron todo tantas veces que como que volverlo a intentar parece demasiado tóxico para ambos.
La miré otra vez, sorprendido de que esas palabras hayan salido de ella; y ella solo levantó los hombros.
No quería decírselo, pero estaba tan en lo cierto... por lo menos de mi parte, a mi todavía me temblaba el mundo cuando la veía.
Diego: Ella pertenece a "otro mundo" ahora..
Flor: Eso quiere decir que la querés y me lo estás reconociendo, no?
Diego: No, basta, mejor callate.
Llegamos al auto y nos subimos los dos. Florencia rodó los ojos y se puso a buscar algo en su bolso.
Flor: Es increíble lo negador que sos..
Diego: Es mi estado natural.
Flor: Es una idiotez. Se te van las oportunidades y con ellas la vida, nene.
Diego: Dejemos las frases elavoradas para otro momento, si?
Flor: Si dale, vamos a darle un descanso a tu cerebro que no alcanza a comprenderlas todas juntas.
Ignoré ese último insulto y me concentré en arrancar el auto, pero entonces...
Flor: Me olvidé las llaves de mi casa..
Diego: ¿Qué?
Flor: Las saqué del bolso cuando buscaba la libreta y la lapicera para que ella me diera el autógrafo y... las dejé sobre la mesa!
Diego: ¿Es broma, no?
Flor: No, es verdad. Tengo que ir a buscarlas..
Diego: No dejá, voy yo.
Flor: Pensé que no querías verle más la cara y toda esa catarata de mentiras que siempre andás diciendo.
Diego: No voy para verla a ella, voy porque sé que si vas vos te vas a quedar ahí colgada con ella y no nos vamos más.
Flor: Hacé lo que quieras, nene..
Bajé del auto y corrí hacia el interior del shopping otra vez.
Una parte de mi estaba convencida de que estaba haciendo esto por el motivo que le dije a Florencia; pero también existía otra parte que me decía claramente que no, que estaba volviendo a donde sabía que estaba ella para verla unos minutos más.
Por suerte, ellas todavía no se habían ido y me acerqué despacio, intentando no llamar la atención.
Estaba cerca cuando escuché un poco de su conversación.
Mia: ¿Van a salir esta noche entonces?
Roberta: Si, ya te dije que si. Le voy a dar la oportunidad.
Mia: Perfecto, me encantan juntos, van a ser una súper pareja.
Roberta: No te adelantes, por favor.
¿Salir juntos? ¿Pareja?
Aparentemente Roberta tenía una cita esa noche.
Y obviamente... yo no podía permitir eso.
Quería seguir escuchando, pero entonces Roberta alzó la mirada y me vió.
Roberta: Diego.. ¿qué hacés acá otra vez?
Diego: Vine porque...
Narra Roberta:
Mi corazón se detuvo justo en ese momento. Una parte de mi estaba deseando que él dijera que había vuelto porque quería hablar conmigo, porque se había arrepentido de todo lo que había dicho sobre mi...
Y aunque suene estúpido, todavía estaba dispuesta a escucharlo, porque todavía lo quería demasiado.
Ni siquiera me importaba la cita que tenía esa noche. No había ningún otro que me hiciera sentir todo lo que Diego me hacía sentir.
Pero entonces, él continuó con su oración y la realidad me dió un fuerte cachetazo.
Diego: Florencia se olvidó un juego de llaves sobre la mesa.
Roberta: Ah, si, deben ser estas...
Agarré las llaves que había dejado a un lado cuando ellos se fueron y se las extendí; todavía me sentía un poco pálida por las imaginaciones estúpidas que acababa de tener.
Diego: Gracias eh.. chau.
Roberta: De nada, chau..
Mia: Chau..
Se fue rápidamente, casi sin mirarme a la cara y yo me quedé como una estúpida viéndolo mientras se alejaba.
Mia: ¿Vas a dejar de mirarlo y me vas a mirar a mi o tengo para rato hablando con la pared?
Roberta: ¿Cómo puedo quererlo tanto?
Mia: La verdad es que no lo sé, amiga, sos tan.. rara y masoquista.
Roberta: Yo sé que dar vueltas a lo mismo me lastima, y sé muy bien que tengo que olvidarme de él, pero te juro que lo veo y.. no sé...
Mia: Eso es porque estás enamorada del recuerdo que tenés de él; no de lo que es ahora.
Roberta: Si, en eso tenés razón.
Mia: Pensá en otras personas, conocé a otro tipo de gente, Roberta.
Quería decirle que sería inútil porque lo único que hacía cuando hablaba con otros chicos era imaginarme la cara de Diego en sus caras o compararlos con él; pero en lugar de eso asentí y sonreí.
Por La Noche:
Me miré al espejo y sonreí. Me gustaba bastante lo que veía. El vestido que tenía puesto era increíblemente lindo y el color, rojo, resaltaba mis ojos.
Tomé mi bolso y salí rápidamente, antes de que los pensamientos me hicieran cambiar de opinión y terminara cancelando la salida.
Sabía que Gonzalo pasaría por mi en cualquier momento, y me había obligado a mi misma a disfrutar la noche.
Martin: Estás muy hermosa.
Roberta: Gracias, papá.
Martin: Acordate de no volver muy tarde porque mañana temprano te mudás..
Roberta: Yo sé lo que tengo que hacer, papá.
Martin: Tranquila Roberta, no te lo estoy ordenando, solo decía..
Roberta: Bueno, en ese caso, no te preocupes.
Sonó el timbre y fui rápidamente a atender. Gonzalo estaba ahí. Era muy atractivo, si, muy, eso es imposible de negar.
Gonza: Hola..
Roberta: Hola.. (sonreí)
Gonza: Estás hermosa..
Roberta: Muchas gracias.
Gonza: ¿Vamos?
Roberta: Si, claro, vamos..
Saludé con la mano a mi papá y salí junto con él. Me miró con una sonrisa y tomó mi mano.
Yo miré nuestras manos entrelazadas y me sentí extraña.
Gonza: ¿Todo bien?
Roberta: Si, claro. ¿A dónde vamos?
Gonza: Vamos a cenar, qué te parece? Y después..
Roberta: Después quiero llevarte yo a un lugar, si me lo permitís.
Gonza: Si, claro.
Roberta: Soy una chica moderna, no me va eso de que todo lo haga el hombre.
Gonza: Me parece perfecto.
Me guiñó un ojo y nos subimos a su auto.
En ese momento, ví pasar una moto junto al auto, en la dirección contraria a la nuestra. Pasó tan rápido que no pude ver al conductor; pero no sé por qué, algo me dijo que se trataba de Diego.
Continuará...
