Capitulo 56:

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Narra Roberta:
No podía creer que Diego estaba dándole notas a los periodistas. Pude sentir su mirada en mi por varios segundos, pero luego parecía sonreír divertido mientras hablaba con esa gente que lo único que quería era destruírme con sus historias.
Me daba mucha rabia el saber que él solo hacía esto por molestarme a mi... cuando podía arruinarme la carrera con decir una sola cosa fuera de lugar.

Miré a uno de los hombres de mi seguridad y como noté que no me estaba mirando en ese momento, intenté escabullirme por debajo de su brazo para ir a poner un poco de orden en donde estaba Diego. Pero entonces él reaccionó y me agarró del brazo rápidamente.

Xxx: Señorita, es mejor que entre al auto ahora.
Roberta: Necesito hablar con esos periodistas.
Xxx: Dixon no quiere que dé notas. Además hay muchas fanáticas que pueden lastimarla si se le acerca de a montones.
Roberta: Por favor..
Xxx: Entre al auto, estamos haciéndolo por su bien.

Me subí al auto y saqué rápidamente mi teléfono, mientras le daba la orden al chofer de no arrancar hasta que yo le dijera que podía hacerlo.
No podía quedarse así, sin hacer nada al respecto, sin defenderme para nada.

Dixon me atendió al primer tono, él siempre estaba muy atento a mis llamados, y jamás me dejaba colgada.
Una ventaja, supongo.

Roberta: ¿Les podés decir a los de seguridad que me dejen dar notas, por favor?
Dixon: Ya hablamos sobre esto, Roberta. Yo sé lo que te conviene.
Roberta: Si, que Diego me destruya frente a cámaras por despecho, ¿eso me conviene?
Dixon: (suspiró) Está bien, poné a González al teléfono, por favor.
Roberta: Gracias.

Le pasé el celular al de seguridad, con una ceja levantada y con muchas ganas de decirle "te lo dije", cosa que obviamente no hice.
Luego de un par de palabras, González, el de seguridad, me devolvió el teléfono y bajó del auto, para abrirme la puerta a mi y ayudarme a bajar.

Yo sonreír y me apuré a bajar, sin dejar de mirar hacia donde estaba Diego, todavía hablando con los periodistas como quien se pone a conversar con un grupo de amigos de toda la vida.

Tuve que evitar hacer una mueca de desagrado al pasar junto a todas las chicas que me pedían una foto o un autógrafo. Miré al de seguridad suplicante y me acerqué un poco a las chicas, para darles lo que tanto habían esperado, siempre a una distancia considerable y protegida por él.

Una chica rubia no pudo controlar su emoción y se tiró encima mio para abrazarme. González intentó sacármela de encima, pero yo negué con la cabeza y también la abracé. Los abrazos de los fans son tan sinceros que te hacen bien al alma, y no se puede decir que no a ninguno.

Luego me saqué algunas fotos con ella y otras fanáticas, también les firmé remeras y libretas, y después si, tuve que despedirme de ella e irme hacia donde todavía estaba Diego.

Los periodistas sacaron su atención del chico a penas me vieron, y vinieron prácticamente como bestias hacia mi. Diego me clavó la mirada y rodó los ojos.
¿Y ahora qué le hice para despertar su odio por mi?

Periodista: Roberta, Roberta, ¿es cierto todo lo que este joven nos dijo?
Roberta: Disculpen, pero no escuché lo que él dijo, no le estaba poniendo atención, estaba muy ocupada con mis fans.
Periodista: Él acaba de decir que fue su novio durante mucho tiempo, hace cuatro años atrás.

Yo sentí como me ponía completamente nerviosa en cuestión de segundos. Eso era algo privado para mi, como un tema tabú que nunca tocaba, para nada, solo se lo había contado a Dixon en detalle porque pasaba mucho tiempo con él y quería que supiera por qué había días que me sentía completamente deprimida.
En verdad me pareció extraño que él contara que antes salíamos, pero rápidamente me expliqué a mi misma que quizás lo hacía porque ni siquiera le importaba que lo tildaran de ladrón y miles de cosas más, con tal de perjudicarme con eso a mi.

Me mordí el labio inferior, debatiéndome entre decirle la verdad o mentir.

Diego me miraba con mucha atención, y yo me dí cuenta que mentir frente a tantas cámaras, solo podía dejarme mal parada a mi, y sería completamente ridículo.

Así que con toda la seguridad del mundo, que no tenía y estaba fingiendo en este mismo momento, me aclaré la garganta y miré atentamente a la cámara.

Roberta: Si, es cierto, antes éramos pareja.
Periodista: Eso quiere decir que en las fotos que le tomaron hace dos noches..
Roberta: Eso fue una completa confusión que luego va a aclarar mi representante.
Periodista: ¿Pero todavía hay algo entre ustedes?
Roberta: ¿Por qué no se lo preguntan al muchacho? (sonreí falsamente y miré a Diego)

Diego alzó una ceja, sorprendido porque sé que no se esperaba que yo desviara la atención que antes estaba sobre mi hacia él.
Pero no sé por qué, él tenía la capacidad de quedar bien parado siempre, una capacidad de reacción con la que yo no había nacido, evidentemente.

Periodista: ¿Siguen juntos?
Diego: No, es que yo no podría mantener una relación con una persona tan soberbia. Yo seré muchas cosas, pero nunca voy a ser como ella. Se olvidó la humildad en el útero de la madre...

Yo me puse pálida y comprendí rápidamente que ir hacia ahí fue un completo error. Debí haberme ido en el auto, debí haberlo ignorado...

No pude evitar sentir que otra vez se me rompía el corazón y las lágrimas se acumularon en mis ojos.
¿Cuándo me iba a dejar de doler Diego? Tendría que estar acostumbrada ya a su odio hacia mi persona... pero en verdad no podía, no podía acostumbrarme a que me trate así, a que hable así de mi cuando antes me demostraba que me quería tanto...

¿De verdad era posible pasar del amor absoluto a un odio tan profundo?

Los periodistas se giraron hacia mi, esperando ansiosos mi respuesta. Diego sonrió, divertido, pero luego pareció darse cuenta de mis ojos humedecidos y la sonrisa se borró de sus labios... de todos modos no dejó de mirarme de esa forma tan... fría, que dolía como no tienen idea.

Periodista: ¿No vas a responderle a todo lo que dijo sobre vos?
Roberta: No voy a perder mi tiempo discutiendo con una persona que solo busca sus quince minutos de fama.

Sonreí. Esa sonrisa encantadora que convence a todo el mundo de que soy la persona más feliz y segura del mundo.

Luego le indiqué con un pequeño movimiento de cabeza a González que quería volver al auto, y él se acercó a mi, para llevarme hacia el auto, ignorando las preguntas que me siguieron haciendo los periodistas, emocionados, esperando una gran pelea que yo no estaba dispuesta a seguir.

Miré hacia atrás para ver a Diego solo unos segundos, y me dí cuenta que se quedó mirándome unos segundos, y después dió media vuelta y comenzó a alejarse, también ignorando las preguntas insoportables.

Cuando entré al auto, ya no pude seguir evitando el llanto y las lágrimas brotaron a montones de mis ojos...

En verdad no veía la hora de que toda esta angustia se me quitara.

González, que iba a mi lado, me tendió un pañuelo descartable y me miró con pena; yo le agradecí en un susurro por el papel y me sequé las lágrimas, mientras clavaba la mirada en el piso del auto, incapaz de mirar hacia afuera o a la cara de cualquiera de los que estaban dentro del vehículo conmigo.

Cuando llegué a mi casa, me encerré en mi habitación para no tener que ver a nadie, y no le atendí los llamados a Dixon, aunque fueron como diez o un poco más.

Narra Diego:
Me volví a mi casa en colectivo, sin esperar a Martín y a su hermana, solo quería desaparecer de ahí y no volver a acercarme a ninguna cámara nunca más en la vida.
Lo que comenzó como una venganza contra ella, como un estúpido juego que me parecía divertido, terminó siendo una completa porquería que nos hizo mal a los dos.

Detestaba tanto a esa nueva Roberta. Me llenaba de indignación que ella con solo poner cara de tristeza hiciera que mi corazón se sintiera culpable, y que a los cinco segundos sonriera con tanta naturalidad... como si estuviera jugando todo el tiempo.

Si, quizás estuvo mal que yo hiciera todo ese show solo para causarle problemas... pero ella no paraba de darme motivos para sentir que la odiaba cada vez un poco más.

No tardé mucho en llegar a mi casa y claro que tenía como diez llamadas perdidas de Martín, por lo que tuve que llamarlo y explicarle que estaba perfectamente vivo y que solo quería estar solo; además de casi gritarle que nunca más me volviera a pedir que lo acompañe a ver a Roberta en donde sea que ella estuviera...
Nunca más.

(...)

Unos golpes en mi puerta me despertaron. Me había quedado dormido en mi cama, así vestido como estaba, incluso con las zapatillas puestas, y afuera el cielo ya había oscurecido.
¿Cuando pasaron tantas horas?

Mi hermano, Javier, o Javo como me gustaba llamarlo, abrió la puerta de mi habitación y comenzó a quejarse por el desastre.

Javo: No entiendo cómo podés vivir e medio de esta mugre!
Roberta: Es mi problema Javier, cerrá la puerta y dejame en paz.
Javo: Me hubiera gustado no entrar en tu cueva, hermanito, pero hay una chica afuera, que te busca.
Diego: Si es Paula decile que no tengo ganas de verla, ni a ella, ni a nadie..
Javo: No es Paula. Es una chica, no la conozco.

Me senté en la cama y me pasé las manos por la cara, para quitarme el sueño. ¿Una chica? Roberta no podía ser, porque él dijo no conocerla... ¿entonces quién era?

Salí de la habitación, pasé por el baño para lavarme la cara y luego por fin fui a ver de quién se trataba.

En verdad no lo podía creer cuando ví que la que estaba parada esperándome del otro lado de la puerta era Mia, la amiga de Roberta.

Diego: ¿Qué estás haciendo vos acá?
Mia: Hola, cómo estás? Yo bien, y vos? (rodó los ojos)
Diego: No me vengas con tus jueguitos de palabras.
Mia: Me encantaría no tener que estar acá, pero creo que alguien tiene que darte el golpe que necesitás para acomodar tu cerebro.
Diego: ¿Me vas a golpear? (reí)
Mia: No exactamente...

Continuará...

Don't Forget MeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora