Capitulo 66:

109 12 1
                                        

Narra Roberta:
Mi cabeza comezó a imaginarse historias en ese mismo momento. No pude evitarlo, seamos sinceras, nadie puede contra las imaginaciones.
Me causaba una real molestia porque recordaba perfectamente la "conversación" que había tenido con ella el día que Diego me sacó del camarín del teatro y me llevó a correr una carrera. Recordaba perfectamente como ella le reclamaba las cosas como si fuera la novia. Y luego podía recordar perfectamente cuando lo llamé por teléfono y escuché una voz de mujer de fondo, llamándolo.

La puerta de la habitación se abrió de golpe, interrumpiendo mis pensamientos por completo. Alcé la cabeza y me encontré con Diego, que estaba parado bajo el umbral de la puerta, apoyando una mano en el marco, mirándome con una cara sexy y me guiñó un ojo.

Diego: ¿Lista?
Roberta: Si, ya estoy lista.
Diego: Vamos entonces.

Asentí y me apuré a guardar las fotos, pero entonces, la que tenía en mi mano, es decir la de Paula, se me escapó y terminó cayéndose al piso. Se deslizó hasta quedar bastante cerca de los pies de Diego. Él se agachó y la levantó, a pesar de que yo intenté ir rápido a tomarla.

Diego: ¿Estabas mirando estas fotos?
Roberta: Si, me gustan porque me traen lindos recuerdos. Es no tanto, pero..
Diego: Ella es Paula.
Roberta: Si, la recuerdo.
Diego: ¿La conocés?
Roberta: La ví cuando me llevaste a la carrera.
Diego: Ah si, claro.
Roberta: ¿Y ella qué es ahora?
Diego: Supongo que te referís a qué es ella de mi, no?
Roberta: Y si, no es obvio?
Diego: (asintió) Ella no es nada mio ahora.
Roberta: Pero fue tu novia.
Diego: No volví a tener una novia formal desde que te fuiste. Solo fue.. lo más estable que tuve, lo más parecido a algo estable.

Asentí, mientras inevitablemente hacía una mueca. No me gustaba hablar de ese tema, porque eso significaba pensar en todas las mujeres con las que él había estado en mi ausensia, y eso no solo me daba asco, sino que también me causaba dolor.

Diego: Pero mejor no hablemos de eso y vamos que los chicos me esperan.
Roberta: Una cosa más.
Diego: Dígame..
Roberta: ¿Por qué su foto estaba entre mis fotos? Digo, capaz ella si fue algo importante para vos y solo no me lo querés decir para que yo no sufra o..
Diego: (me interrumpió) No, en serio. Esa foto está ahí porque seguramente se traspapeló, ni siquiera sabía que estaba ahí junto con tus fotos.
Roberta: Ah, bueno.. (murmuré)
Diego: ¿Estás celosa?
Roberta: Y si.
Diego: No estés celosa, en serio ella no es importante.
Roberta: Y no, pero existe y eso me causa molestia.
Diego: (rió) No podemos hacer que deje de existir, Roberta.
Roberta: Ya lo sé.. (rodé los ojos) pero no hablemos más del tema, no quiero pelear y arruinar esto; mejor vamos a disfrutar del día..
Diego: Vamos señorita..

Metí el resto de las fotos en el cajón en el que estaban antes y él dejó la foto de Paula sobre la mesa de noche. Al pasar por al lado, la agarré disimuladamente y me la metí en el bolsillo. Él apagó la luz y salimos de la habitación.

Sus sobrinos, vestidos con ropa de fútbol, nos esperaban en el living.

Martina: ¿Vas a venir a almorzar con nosotros, Roberta?
Roberta: Mmm probablemente no, tengo que volver a mi casa.
Martina: Uy bueno, lástima, yo quería que conozcas a Javo..
Diego: En otro momento va a ser. Ahora vamos, no perdamos más tiempo.
Bastian: Si! (feliz)

Yo fui hacia Valentino y lo tomé de la mano. Él me sonrió y caminamos hacia la puerta. Estaba completamente enamorada de ese chiquitito como no tienen idea. Fue amor a primera vista; porque Bastian también era divino, pero cuando ví a esa criaturita chiquitita, simplemente me derretí.

Fuimos caminando hacia el club en el que ellos iban a jugar fútbol. El barrio en el que vivían no era tan humilde y no daba tanto miedo como ese en el que se jugaban las carreras de motos, era normal, se sentía un ambiente muy familiar. Como si en cada una de las casas la cosa fuera como en la casa de Diego y sus sobrinos. Todo muy cálido.
Y juro que en ese momento se me cruzó por la cabeza dejar mi vida en barrios privados para vivir en este lugar, que me encantó.

También noté que a Diego lo conocían muchas personas, ya que casi toda la gente que cruzamos lo saludó. Y que Diego era un tío genial, porque estuvo todo el camino correteando con sus sobrinos, jugando con ellos y cuidándolos de cualquier peligro.
Yo me quedé un poco más atrás simplemente para observarlo.

Fue entonces cuando a Bastian se le escapó la pelota que tenía en las manos. Miró a Diego como buscando el permiso en sus ojos, y cuando su tío asintió, él salió corriendo detrás de la pelota.
La atrapó justo en la esquina, antes de que se vaya para la calle. Nosotros estábamos bastante lejos, pero pudimos ver que un hombre se paró delante de él, mirándolo con una sonrisa que no se veía para nada amable; era más bien forzada.
Bastian solo alzó su cabeza y se quedó mirándolo, inocentemente.

Cuando Diego se dió cuenta de la situación, salió corriendo desesperado hacia la esquina. Al llegar hasta ellos, agarró a Bastian del brazo y lo puso detrás suyo.
Yo aceleré el paso, llevando a Valentino de la mano.

Diego: ¿Qué hacés acá?
Xxx: ¿Por qué me hablás así?
Diego: Ya te dije que con mis sobrinos no.
Xxx: El chico vino solo hacia mi, yo no lo fui a buscar.
Diego: (miró a Bastian) Andá con Roberta y Valen, por favor.

Bastian vino con nosotros, yo lo agarré con mi otra mano y me acerqué un poco más, mirando al tipo y a Diego un poco confundida. No entendía nada de lo que estaba pasando.
Los chicos tampoco entendían mucho, pero se dieron cuenta de cómo se puso su tío, y creo que por eso notaron también que pasaba algo malo.

Diego: Andate.
Xxx: No me voy a ir nada hasta que me des lo que..
Diego: Shhhh (lo interrumpió) callate la boca..
Xxx: ¿Te da vergueza acaso? Lo hubieras pensado antes de meterte en esto.
Roberta: ¿Qué es lo que está pasando? (me metí)

Diego se giró hacia mi, diciéndome a gritos prácticamente con la mirada que me quedara callada; pero no lo hice, porque no entendía nada, no me gustaba no saber y comenzaba a asustarme. Quería respuestas.

Pero nadie estaba hablando, y mi paciencia comenzó a agotarse.

Roberta: Hice una pregunta.
Xxx: ¿Pero quién es esta preciosura? (miró a Diego) ¿Tu nueva conquista?
Diego: Eso no te interesa a vos. Andate y hablamos en otro momento, cuando estemos a solas.
Xxx: (me miró a mi) ¿Es tu novio?
Roberta: Si, es mi novio. Ahora quiero saber qué pasa acá.

Otra vez Diego me dedicó una mirada asesina; pero eso no me interesó, aparentemente yo era inmune a las miradas asesinas.

Xxx: Va a ser mejor que lo hablen a solas ustedes dos.
Diego: Si, mejor andate.
Xxx: Está bien, me voy a ir, dejá de echarme... (lo miró) pero vos y yo no terminamos aún, así que mejor no te relajes mucho...

Diego apretó la mandíbula, lleno de furia. El tipo me dedicó una sonrisa a mi y a los chicos y se alejó, silvando, tranquilamente.
Yo lo miré mientras se alejaba y luego me giré hacia Diego.

Roberta: ¿Quién era él?
Diego: Alguien no bueno.
Roberta: Wow que específico, entendí básicamente... nada.
Diego: Ahora no Roberta.

Me señaló disimuladamente a los chicos, y yo asentí, entendiendo que no era un tema para que ellos estén escuchando.

Seguimos el camino y llegamos al club de fútbol. Ellos se pusieron a jugar, y yo me quedé mirándolos a un costado. Hasta que Diego se acercó a mi, me tomó de la mano y me obligó a levantarme para llevarme a la cancha con ellos.

Roberta: No chicos, en serio soy muy mala en esto.
Diego: No creo que seas tan inútil como para no poder con un nene de cinco años y otro de tres, no?
Roberta: ¿Vos decís? Nunca subestimes mi inútilidad para los deportes.
Diego: ¿La danza no es un deporte?
Roberta: Si, pero no es lo mismo.
Diego: Dejá de poner excusas, dale..

En ese momento los dos chicos empezaron a repetir y repetir con un cantito "Roberta... Roberta... Roberta..." y yo no tuve más opción que ponerme a jugar.

Me reí mucho, porque el muy maldito de Diego, en lugar de hacérmela fácil en mi primera vez jugando con una pelota de fútbol, se encargaba de ir a quitármelo a propósito, y hacer los famosos "jueguitos" cuando yo intentaba ir a quitársela a él.
La cuestión es que me divertí muchísimo.

Luego de unos minutos, Diego y yo fuimos a sentarnos, y los chicos se quedaron jugando un rato entre ellos.

Yo no quería volver a poner todo tenso el ambiente con el asunto del tipo ese tan extraño, pero no podía quedarme sin saber, me estaba matanda la curiosidad.

Roberta: Ahora que los chicos no están escuchando podés decir qué es lo quería ese tipo tan raro.
Diego: (suspiró) Le debo plata a ese tipo, Roberta; y por eso me está apretando. (fue directo al punto)

En ese momento recordé cuando él me dijo que debía correr porque tenía deudas que pagar para no morirse.
Todo comenzó a tener sentido.

Roberta: Dijiste algo así cuando me llevaste a la carrera de motos.
Diego: Si. Ese día no pude ganar nada, así que no le pagué nada, pero me dió un poco más de tiempo.
Roberta: ¿Vos no trabajás, Diego?
Diego: Si, pero no me alcanza.
Roberta: ¿En qué te metiste para deberle tanto?
Diego: Apuestas, el mundo del juego es una porquería... es un vicio. Pero ya dejé eso; es solo que las deudas me persiguen.
Roberta: Es peligroso para tu familia.
Diego: Ya lo sé, pero hasta que no me paguen en el trabajo o no gane otra carrera no voy a tener nada para entregarles y que se calmen al menos un poco.
Roberta: Yo puedo pagar esa deuda.
Diego: ¿Qué? No, para nada, no voy a dejar que hagas eso.
Roberta: Dejame ayudarte Diegp, a mi no me cuesta nada, y esto es peligroso, no puedo permitir que les pase nada ni a vos ni a esos chicos..
Diego: Pero es que.. no, en serio no puedo aceptarlo.
Roberta: Mirá, para que no te sientas mal, podemos hacer que después me devuelvas la plata, pero de a poco y sin que alguien te esté presionando y amenazando; y sin que tengas que correr esas peligrosas carreras para ganar más plata.
Diego: ¿De verdad me estás hablando?
Roberta: Claro que te estoy hablando de verdad. No es nada para mi, y te quiero ayudar.
Diego: Sos un ángel.
Roberta: No; soy tu novia y te amo, por eso quiero ayudarte. Pero tenés que prometerme que nunca más vas a volver a hacer ese tipo de cosas.
Diego: Que verguenza, soy un desastre, verdad?
Roberta: Prometemelo, Diego.
Diego: (asintió) Te lo prometo.

Continuará...

Don't Forget MeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora