Narra Diego:
Me sentía como un enfermo persiguiéndola así, pero no podía evitarlo. Algo dentro mio se encendió cuando la escuché decir que iba a salir con otra persona; ese algo, eran celos. Unos celos tan enormes que no me dejaban ni siquiera respirar.
Me frustraba sentirme así, me frustraba no ser capaz de dejarla ir, de superarla. La quería tanto, que no podía soportar verla con otra persona.
Y son consciente, sé que estaba terrible, que ella estaba en su derecho de estar con otra persona, enamorarse, hacer su vida... pero era simplemente imposible de controlar.
Los seguí con mi moto lo más disimulamente que pude, intentaba mantenerme a una distancia considerable como para que no sospecharan, pero a la vez, no demasiado lejos para no perderlos de vista.
El auto se detuvo en un restaurante de lujo, de esos que solamente gente como ellos, es decir de plata, podrían pagar.
Me bajé de la moto y me acerqué con cuidado a la puerta, justo después de que ellos entraban.
Me hervía la sangre de solo ver como él la tomaba de la mano, estaba demasiado celoso, los celos directamente no me entraban en el cuerpo.
Entonces, cuando estaba a punto de entrar, mi celular comenzó a sonar.
Dí un pequeño salto por el susto, porque en verdad no me lo esperaba y miré la pantalla.
Era Paula.
¿Por qué a Paula se le ocurría llamarme en ese momento?
Diego: Paula, qué pasa?
Paula: Llamo porque quiero hablar con vos.
Diego: Pensé que había quedado todo bastante claro..
Paula: Sabés perfectamente que no quedó nada claro, Diego.
Diego: Me golpeaste la cara y te fuiste, Paula.
Paula: Y lo hice porque tenía motivos, pero la verdad es que estuve pensando y te quiero demasiado como para dejarte ir.
Diego: Disculpame Paula, pero yo ya no quiero saber más nada.
Paula: ¿Qué? Pero pensé que disfrutabas estando conmigo..
Diego: Si, antes si, pero ahora ya no, disculpame pero no, no te quiero usar y no quiero lastimarte más.
Corté el teléfono, sorprendido de mi mismo. No sé de dónde había salido toda esa sensibilidad; estaba de verdad muy sorprendido.
Sinceramente, Paula ya ni siquiera me interesaba. Todo mi poco interés hacia ella se había desaparecido por completo el día que volví a ver a Roberta y pese a que las cosas estaban muy mal con ella, y que yo estaba enojado y que peleamos y toda la cosa... no podía pensar en otra mujer que no fuera ella.
Yo me había equivocado muchísimo, estuve con otras, la engañé de forma terrible; pero todo lo hice porque sabía que ella estaba haciendo lo mismo desde Europa.
Y ahora, que había vuelto y me había dicho a lo gritos y llorando que no, que no había sido en absoluto, que ella jamás me había engañado, comenzaba a dudar.
En un principio, no le creía una palabra; sentía que estaba mintiéndome en la cara y la notaba tan cambiada, que era incapaz de creerle. Pero cada vez la duda era más grande, o quizás sea mejor decir que cada mi amor por ella era más grande.
Y era un amor/odio que me estaba torturando. La quería, pero a la vez estaba dolido y enojado, y al mismo tiempo no podía vivir sin ella..
Mi cerebro iba a explotar de un momento a otro si no encontraba una solución.
Entré al restaurante intentando no llamar mucho la atención, pero fue bastante difícil, teniendo en cuenta que mi apariencia no encajaba con la de las personas que estaban ahí. Mi ropa no era tan fina, ni mis zapatos tan caros...
Ví a Roberta y el chico sentándose en una de las mesas y me acerqué a ellos lentamente. Ni siquiera sabía qué iba a hacer, solo estaba ahí siguiendo un impulso.
Me senté en una mesa no muy lejos y agarré el menú para cubrirme la cara y que ella no me reconociera a la primera.
Estaba tan linda como siempre, con esa sonrisa de oreja a oreja y sus ojos siempre brillosos.
En el fondo, podía ver todavía a la Roberta de 16 años de la que me enamoré.
Narra Roberta:
El restaurante era simplemente hermoso, y yo estaba feliz de pasar un buen rato junto a un chico simpático, comiendo comida rica y conociéndonos un poco mejor.
Después de Diego, nunca más me había permitido conocer a alguien en profundidad, o por lo menos con intención de ser algo más que simples conocidos.
Con todo el alboroto de mi carrera recién comenzando en Europa, ni siquiera tenía tiempo de salir a conocer gente; aunque vale aclarar que tampoco tenía muchas intenciones de hacerlo porque solo era capaz de pensar en Diego y en lo mucho que lo extrañaba.
Pero ahora, pese a que obviamente todavía lo veía y me sacudía el mundo; quería darme la oportunidad de conocer a Gonzalo e intentar que funcione con él.
Gonza: ¿Te gustó el lugar?
Roberta: Obvio que si, es simplemente hermoso.
Gonza: La verdad es que si, es uno de los más lindos.
Roberta: ¿Venís seguido para acá?
Gonza: No, la verdad es no salgo mucho porque estoy estudiando la mayor parte del tiempo, pero vine una que otra vez.
Roberta: Ah.. (murmuré) Mia me dijo que estudiás mucho...
Gonza: Si, la carrera de medicina no es nada sencilla y lleva mucho, mucho tiempo. ¿Vos tenés tiempo libre con todo eso de ser famosa y demás?
Roberta: (sonreí) En realidad, ahora que volví al país no tengo muchas cosas que hacer, pero de todos modos, con los ensayos y los shows los días se me cortan un poco.
Gonza: ¿Pensás volver a Europa?
Roberta: En realidad no sé qué quiero hacer.
Gonza: Pero tenés un representante...
Roberta: Si, Dixon toma la mayoría de las decisiones por mi, es que pensamos casi igual... pero todavía no hablé con él sobre lo que quiero hacer cuando termine con los shows que tengo que dar acá en el país por contrato.
Pedimos la comida cuando el mozo se acercó a nosotros, y después, nos volvimos a quedar solos.
Gonza: ¿Y en el amor como te va?
Roberta: No tengo tiempo para eso..
Gonza: Ahora no, pero antes de ser conocida, cómo te iba?
Roberta: Estaba enamorada, pero esa historia no terminó muy bien.
Gonza: ¿Es el chico de las fotos?
Roberta: ¿Leíste el diario?
Gonza: Todo el mundo lo leyó en realidad..
Roberta: Si, es ese... digamos que cambió mucho, bueno los dos en realidad, pero él lo hizo para peor.
Gonza: ¿Te lastimó?
Roberta: Un poco, pero quisiera no hablar de eso..
Seguimos hablando de otras cosas, nos trajeron la comida y la bebida y yo la verdad me sentía muy bien y cómoda con él.
La estaba pasando de maravilla, hasta que me dí cuenta que el chico que estaba sentado en una de las mesas no muy lejos de nosotros, tomando solo una botella de agua, era nada más y nada menos que Diego.
Inmediatamente me dí cuenta que él estaba ahí por mi, porque no es por ser cruel ni nada por el estilo, pero este no era precisamente un lugar que él pudiera pagar como si nada.
Casi me atraganto con la comida, pero me ví obligada a disimular, para que Gonzalo no lo notara.
Roberta: ¿Te molesta si voy al baño?
Gonza: No, cómo me va a molestar? Andá tranquila...
Roberta: Gracias.. vengo enseguida..
Me levanté y prácticamente corrí hacia el baño de mujeres.
Estaba por el pasillo cuando sentí que me agarraban del brazo, desde atrás. Sabía perfectamente que se trataba de Diego, es más, había ido hasta ahí a propósito porque sabía que él haría eso.
Diego: Hola..
Roberta: ¿Qué estás haciendo acá? ¿Me seguiste? ¿Por qué me seguiste? ¿Qué te hice yo para que no me dejes en paz?
Diego: ¿Te podés callar un poco?
Roberta: No, la verdad que no, no me puedo callar, porque estoy cansada, cansada estoy! (exclamé)
Estaba llamando un poco la atención de las personas que entraban y salían de los baños, pero no me importó mucho.
Diego: Estoy acá para hacerte una propuesta.
Roberta: ¿De qué hablás?
Diego: Quiero que dejes al payaso ese con el que estás y te vengas conmigo.
Roberta: ¿Vos te volviste loco?
Diego: No te hagas, sé perfectamente que te encantaría. ¿Qué decís? ¿Venís conmigo por ahí o te quedás a seguir haciendo de chica rica?
Continuará...
