Al Otro Día:
Narra Roberta:
El día amaneció terriblemente nublado y lluvioso. Era en verdad deprimente asomarse a la ventana, solo daban ganas de meterse en la cama y dormir durante todo el día, o comer chocolates y mirar películas. Pero no podía hacer eso; debía levantarme y hacer todas las cosas que tenía para hacer ese día.
Me estaba poniendo mi bata cuando escuché el ruido de mi celular. Era un mensaje de buenos días de Diego.
Sonreí y le respondí. Ahora el día parecía menos gris.
Salí de mi habitación, fui al baño, y luego de una larga media hora ahí dentro, salí bañada, cambiada y peinada.
Fui hacia la cocina y recordé que no tenía nada para comer porque acababa de mudarme y no había hecho las compras. ¡Muy bien Roberta, muy bien!
Solo me quedaban dos opciones: o encargaba algo para desayunar o desayunaba en algún bar.
Me quedé con la primera.
Por suerte tenía el número de una cafetería cercana y ellos me trajeron mi café con medialunas rápidamente. Desayuné mirandos mis redes sociales. Me divertía bastante porque siempre me estaban mandando fotos, algunas lindas, otras graciosas, me enviaban mensajes realmente hermosos, también había otros horribles pero esos solo los bloqueaba sin molestarme en terminar de leerlos. Seguía a algunos de mis seguidores, les daba like o les respondía algunos mensajes.
En verdad me tomaba el trabajo de dedicarles unos minutos de mi tiempo, porque realmente se lo merecían.
Una vez que terminé de desayunar, tomé mi bolso con mis cosas y salí del departamento. Abajo me esperaba el auto que le había pedido el día anterior a Dixon. A ese hombre podía pedirle un unicornio y él me lo iba a traer.
No es que lo mandé a comprarme un auto, tampoco exageremos, era mio, me lo había comprando cuando comencé a tener éxito con mi carrera, y por fin había llegado al país, así que ahora podía usarlo y dejar de andar dependiendo de un "chofer" para moverme.
Me subí al volante, y antes de comenzar a manejar, me entró una llamada de Diego.
Roberta: Buenos días, mi amor..
Diego: Buen día hermosa.. ¿cómo estás?
Roberta: Muy bien, ahora mismo estoy saliendo de mi departamento..
Diego: Sabía que te ibas a levantar tamprano..
Roberta: ¿Estabas durmiendo?
Diego: Si, es que mi hermano me dió el día para que vaya a inscribirme para estudiar..
Roberta: ¿Y qué hacés durmiendo entonces? Andá a hacerte cargo de tus responsabilidades.. (reí)
Diego: Si, es que el día está tan espantoso que cuesta el doble.
Roberta: Si, en eso estamos de acuerdo, pero bueno, hay que hacer el esfuerzo.
Diego: ¿Hoy te veo, no?
Roberta: Si, hoy al mediodía.
Diego: Te extraño..
Roberta: (sonreí y me mordí el labio inferior) Yo también te extraño..
Diego: ¿Estás yendo a tu ensayo?
Roberta: No, antes tengo que pasar por la casa de mis padres.
Diego: Vas a hablar con él nomás..
Roberta: Si. Ya hablamos sobre esto anoche.
Diego: Si, ya lo sé. Lo único que te voy a volver a pedir es que no peleen, si?
Roberta: Si, tranquilo, no tenemos por qué pelear. Simplemente él tiene que entender que no se puede meter en mi vida, nada más.
Diego: Está bien.
Roberta: Suerte con tus estudios y nos vemos después, si?
Diego: Gracias, suerte también con tus... no sé, cosas, y si, nos vemos más tarde.
Roberta: (reí) Te amo..
Diego: Te amo más.. (corté)
Guardé el celular en mi bolso y comencé a conducir hacia la casa de mis padres.
No era tan inocente como para creer que mis padres y yo íbamos a hablar sin discutir ni siquiera un poco, pero tenía en verdad esperanzas de que ellos cedieran un poco.
Y es que, ir a amenazar a Diego con sus matones como si fuera un mafioso ya era demasiado.
Cuando llegué, dejé estacionado el auto y caminé hacia la entrada. Me abrió Nora, quien al verme sonrió de oreja a oreja.
Nora: Señorita Roberta! A penas una noche fuera de la casa y ya la estábamos extrañando..
Roberta: ¿Ah, si? ¿Y cómo hicieron durante los últimos cuatro años? (reí)
Nora: Fue muy duro.. (sonrió)
Roberta: Mis papás están?
Nora: Si, están desayunando en la cocina, como siempre.
Roberta: Ah bueno, paso a verlos.
Nora: Si claro..
