Capitulo 69:

45 5 3
                                        

Narra Diego:
Terminé con todo lo que tenía que hacer ese día y comencé a guardar todas las carpetas llenas de hojas en el cajón de mi escritorio. Era un trabajo aburrido, pero era mejor que no hacer nada y solo sentarme a ver pasar el tiempo.

Escuché que se abría la puerta detrás de mi, y al voltearme, mi hermano estaba entrando.

Javier: Me alegra verte tan entusiasmado.
Diego: A vos te alegra verme trabajando.
Javier: Y si, pero porque sé que es bueno para vos.
Diego: Supongo.
Javier: ¿Cuándo vas a entender que yo en serio me arrepentí de todo lo malo que te hice?
Diego: Eso ya lo entendí, no te preocupes, no te guardo rencor.
Javier: ¿Entonces qué te pasa?
Diego: Nada, es que..
Javier: Si algo te pasa no empieces la oración con la palabra "nada".
Diego: No me empieces a corregir, que me quitas las ganas de contarte lo que me pasa.
Javier: (rió) Está bien, está bien...

La historia que una vez le conté a Roberta sobre mi mala relación con mi hermano era cierta, pero como también ya mencioné antes, él me había pedido perdón, y yo realmente no estaba como para hacerme el rencoroso con él. Era lo único que tenía, y además, ahora tenía una familia.

Diego: Estaba pensando y no quiero hacer esto por siempre.
Javier: Obviamente que no, uno en la vida quiere vivir de lo que le gusta hacer, no?
Diego: Y si.. por eso quiero estudiar.
Javier: Me parece una muy buena idea.
Diego: Pero para eso necesito tiempo.
Javier: Ya sé que me vas a pedir permisos especiales para poder entrar y salir de acá, no es necesario ni siquiera que me lo pidas.
Diego: Si bueno, pero no voy a perder el trabajo por eso, no?
Javier: Mirá Diego, te perdoné tantas que no podría no perdonarte una más. (yo sonreí) Además sos mi hermano, y yo me porté muy mal con vos, te debo muchas.
Diego: Igual gracias..

Le dí un pequeño abrazo y después los dos salimos de la oficina. No había nadie más que nosotros dos trabajando en ese momento, porque era domingo y ya se estaba haciendo de noche, pero yo necesitaba recuperar algunas horas que había perdido por andar de rebelde.

Él agarró las llaves de su auto y los dos salimos. Caminamos tranquilamente por la vereda para ir hacia su auto, y entonces, un auto muy lindo, la verdad, se detuvo justo a la par nuestra. Yo lo miré unos segundos y luego intenté seguir mi camino, pero las puertas de este se abrieron y reconocí en seguida a Martin, el padre de Roberta. Pero no estaba solo, lo acompañaban dos tipos enormes.

Javier se dió cuenta que yo me había quedado mirándolos y frunció el ceño.

Javier: ¿Qué pasa?
Diego: Ese tipo me busca a mi.
Javier: ¿Eh? (confundido) ¿Qué hiciste ahora?
Diego: Es el padre de mi novia.

Martin caminó hacia mi, parecía estar muy enojado, porque se detuvo a un distancia mínima, mirándome con desprecio.

Martin: A vos te estaba buscando..
Javier: ¿Y a vos qué te pasa? (intentó meterse en medio)
Diego: No, Javier, dejame a mi, esto es tema mio.. (lo aparté) ¿Qué quiere conmigo, señor Pardo?
Martin: Quiero que dejes en paz a mi hija.
Diego: Yo no la estoy molestando a su hija, ella y yo nos queremos y estamos juntos.
Martin: Mi hija no va a salir con un delincuente, metételo en la cabeza! (me gritó)
Javier: Mirá viejo yo no sé quién sos, pero mi hermano no es ningún delincuente! (también gritó)

En ese momento mi hermano se acercó más a Martin, también tratando de intimidarlo de alguna manera, pero uno de los tipos enormes que lo acompañaban le dió un pequeño empujón, devolviéndolo a su lugar.

Diego: No es necesario que se metan tus matones.
Martin: Mirá, Bustamante, yo no sé en qué estaba pensando cuando te metí en mi casa hace unos años atrás, pero te advierto una cosa (me miró a los ojos) alejate de mi hija porque sino me vas a conocer.
Diego: ¿Qué me puede hacer usted? Me trata de delincuente pero yo no lo soy.
Martin: Vos no tenés idea de lo que yo puedo llegar a hacer por mi hija.
Diego: Si tanto la ama por qué no la deja ser feliz?
Martin: No me des lecciones de vida. Yo te estoy hablando en serio.
Diego: No me da miedo. Y no me voy a alejar de Roberta por nada del mundo.
Martin: ¿Estás seguro de eso?
Diego: Claro que lo estoy.
Martin: Está bien, pero después no digas que yo no te avisé.

Me dedicó una última mirada de desprecio, y luego se subió a su auto, seguido de sus matones, y se fueron a toda velocidad.
Yo miré a mi hermano, que estaba rojo por la furia.

Javier: ¿Por qué dejaste que ese tipo te hable así? ¿Y por qué no me dejaste meterme?
Diego: No te hagas el héroe, Javier, tenía dos matones, nos iban a matar a los dos.
Javier: (suspiró) ¿Qué pensás hacer?
Diego: Nada, qué voy a hacer?
Javier: Ese tipo fue muy claro.
Diego: No me interesa, no voy a dejar que me maneje la vida.
Javier: Mirá Diego, yo sé que no es delito enamorarse, pero esa gente es poderosa, tienen plata, y la plata mueve al mundo, tienen otros códigos, me explico?
Diego: ¿Vos amás a Martina, no?
Javier: Claro que la amo.
Diego: Y no te alejarías de ella por nada del mundo, verdad?
Javier: Si.
Diego: Entonces vas a tener que entenderme. Yo no me voy a alejar de Roberta, no me importa que este tipo me tenga entre ceja y ceja, y no me importan sus amenazas. Ya me alejé de Roberta una vez, y casi la pierdo para siempre.. dos veces no.

Llegamos a nuestra casa, y Javier se puso a hacer la cena, porque ese día Martina le había dicho que no quería ser siempre ella la que se ocupaba de hacer la comida, y mi hermano, como todo hombre enamorado, no pudo decirle que no.

Yo me senté sobre la mesada, a su lado, agarré una manzana, la mordí y saqué mi celular de mi bolsillo.

Javier: Llamala y contáselo.
Diego: Es que no sé.
Javier: ¿Qué es lo que no sabés? El padre te vino a amenazar, y ella tiene que saberlo.
Diego: Conociéndola, sé que no le va a gustar nada y se va a poner como loca.
Javier: Mejor, así lo ubica a ese viejo mafioso.
Diego: (reí) Está bien, se lo voy a contar, pero más tarde. Ahora me voy a poner a cocinar con vos, porque sino todos vamos a morir intoxicados.
Javier: Ay si, como si vos supieras tanto.
Diego: Más que vos seguro. (reí)

Narra Roberta:
Abrí los ojos por el ruido de mi teléfono. Me había quedado dormida en medio de toda la ropa que todavía me quedaba por ordenar.
El sueño no me dejaba recordar donde había dejado mi celular la última vez que lo usé, así que comencé a buscarlo entre la ropa mientras lo escuchaba sonar y sonar.

Cuando por fin lo encontré, ví que se trataba de una llamada de Mia, pero ella ya había cortado. Unos segundos después volvió a llamar, y ahí si la atendí.

Mia: Por fin me atendés!
Roberta: Perdón.. estaba dormida y no podía encontrar el celular. ¿Qué pasó?
Mia: ¿Y todavía me lo preguntas?
Roberta: (rodé los ojos) Ay no, vos también no, Mia..
Mia: Solo te voy a decir que lo que le hiciste a Gonzalo fue horrible.
Roberta: Ya lo sé, pero bueno, no sé, no tengo ningúna explicación para dar, solo lo hice y ya.
Mia: ¿Qué pasó con Diego?
Roberta: (sonreí, al recordarlo) Estamos juntos otra vez.
Mia: Es broma, verdad?
Roberta: No, no es ninguna broma.

Escuché un largo silencio del otro lado, y conociéndola, sé que estaba contando hasta diez internamente para recuperar la calma y no saltar como leche hervida.

Mia: ¿Vos estás segura de lo que estás haciendo?
Roberta: Creí que me ibas a gritar un diccionario de insultos.
Mia: No tengo ganas ni de gastarme, sé que no me vas a escuchar.
Roberta: (reí) Nos vamos entendiendo..
Mia: ¿Me podés responder lo que te pregunté?
Roberta: Ah si.. estoy muy segura de lo que hago.
Mia: Pero..
Roberta: Lo amo, Mia, lo amo con todo mi corazón, y no puedo estar tan equivocada en lo que siento..
Mia: Mirá, yo no tengo nada contra él, es más, sabés perfectamente que siempre apoyé su relación, pero este último tiempo él se estuvo comportando horrible, te hizo sufrir mucho..
Roberta: Yo te entiendo, te juro que como amiga te entiendo, pero vos también entendeme a mi.
Mia: Estás enamorada, te entiendo.
Roberta: ¿Me prometés que no me vas a hablar más mal de Diego?
Mia: Voy a hacer el intento. Pero te adivierto que si se te cae una sola lágrima más por él, voy a asesinarlo.
Roberta: Si, te doy el permiso. (sonreí)

Luego de eso puse la llamada en alta voz y comenzamos a hablar de cualquier cosa, mientras terminaba de ordenar todo el desastre en mi ropa.

Terminé bastante tarde, así que pedí comida por teléfono, y cené sola, mirando una película de Netflix.
Luego me fui a la cama, pero antes de dormirme, me entró una llamada de Diego.

Roberta: Hola señor.. (sonreí)
Diego: Hola señorita... ¿cómo estás?
Roberta: Bien, estaba por dormirme justo ahora. ¿Vos?
Diego: Estaba en lo mismo.
Roberta: ¿Querés pasarme a buscar mañana después de mi ensayo?
Diego: Si, me encantaría. Pero ahora quiero hablar de otra cosa.
Roberta: ¿Por qué ese tono tan serio? ¿Pasó algo?
Diego: Pasó algo, si..
Roberta: Y decime! (exclamé, ansiosa)
Diego: Hoy, cuando volvía a mi casa, se apareció tu papá para pedirme que me aleje de vos.
Roberta: ¿Qué?
Diego: Si, digamos que me amenazó...
Roberta: (suspiré) Voy a matarlo..
Diego: No te estoy contando esto para que te enojes con él, es solo que creo que deberíamos hacer algo para que él deje de entrometerse, no?
Roberta: De él me voy a encargar yo.
Diego: No quiero que peleen, Roberta.
Roberta: Mirá Diego, él se está metiendo en mi vida, quiere elegir por mi, y yo no se lo puedo permitir.
Diego: Decime, qué pensás hacer?
Roberta: Voy a hablar con él mañana por la mañana.
Diego: Voy con vos.
Roberta: No. Voy a ir sola.
Diego: Pero esto tiene que ver con los dos.
Roberta: Dije que voy a ir sola. Nosotros nos vemos después del mediodía, cuando termine el ensayo.
Diego: Pero Roberta..
Roberta: Haceme caso, Diego, yo me encargo de él.
Diego: ¿En serio vas a poder? mirá que estaba muy sacado, parecía un mafioso.. (murmuró)
Roberta: Es mi papá, lo conozco perfectamente. Va a tener que aprender a aceptar que no se puede meter en mi vida porque yo ya crecí. Y ya elegí.
Diego: (por su voz, supe que estaba sonriendo) ¿Y qué elegiste?
Roberta: Elegí amarte a vos, y quedarme con vos.
Diego: Pero mirá qué casualidad! Yo elegí lo mismo...

Continuará...

Don't Forget MeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora