Narra Roberta:
Antes de pedirle prestado un poco de ropa a la cuñada de Diego, debía conocerla, por supuesto. Y eso me hacía sentir un poco nerviosa.
Me levanté de la cama y fui hacia el baño, después preguntar a Diego donde quedaba, obviamente. Me bañé, y me puse una remera larga de Diego que me quedaba casi por las rodillas encima de la ropa interior y luego un par de ojotas que creo que también eran de él.
Después me peiné y salí del baño luciendo increíblemente desarreglada, pero cómoda.
Prácticamente me encerré en la habitación de Diego, mientras él iba al baño y hacía lo mismo que hice yo.
Para pasar un poco el tiempo me puse a ordenar, y cuando ya había terminado de hacer la cama, entró Diego, perfectamente cambiado.
Diego: No hacía falta que hicieras eso.
Roberta: Tenía que pasar el tiempo.
Diego: Te queda bien mi remera, eh.
Roberta: Viste? (dí una vuelta, coquetamente) eso es lo que pasa cuando uno es sexy.. (le guiñé un ojo, bromeando)
Diego: No voy a discutir lo indiscutible.
Se acercó a mi y me tomó de la cintura, pegándome a su cuerpo. Después me dió un beso en los labios que no fue ni muy largo ni muy corto.
Lo notaba feliz. Feliz en serio. De verdad se parecía al Diego que yo conocía antes.
Diego: No puedo creer que te pueda volver a abrazar, que te tenga así de cerca..
Roberta: A mi también me cuesta creerlo.
Diego: Si, pero yo..
Roberta: (lo interrumpí) No quiero que me pidas perdón otra vez.
Diego: Bueno está bien, como vos quieras.. (sonrió)
Nuevamente me dió un beso corto en los labios, y miró hacia la puerta.
Diego: ¿Qué te parece si ya vamos?
Roberta: ¿Ya?
Diego: Y si, ¿o te querés quedar a vivir acá adentro?
Roberta: Ay no.. (reí) es que bueno.. no, no importa, vamos..
Diego: Vas a ver que se van a llevar muy bien, ella es un amor, en serio.
Roberta: ¿Vos decís?
Diego: Si, yo sé lo que te digo...
Me tomó de la mano y salimos de la habitación. Fuimos hacia el living, y de ahí a la cocina. Se podían escuchar voces de chicos y también la voz de una mujer.
Mientras nos acercábamos, yo solo podía pensar en lo mucho que me avergonzaba el hecho de estar a punto de ver a alguien por primera vez con esas pintas. Dios mio. Solo a mi me pasaban esas cosas.
Diego entró primero y yo me asomé detrás, intentando fingir que estaba muy cómoda con la remera/vestido que estaba usando.
Dos nenes chiquitos y muy hermsos para ser sincera, se giraron hacia nosotros. El más chiquitito se paró sobre su silla y saltó a los brazos de Diego que lo atrapó justo, mientras reían.
La mujer, que estaba de espaldas, se volteó y no pudo evitar la cara de sorpresa al verme a mi ahí parada.
Diego: Chicos, les quiero presentar a alguien..
Martina: Veo que trajiste una nueva visita..
Hizo una mueca extraña, y yo me sentí realmente incómodo. Me pregunté a cuántas mujeres había llevado Diego a esa casa como para que ella hiciera ese tipo de comentarios. Pero rápidamente aparté la pregunta de mi cabeza porque eso solo me hacía sentir mal y no quería eso.
Diego: Ella es especial, por eso quiero que la conozcan.
Roberta: Hola.. (dije sonriendo)
Diego: Ella es Roberta, mi... novia (dijo dudoso) Y ellos son mi cuñada Martina, y mis sobrinos Bastian y Valentino, o los demonios insoportables como yo suelo llamarlos.
Martina: Hola Roberta..
Ella se acercó a mi, ahora con una sonrisa más amabla y me dió un beso en la mejilla.
Martina: Me alegra que Diego haya traído por fin una novia oficial a la casa.
Diego: Martina no me estás ayudando.. (murmuró medio riéndose por lo bajo)
Martina: Bueno perdón, no puedo evitarlo.
Roberta: No te preocupes, no pasa nada. (sonreí)
Martina: ¿Por qué no nos la presentaste antes, Diego?
Diego: Porque.. no hubo tiempo.. (murmuró, ahora medio incómodo)
Roberta: Diego y yo nos conecemos hace cuatro años, pero estuvimos separados porque yo tuve que viajar, y ahora que volví nos reencontramos..
Martina: Ah, todo tiene mucho sentido ahora..
Yo asentí, ahora sintiéndome un poco más en confianza y dirigí mi mirada hacia los chiquitos.
Según como Diego me los señaló, el más grande era Bastian y el más chico, Valentino.
Roberta: Hola.. (sonreí)
Bastian: Hola.. ¿vos sos la novia del tío Bruno?
Roberta: ¿Vos no sos muy chiquito para hablar de novias? (sonreí y le acaricié la mejilla)
Bastian: No, yo soy grande.. (sonrió)
Valentino: Hola..
Su vocecita tan dulce, prácticamente de bebé, hizo que me enamore de él a primera vista.
Lo tomé en mis brazos y le dí un beso en la mejilla. Era un bebé prácticamente, debía tener como mucho tres años.
Roberta: Vos sos Valentino, no preciosura?
Valentino: Si..
Roberta: Yo soy Roberta..
Valentino: Hola Roberta..
Miré a Diego sin poder ocultar mi cara de enamorada y él sonrió, mirándonos con ternura.
Martina: ¿Quieren desayunar, chicos?
Diego: Si, queremos.
Roberta: Si, si no es molestia.
Martina: No, para nada.. a ver, Bastian sacá estos juguetes de acá así hacemos espacio para la invitada..
Bastian: Si, mamá.
Diego: Como nunca están haciendo caso, seguro es porque está Roberta.
Martina: Vamos a pedirle que venga más seguido entonces.. (rió)
Yo solo me reí, ahora si me sentía realmente bien.
Diego tenía razón cuando dijo que era una muy buena mujer. Y aunque al principio su comentario me resultó chocante, ya había comenzado a caerme bien.
Bastian sacó los juguetes tal y como su mamá le dijo y yo dejé a Valentino sobre una silla, para después sentarme en otra también. Diego fue a ayudar a Martina a acercar las tazas y las tostadas a la mesa.
Martina le alcanzó una mamadera de leche al más chiquito y una taza de plástico al más grande. Después ella también se sentó y comenzamos a desayunar.
Me gustaba ese ambiente... era tan familiar que te hacían sentir protegida.
Martina: Todavía falta que conozcas a Javo.
Roberta: ¿Quién es Javo?
Diego: Javo en mi hermano, Javier se llama, pero le decimos Javo.
Roberta: Ah.. (murmuré) Si claro, supongo que no hay problema. ¿Dónde está ahora?
Martina: Trabaja.
Bastian: Papá trabaja mucho.
Martina: Si, eso también es cierto.
En ese momento me dí cuenta que sobre la mesa habían algunas revistas. Y un pedazo de tostada se me quedó atorado cuando reconocí mi cara en la tapa de la que estaba primero.
Martina se dió cuenta que yo estaba mirando hacia ahí y miró las revistas también. Su cara se iluminó.
Martina: Pero claro! De ahí te conocía.. sos.. sos Roberta Pardo..
Agarró la revista y señaló mi cara. Ahí estaba toda maquillada y vestida con ropa brillante sobre el escenario, pero era claramente yo y se notaba bastante.
Yo sonreí un poco incómoda y asentí. Por primera vez en mucho tiempo me había sentido como una chica común y corriente, desayunando en familia, y en verdad no quería que eso se termine, pero bueno, digamos que duró poco.
Roberta: Si, soy yo..
Martina: Diego! como no me vas a decir que salís con una cantante famosa!
Diego: Ah es que.. se me pasó..
Roberta: Lo que pasa es que cuando nos conocimos yo no era conocida, supongo que todavía no se acostumbra.
Diego: Si, capaz sea eso.
Martina: Te voy a decir la verdad, yo no soy muy fan que digamos, pero estoy emocionada de tener a una de las figuras del momento desayunando en mi casa (sonrió) desde que te ví te noté una cara como familiar, pero no me imaginé algo así..
Roberta: Yo estaba bastante feliz con que no me reconocieras.. (admití)
Martina: ¿Ah, si? ¿y eso por qué? ¿Qué no te gusta la fama?
Roberta: No es eso, yo amo mi carrera, amo lo que hago, y luché mucho por conseguir todo lo que conseguí; pero en verdad me gusta disfrutar de las cosas simples y sencillas.
Martina: Ah pero por eso no te preocupes, en esta casa te vamos a seguir tratando con normalidad.. (sonrió)
Roberta: Bueno, muchas gracias.
(...)
Martina entró en la habitación de Diego con algo de ropa en sus manos y un par de zapatillas.
Yo estaba sentada sobre la cama, ojeando algunas fotos que saqué del cajón que comencé a revisar la noche anterior. Diego había ido a inflar la pelota de fútbol con sus sobrinos para llevarla a la cancha.
Martina: Espero que esto te sirva..
Roberta: Si, claro, muchas gracias en serio. Te prometo que a penas llegue a mi casa lo lavo todo y te lo devuelvo..
Martina: No te preocupes, no me cuesta nada prestarte algo de ropa.
Roberta: Muchas gracias otra vez.
Martina: Me voy así podés cambiarte tranquila..
Salió y cerró la puerta. Yo comencé a vestirme rápidamente. Era un pantalón de jean que me quedaba bastante ajustado porque era un talle menos del que acostumbraba a usar, pero nada fuera de lo normal. Una camiseta blanca, un buzo rosado y unas zapatillas blancas. Después fui hacia el espejo y me recogí el pelo en una cola alta. Ese día había decidido que no usaría maquillaje, así que eso no le pedí prestado.
Cuando terminé, y como Diego no volvía más, seguí ojeando fotos.
Y todo estaba bien hasta que encontré una en especial. En ella, él estaba junto a una chica de pelo castaño y ojos verdes. Ella era muy bonita, y aunque él no se veía feliz o sonriendo, se notaba que mal no la estaba pasando.
¿Quién era ella?
En ese mismo momento recordé a la tal "Paula".
¿Qué hacía una foto suya entre las mías?
Continuará...
